Formación Profesional

La Formación Profesional, la solución para cubrir la falta de técnicos en el sector de la elevación

El transporte vertical —ascensores, escaleras mecánicas, rampas y sillas elevadoras— arrastra un déficit estructural de mano de obra cualificada

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Alicia Bonilla
  • Alicia Bonilla
  • Periodista especializada en Economía. Graduada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

España es uno de los países con más ascensores por habitante de Europa —24 por cada 1.000 personas, con cerca de 1.200.000 unidades instaladas—, según la Federación Empresarial Española de Ascensores (FEEDA). Detrás de esa cifra récord se esconde un problema silencioso que el sector lleva años advirtiendo: no hay suficientes técnicos para instalar, modernizar y mantener ese enorme parque inmobiliario. Debido a ello, las empresas de elevación acumulan vacantes que no logran cubrir en un oficio donde prácticamente no existe paro.

La paradoja es llamativa en un país donde, según la última Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de paro se situó en el 10,83% en el primer trimestre de 2026 y, entre los menores de 25 años, alcanzó el 24,5%. Mientras tanto, la industria de la elevación ofrece justo lo contrario: estabilidad, especialización y una empleabilidad casi total. La pregunta es: ¿por qué cuesta tanto encontrar candidatos? Y la respuesta, en la que coinciden las empresas del sector, pasa en buena medida por la Formación Profesional.

Un oficio con un perfil cada vez más tecnológico

El transporte vertical —ascensores, escaleras mecánicas, rampas y sillas elevadoras— arrastra un déficit estructural de mano de obra cualificada que el repunte de actividad de los últimos años, impulsado por la nueva normativa de seguridad, ha agravado más. El resultado: plantillas cada vez más veteranas donde el relevo generacional no se está terminando de producir.

A ese problema se suma una transformación del propio oficio. «El cambio ha sido muy profundo. Antes, el perfil técnico estaba vinculado a lo mecánico o lo eléctrico; hoy esa base sigue siendo imprescindible, pero el entorno ha evolucionado por completo», explica José Luis Las Heras, director de Recursos Humanos de TK Elevator para la región sur de Europa y África. El técnico de hoy trabaja con sistemas conectados, mantenimiento predictivo, digitalización y análisis de datos, un perfil híbrido —técnico y tecnológico a la vez— que se ha convertido, en sus palabras, en «un actor esencial en la movilidad de las ciudades».

Ese cambio de perfil ya lo viven los más jóvenes. Karol e Iván, dos estudiantes de Grado Superior de Mecatrónica Industrial que han hecho prácticas en TK Elevator, lo describen como un trabajo dinámico en el que se aprende a diario. «Cada día surgen situaciones diferentes, lo que te motiva a seguir aprendiendo y desarrollarte constantemente», cuenta Karol. Para Iván, el día a día junto a un técnico le ha hecho «ver lo bueno que es el oficio». Ambos coinciden en recomendarlo: se trata, en resumen, de un sector «con mucha demanda y buenas perspectivas».

La FP, la principal puerta de entrada al sector

En ese contexto, la Formación Profesional se ha consolidado como la vía más directa hacia el empleo en elevación. «Lejos de ser una opción secundaria, como ocurría hace años, la FP es hoy sinónimo de especialización, empleabilidad y conexión directa con las necesidades reales del mercado», sostiene el propio José Luis Las Heras, que la describe como una de las vías «más sólidas, dinámicas y eficaces para construir empleo de calidad».

El reto, advierte, es de percepción. «Creemos que es el momento de cambiar la mirada, de acabar con la brecha que existe entre la oferta formativa y los objetivos de familias y estudiantes. Tenemos que ayudar a desestigmatizar la Formación Profesional», reclama. No es un mensaje menor en un país donde el paro juvenil sigue disparado mientras quedan sin cubrir miles de empleos técnicos: la FP, defiende, «favorece una inserción laboral temprana, lo que la convierte en una herramienta poderosa para reducir el desempleo juvenil».

Los datos del propio sector lo respaldan. La Federación Empresarial Española de Ascensores (FEEDA) contabiliza hasta once titulaciones de Formación Profesional que habilitan para ejercer como conservador de ascensores. Y en empresas como TK Elevator, que actualmente forma a 234 alumnos en prácticas en más de un centenar de centros educativos de toda España, casi ocho de cada diez proceden precisamente de ciclos de FP de grado medio o superior.

Atraer a los jóvenes y a más mujeres

Para que el talento no se agote, el sector trabaja en dos frentes. El primero, hacer visible un oficio que sigue siendo un gran desconocido. TK Elevator mantiene más de medio centenar de convenios con centros educativos, invierte más de 80.000 horas anuales en formación —un 40% en formato digital— a través de su red global SEED Campus y ha lanzado campañas como «La esencia de lo que somos» para mostrar el impacto real del trabajo de sus técnicos en el día a día.

El segundo frente es la diversidad. El de la elevación sigue siendo un sector con clara presencia masculina, un desequilibrio que arranca ya en la etapa educativa donde las alumnas son todavía minoría en los ciclos industriales. «Es tan importante contar con referentes que ayuden a que más mujeres jóvenes se planteen estas profesiones como una opción real de futuro», defienden desde la compañía.

El diagnóstico lo comparten todas las empresas del sector: hay trabajo, hay estabilidad y hay futuro. Lo que falta son manos cualificadas para sostener uno de los parques de ascensores más densos del mundo, del que depende cada día la movilidad de millones de personas en edificios residenciales, hospitales, centros educativos, etc. Y esas manos tienen hoy un origen claro: la Formación Profesional.

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