¿Realmente existen los activos libres de riesgo?
Este tema ha generado históricamente fuertes controversias entre los inversores, ya que muchos de ellos consideran que ningún activo está libre de riesgos en su totalidad y que la mejor manera de reducir el riesgo es la diversificación.
En el mundo financiero se denominan como activos libres de riesgo a aquellos productos financieros que tienen determinadas características: prometen una rentabilidad cierta ya que la probabilidad de incumplimiento de pago es sumamente baja; su emisor está prácticamente libres de riesgo de insolvencia; y su riesgo (medido por su varianza y desviación típica) es cercano a cero.
Los activos libres de riesgo fluctúan de forma diferente a la de otros activos financieros, por lo que se les considera un título interesante para diversificar el riesgo. Estos activos son uno de los componentes de los principales modelos de valoración de activos, como la APT (Teoría de Valoración por Arbitraje) y la CAPM (Modelo de Valoración de Activos Financieros).
Como todos sabemos, una de las claves en el mundo de la inversión cuando vamos a construir una cartera es la estrecha relación existente entre la rentabilidad y el riesgo. Por este motivo, los activos libres de riesgos son uno de los productos más adecuados para poder diversificar la inversión y reducir el riesgo de las carteras.
El ejemplo por excelencia de un activo libre de riesgo es la deuda pública de un país solvente. No obstante, la reciente crisis financiera ha supuesto un varapalo para este tipo de activos y, hoy en día, ha quedado muy reducido el número de países que pueden llamar a su deuda activo libre de riesgo. En la actualidad, la mayoría de inversores europeos están usando como activo libre de riesgo el bono alemán, lo que ha provocado que este tenga rentabilidades negativas. Así, en el entorno económico en el que hemos venido viviendo se paga por prestar dinero, algo hasta ahora nunca visto.
Es muy importante saber distinguir entre los activos libres de riesgo y los denominados “activos refugio”, ya que estos suelen presentar volatilidades bajas pero nunca nulas. Además, pueden incluso llegar a ser anticíclicos con respecto a la coyuntura económica. Uno de los ejemplos más claros sería el del oro, que aumenta su valor cuando baja la economía y baja cuando esta crece.
Como escribíamos al principio de este artículo, desde Feelcapital recomendamos diversificar entre distintos tipos de activos ya que se ha demostrado que es la mejor manera de reducir los riesgos en las inversiones.
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