París-Roubaix 2026

Van Aert renace en la París-Roubaix para dejar sin gloria a Pogacar

Wout van Aert gana la París-Roubaix al superar al sprint a Tadej Pogacar, impidiéndole completar los cinco monumentos

En una carrera plagada de averías, atacó, resistió al campeón del mundo en Carrefour de l'Arbre y se impuso en el velódromo

Pogacar sigue imparable y suma su tercer Tour de Flandes

Pogacar, Van Aert, París-Roubaix
Wout van Aert celebra la victoria en la París-Roubaix, ante Tadej Pogacar. (EFE)
Hugo Carrasco

Wout van Aert ha vuelto a lo grande. En el día reservado para el ascenso de Tadej Pogacar al Olimpo del ciclismo, el belga irrumpió en la fiesta para llevarse la París-Roubaix al sprint en el velódromo de la ciudad francesa. Se convertía en el diablo de un Infierno del Norte que se le sigue resistiendo al mejor ciclista del mundo, volviéndose a quedar un año más a las puertas de la gloria. En este caso, el triunfo va para un Van Aert que necesitaba un golpe sobre la mesa, después de la forma en la que se le habían escapado las últimas carreras. Nadie contaba con él y pero pasó a ser el principal protagonista, tras un ataque en el que sólo Pogacar le siguió. Aguantó en el adoquinado de Carrefour de l’Arbre y se impuso en el sprint final.

La jornada estaba marcada en rojo en el calendario de Pogacar y de todo el ciclismo mundial. Era el día D para la bestia de este deporte. Después de ganar las siete últimas carreras en las que ha competido, llevándose las tres en las que ha participado en este 2026, el esloveno llegaba al único Monumento que le faltaba, tras conseguir la Milán-San Remo: la París-Roubaix. El Infierno del Norte, marcado por sus insufribles tramos de pavé, era lo único que le faltaba, con permiso también de una Vuelta a España.

Se le resistió el año pasado tras caerse a 38 kilómetros de meta, en un error totalmente impropio de él. Este año, Mathieu van der Poel aparecía, lógicamente, como el principal rival del campeón del mundo, puesto que ha sido el único que ha conseguido batirle en estas clásicas y había ganado las últimas tres ediciones de la Roubaix. Pero aparecía también un buen número de clasicómanos dispuestos a dar guerra, como Van Aert o Pedersen.

Y la carrera se le puso muy cuesta arriba a 120 kilómetros de meta. En el ecuador de una prueba de 258 kilómetros, a Pogacar se le complicaba por un pinchazo. Es muy complicado salir indemne de una carrera tan complicada como esta París-Roubaix y el esloveno volvió a sufrir las consecuencias. Le costó al equipo recomponerse, hasta que aparecieron Politt, Bjerg y Morgado al remolque de su líder para enganchar de nuevo con el grupo principal casi 20 kilómetros después.

Entonces, llegaron los problemas para Van der Poel. En Trouée d’Arenberg, atacó Van Aert y el neerlandés sufrió un pinchazo que le llevó a cambiar de bicicleta, después de rueda y, por último, de bici otra vez. El belga del Visma estaba con ganas de confirmar su renacer, después de unos años en el ostracismo y en los que la mala suerte se ha cebado con él, sobre todo en los momentos finales de las carreras, escapándosele cuando tenía todo a favor.

En esta París-Roubaix nadie contaba con él. Los focos iban hacia un Pogacar al que parecía imposible que se le escapara. Era su día, pero la fiesta acabó teñida de amarillo Visma. Los dos se fueron en solitario, dejando por detrás al compañero de Wout, Laporte, que fue clave en la victoria consiguiendo frenar un grupo al que llegó Van der Poel y que estaba formado por Pedersen, Stuyven, Van Dijke y Bissegger.

Van Aert agua la fiesta de Pogacar

Con más de 50 kilómetros por delante, se iban los dos y la batalla esperaba su desenlace en el temido Carrefour de l’Arbre. El tramo de pavé más complejo de la carrera, a 15 de meta, era el momento señalado en rojo. Y allí Pogacar entró endemoniado. El esloveno iba con todo con el objetivo de dejar atrás a Van Aert y llegar, como casi siempre, en solitario. Pero estuvo a punto de irse al suelo en la cuarta curva, consiguió estabilizar la bici y el belga, que había cedido unos metros mínimos, casi se cae también al intentar esquivarle.

Redujeron el ritmo con el fin de terminar la carrera y, de cara al sprint final, Van Aert ganaba enteros, puesto que es más rápido que Pogacar. Como reconocería después el esloveno, no las fuerzas le flojearon en esos últimos metros, donde no pudo reaccionar con soltura al cambio de ritmo de un Van Aert que por fin consigue romper con dos años de travesía por el desierto. Tras su triunfo en la Milán-San Remo de 2020, es su segundo triunfo en un Monumento. Una victoria de lo más especial y dedicada al cielo, a su amigo Michael Goolaerts, que murió hace ocho años tras sufrir una caída en el asfalto de esta misma carrera.

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