Colorín, colorado, esta Liga se ha acabado. Salvo que el Barça haga el tonto, claro. El Real Madrid perdió en Mallorca un partido en el que nunca estuvo metido. Rotó Arbeloa y su equipo lo notó. Le faltó fútbol e intensidad sin Thiago y le faltó mordiente sin Vinicius. Morlanes adelantó al Mallorca antes del descanso, Militao igualó en el 87 y Muriqi logró el definitivo 2-1 en la prolongación. Leo Román sacó tres ocasiones claras a Mbappé pero el Madrid de Arbeloa, que ha perdido frente a Osasuna, Getafe y Mallorca, ha entregado la Liga ante los equipos pequeños.
Arbeloa compuso una alineación de autor. Sin el sancionado Fede Valverde aún se atrevió a dejar en el banquillo a Bellingham y a Thiago Pitarch. También recetó descanso a Vinicius, que había vuelto tocado del parón de selecciones. Y colocó al pequeño Manuel Ángel, alias Mami, en la banda derecha. También dio la camiseta de titular a Camavinga, que ya apesta a suplente, y recuperó para el once titular a Álvaro Carreras, castigado en los partidos precedentes.
Entre bajas y rotaciones el Real Madrid saltó al césped de Son Moix con una alineación formada por Lunin; Trent, Rüdiger, Huijsen, Carreras; Manuel Ángel, Tchouaméni, Camavinga, Güler, Brahim y Mbappé. Una alineación con muchos jugadores de pequeño tamaño y gran toque. Enfrente el Mallorca, en una situación límite para evitar esa zona de la tabla en la que todo arde.
El partido nació con un punto de nervio que el Real Madrid trató de clamar. Muriqi buscaba el lado débil de Huijsen y Rüdiger debía afanarse en su ayuda. En el otro área Mbappé volaba libre, pero volaba. Dominaban los de Arbeloa pero el partido era feo como el futuro judicial de Begoña Gómez. Cocinaba las jugadas el Madrid pero el Mallorca iba directo al área a buscar a Muriqi de cualquier manera.
El Madrid sólo es Mbappé
Y así se nos pasó el primer cuarto de hora, sin que Leo Román hubiera desprecintado sus guantes. El Real Madrid era un poco despiporre táctico. Quizá todo venía provocado porque Camavinga es más desordenado que un adolescente. No había desborde por fuera y todo el peligro recaía en los pies de Mbappé. Hubo que esperar hasta el 21 para que Arda Güler conectar con el propio Mbappé, que se plantó ante Leo Román pero su tiro le sacó un pie milagroso para evitar el 0-1.
El poco fútbol que tenía el Real Madrid pasaba por los pies de Arda Güler, que filtraba pases al espacio como quien sale a caminar al parque. De nuevo Mbappé apareció en el 24 para aprovechar un buen pase de Camavinga y plantarse solito ante Leo Román, que sacó una mano milagrosa. Era el segundo aviso de Mbappé y del Real Madrid. A los blancos les faltaba fútbol y también puntería.
En el 33 también volvió Leo Román a agigantarse para sacar un tiro a bocajarro de Güler tras un pase medido de Trent. Al Mallorca le estaba salvando su estupendo portero. A la vuelta el Mallorca avisó con otra acción del bullicioso Muriqi, que se las tenía tiesas con Rüdiger, su rechace cayó en la cabeza de Morlanes, que no se la esperaba y la echó arriba. Son Moix celebraba la primera ocasión de su equipo.
Sopapo del Mallorca
El partido ya era del Real Madrid y el gol del equipo de Arbeloa sólo parecía cuestión de tiempo. Pero el que llegó fue el tanto del Mallorca. La jugada por la banda izquierda cogió mal parado a todo el Madrid. Nadie apretó a Maffeo, ni Güler ni Carreras, así que la puso al área sin problema. Por allí apareció Morlanes, al que Camavinga (un despiste hecho futbolista) había dejado abandonado, y batió a Lunin que se había destapado antes de tiempo. Pues nada. 1-0 y Lunin de portero.
El Real Madrid abrochaba el primer tiempo con un tremendo sopapo del Mallorca que le llevaba al descanso por detrás en el marcador, con la Liga medio perdida y con jugadores como Bellingham, Thiago Pitarch y Vinicius escarbando para entrar en la segunda mitad. El equipo necesitaba a Pitarch por Camavinga y a Vinicius por Manuel Ángel. Los blancos habían hecho mérito para encarrilar el partido antes del entreacto pero la realidad decía que lo iban perdiendo. Y con el partido se iba la Liga.
Igual que el día de Osasuna y del Getafe, que iba el Madrid perdiendo al descanso, Arbeloa no hizo cambios en el intermedio. No les quiero recordar como acabaron aquellos partidos. En dos minutos ya había visto Huijsen una amarilla merecida por embestir a Luvumbo en una acción fuera de sitio. Hubo que esperar hasta el 53 para que el Real Madrid compareciera en la segunda mitad en una nueva conexión con Güler. Otra vez su disparo cruzado se marchó un poco desviado a la izquierda de Leo Román, que volvió a agrandarse en el subsiguiente mano a mano con el portero del Mallorca.
Arbeloa se hartó de esperar y llamó a filas a Vinicius, Bellingham y Militao. Basta ya de bromas. Se fueron Manuel Ángel, Camavinga (un zombicampista) y Huijsen. Por fin Mbappé encontraba socios en los que apoyarse. Vinicius, que se llevó la pitada al unísono de toda la grada, salió dispuesto a agitar el partido. Y enfrente Maffeo. ¿Qué podía salir mal? El Real Madrid cercó el área del Mallorca.
Vinicius agita el partido
Aún le quedaban a los de Arbeloa más de 30 minutos por delante para intentar voltear un partido que le había salido de nalgas. Los jugadores del Mallorca se turnaban para sacudir a Vinicius. Demichelis también hizo tres cambios de golpe en el 70 porque su equipo se estaba desinflando. También Arbeloa metió a Thiago Pitarch por Arda Güler, que no suele terminar ningún partido con el Real Madrid. Y en el 76 metió a Mastantuono por Brahim ya para quemar las naves. Gonzalo, claro está, es invisible para el entrenador madridista.
Al Madrid le faltaba fútbol y también empuje para lograr una remontada que se antoja imposible. La tuvo Militao en el 78 pero su cabezazo se fue arriba. Fue más bien un espejismo porque el equipo de Arbeloa estaba naufragando sin fútbol ni carácter. Resistía el Mallorca a base de interrumpir el juego como si fuera el Getafe de Bordalás.
Pero el Madrid nunca se rinde y en el 87 encontró, cuando nadie se lo esperaba, el gol del empate. Lo hizo Militao a la salida de un córner que botó con su guante Trent y cabeceó el brasileño con precisión a la escuadra casi desde el punto de penalti. Los de Arbeloa lo celebraron y tocaron a rebato porque aún quedaban unos minutos para intentar la remontada por la vía de la heroica.
No hubo tal. Al contrario. El Mallorca aprovechó en el 91 otro desajuste defensivo del Real Madrid para que Muriqi hiciera el 2-1. Espantosos Trent, que no peleó un balón dividido, y Carreras, que llegó tarde a la marca del delantero bermellón. El tanto, ya sobre la bocina, daba aire a los baleares y enterraba las opciones del Madrid de lograr una remontada imposible. Con ese gol, protestado por Militao, se acabó el partido y, posiblemente, la Liga.