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Concede su primera entrevista

Los polémicos mensajes de Joana Sanz: inocencia de Dani Alves, intimidad en la cárcel…

Joana Sanz, mujer de Dani Alves, concede su primera entrevista

Sus palabras generan polémica: inocencia, intimidad en prisión...

Asegura que tiene mucho miedo y que necesita ayuda psicológica

Intenta abstraerse junto a sus más cercanos

Joana Sanz ha roto su silencio. La mujer de Dani Alves ha querido conceder su primera entrevista desde que el brasileño está en la cárcel a la espera de juicio acusado de una presunta violación a una joven en una discoteca de Barcelona. La modelo necesitaba expresar su situación, sus sentimientos y lo mal que lo está pasando durante estos meses, aunque algunas de sus palabras han generado cierta polémica.

«Sí, claro que creo que Dani es inocente. Hasta donde yo sé, todavía no ha habido un juicio. No podemos condenarlo antes de que eso ocurra. En principio yo no daba crédito a nada. Me quedé en shock. Y todo me parecía gravísimo. Él entró en prisión sin haber pruebas. No nos olvidemos de que fue a declarar voluntariamente. Que no tuvo ninguna notificación para ir a hacerlo, nadie se lo pidió. Y de allí directamente lo llevaron a prisión. Creo en su inocencia y espero no equivocarme. Conociéndolo, puedo decir que Dani no es una mala persona. Que ha metido la pata con nuestro matrimonio, hasta el fondo, sí. Pero creo que él nunca hubiera hecho eso siendo consciente de que podía perderlo todo. Es demasiado grave», dice Joana Sanz.

Le sigue apoyando

La maniquí insiste en su apoyo a Alves pese a su infidelidad: «Él ahora está encerrado entre cuatro paredes de cemento. Aún no ha tenido un juicio, aún no ha sido condenado. Y eso mentalmente tiene que ser tremendo. Voy a verlo porque él estuvo siempre que yo lo necesité. Es cierto que, cuando yo más lo necesitaba, él me hizo esto, pero antes también hemos compartido nuestra vida, y él también ha estado a mi lado en otros momentos muy duros. En total creo que he ido unas cuatro veces desde que entró en prisión», añade en Vanitatis.

Además, especifica cómo son esas visitas: «Es muy complicado. Lo veo a través de un cristal y hablamos a través de un teléfono. No estamos solos. Son cabinas transparentes en las que, a los lados, tienes más personas que, si hablas un poco alto, te escuchan. Por eso me resulta tan violento y por eso aún no hemos podido hablar de las cosas serias que nos afectan. Aún no he podido ni insultarlo. Hablo con él todos los días por teléfono. Porque es la única manera que tengo de saber que está vivo.