Cumbre de la UE: los líderes debaten una propuesta que recorta un 22% las ayudas a fondo perdido
El Consejo Europeo trabaja en la tarde de este lunes en busca de un acuerdo en el que los países frugales, liderados por el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, tendrán mucho que decir. A pesar de que la propuesta inicial de la Comisión Europea era que el fondo fuera de 750.000 millones de euros, con 500.000 millones a fondo perdido, finalmente la hoja de ruta que están debatiendo los líderes europeos ascendería también a 750.000 millones, pero las subvenciones directas se reducirían hasta los 390.000.
Es decir, que si este plan sale adelante habría un 22% menos de ayudas directas que las previstas inicialmente por las autoridades comunitarias, tras la presión de los países más ortodoxos, con Holanda a la cabeza.
El nuevo borrador que ha enviado el presidente del Consejo europeo, Charles Michel, a los Veintisiete es el «fruto» de mucho «trabajo colectivo con todos los líderes y sus delegaciones», ha asegurado el ex primer ministro belga antes de remitir el documento a los países miembro. «Sé que los últimos pasos son siempre los más difíciles, pero incluso con las dificultades y aunque sea importante seguir trabajando, creo y confío en que es posible» lograr un acuerdo, ha afirmado.
«Sabemos que esta negociación es extremadamente difícil y que el reto de las negociaciones es que estemos unidos para tratar que Europa esté a la altura del desafío al que nos enfrentamos», añadió.
Michel, recogiendo las distintas sensibilidades, ha intentado contentar a los dos bandos de la siguiente manera: manteniendo el monto total del fondo pero reduciendo sensiblemente el dinero en ayudas directas, menos de los 500.000 millones planteados inicialmente por la Comisión Europea y de los 400.000 de los que no querían bajar Ángela Merkel y Emmanuel Macron, líderes de Alemania y Francia, respectivamente.
Lo que parece claro es que habrá una condicionalidad para los principales países perceptores (Italia y España), lo que implica que a cambio de los préstamos y de las ayudas directas los países tendrán que cumplir la hoja de ruta que le marquen desde la Comisión Europea. Para empezar, el Gobierno de Pedro Sánchez tendría que reorientar los incentivos a la contratación y orillar -al menos durante un tiempo- su idea de derogar la reforma laboral. Sánchez también tendrá que volver, a medio plazo, a un horizonte de austeridad y control del déficit y de la deuda pública.
Los mercados están expectantes con lo que ocurra en la cumbre, muy relevante en este momento de gran debilidad para el futuro de Europa como consecuencia de la crisis del coronavirus. Esta es la razón por la que el presidente del Consejo, la canciller alemana Angela Merkel y otros líderes se han empecinado en desbloquear un acuerdo que era muy complicado, sobre todo por las presiones de Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Austria, países del Norte de Europa con una característica común: tienen una economía más saludable que la de España, Italia, Portugal o Grecia (los famosos PIGS de la anterior crisis) y niveles de deuda relativamente bajos (que oscilan entre el 35% y el 70% del PIB).
Como líder de los países más ortodoxos se ha erigido Mark Rutte, el primer ministro holandés, que se enfrentará en 2021 a una reválida electoral. Esto le ha llevado a ser muy beligerante con la falta de austeridad y el descontrol presupuestario en los países del sur, un argumento que respalda el 70% de la población de su país. Las elecciones en los Países Bajos serán el 17 de marzo y, aunque el fondo está cada vez más cerca de salir adelante, Rutt podría conseguir que, a cambio de su aval al acuerdo -el pacto debe ser unánime-, los países frugales obtengan un «cheque de descuento» en su aportación al presupuesto europeo.
Una de las opciones que han estado sobre la mesa es que los países se comprometan a devolver los préstamos que reciban a partir del 2024 y la retención de un 30% del efectivo del Fondo de Recuperación para su asignación en 2023. Una medida que permitiría ajustar la asignación de recursos a cada país de una forma más adecuada, pero que también forzaría un mayor compromiso con el cumplimiento de las reformas por parte de los principales beneficiarios. Aquí es donde entrarían los controles a las políticas de Pedro Sánchez y sus socios.
La principal pugna entre los dos bloques que hay ahora mismo en la Unión Europea es la siguiente: Alemania y Francia quieren que las subvenciones directas superen ampliamente los préstamos, algo que también apoyan España o Italia, mientras que los frugales quieren que el reparto sea al 50%.
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