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Final Four Euroliga 2018: CSKA 83 - Real Madrid 92

Partidazo y a por la Décima contra Fenerbahce

  • Francisco Rabadán
  • Redactor jefe de deportes. He tenido la oportunidad de cubrir dos Juegos Olímpicos, varios Mundiales de distintas disciplinas y algún que otro All-Star de la NBA con los Gasol. De Córdoba y sin acento.

El Real Madrid vuelve a una final de Euroliga por la puerta grande. Los blancos superaron al CSKA de Moscú en un duelo de poder a poder con los dos mejores ataques de Europa. Los rusos dieron primero con un primer cuarto espectacular de 30 puntos, pero el Madrid supo recomponerse en la segunda mitad con una actuación coral sobresaliente, con Llull decidiendo en los momento cadentes.

Los moscovitas no fueron tan temibles como se pensaba gracias a la gran defensa colectiva que realizó el Real Madrid sobre un Sergio Rodríguez que se quedó en 5 puntos y 6 asistencias, por los 16 que firmaron tanto Llull como un Luka Doncic que dejó una buena imagen ante las principales autoridades de los Phoenix Suns, candidatos a hacerse con sus servicios en el próximo Draft del NBA.

El partido comenzó con los rusos marcando territorio. Cory Higgins anotó 10 de los 13 primeros puntos del CSKA exhibiéndose ante todo un especialista defensivo como Jeff Taylor. El Madrid sufría para encontrar la fluidez en la cancha. Doncic hacía daño anotando, pero no conseguía enchufar a sus compañeros con la salvedad de un Ayón que, una y otra vez, encontraba las cosquillas a Othello Hunter, otrora su competencia en la pintura blanca.

A Laso no le quedó más remedio que sacar a su quinteto más físico para intentar detener la sangría rusa. De Colo, sin embargo, no había hecho todavía acto de presencia y su aparición fue más que determinante ante unos blancos con evidentes lagunas defensivas a la hora de seguir los cortes. Para más inri, Clyburn anotaba un triple sobre la bocina para cerrar el primer cuarto con un 30-20.

El Madrid tenía que hacer algo o de lo contrario sería arrasado. Laso, viéndose contra las cuerdas, arriesgó con su quinteto más ofensivo, pero al mismo tiempo, el más pobre al otro lado de la cancha. La respuesta de los nuevos fue un parcial alucinante de 0-8 en dos minutos. El CSKA pidió tiempo muerto. Pero la cosa no iba a terminar así, el Madrid siguió y siguió hasta alcanzar la cifra de 17 puntos en menos de 120 segundos y consiguiendo ponerse por delante por primera vez en el coche con el 32-34.

El CSKA se rearmó desde la defensa impidiendo las transiciones rápidas del Madrid, pero siendo incapaces de detener a un excelso triplista como Jaycee Carroll, autor de tres prácticamente consecutivos. Los rusos, una vez localizado el peligro, crecieron antes del descanso de nuevo al amparo de un De Colo al que se le caían los puntos cuando más quemaba el balón. El 46-47 en el intermedio dejaba claro que el coche se decantaría por detalles minúsculos.

El Madrid cambió de marcha

Y el CSKA se afanó en que ese detalle fuese la defensa. Los rusos empantanaron el partido, lo ensuciaron con su físico y en el fango apareció la figura fundamental de Felipe Reyes para acabar con el conato de escapada rusa con el 51-47 para pasar al 51-60 en cinco minutos donde el Madrid fue un martillo con el partido en una situación tan complicada.

Los blancos tuvieron la oportunidad de irse más allá de la decena de ventaja, pero ni Ayón ni Tavares estuvieron a la altura desde la línea de personal fallando oportunidades importantes para que el Madrid se marchase. Los rusos, viendo esta permisividad, empezaron a confiar en que todavía estaban vivos llegándose a acercar a tres puntos en el inicio del último cuarto.

Pero el Madrid es un equipo que castiga en lo psicológico a los rivales y lo demostró con un nuevo parcial de 0-9 con un triple de Llull y otro de Thompkins para poner el primer clavo en el ataúd de un CSKA cuyas opciones dependían de una debacle madridista o de que los árbitros, encabezados por el polémico Lamonica, hiciesen una de las suyas.

Los árbitros no descentran a los blancos

A cinco minutos del final los colegiados aparecieron para expulsar a Tavares con una rigurosa falta y en los tiros libres conceder dos puntos tras considerar que los blancos encajaron una autocanasta. El Madrid entraba en la zona complicada con los nervios a flor de piel.

Pero si el balón achicharra en las manos, los blancos tienen a alguien inmune a ese mal: Sergio Llull. El base, que se ha tirado toda la temporada sin poder jugar por una lesión de rodilla, apareció cuando los grandes deben anotando un triple y luego regalando la asistencia a Ayón que restableció la ventaja en la decena de puntos.

El Madrid llegó a los dos últimos minutos con esa renta y tiró de su experiencia en las grandes citas, de aquellos nefastos recuerdos ante Olympiakos o Maccabi, para contemporizar y alcanzar una nueva final de Euroliga. El domingo toca la revancha contra el Fenerbahce después de lo que pasó el año pasado en Estambul. Los blancos no pueden tener más ganas a los chicos de Obradovic.