Messi se pone en modo funcionario
Eficaz y sin alma. Igual que un funcionario que mira con desdén la cola de gente que tiene delante suya y dice: «Siguiente». Así jugó Leo Messi ante el Villarreal en el que fue el primer partido de su particular last dance con el Barcelona. Marcó de penalti y se coló en la fiesta de Ansu Fati.
Todos los ojos miraban a Leo Messi. Y así será hasta que termine la temporada de su last dance con el Barcelona. Ya saben, el 8-2, el desamor, el burofax, la rajada, el «se queda» (por imperativo legal), la segunda rajada… Después de tantas palabras, habladas y escritas, a Messi le tocaba decir algo con la pelota, ese lenguaje con el que traza versos de Pablo Neruda.
Leo arrancó el partido caminando, igual que en sus últimas cinco temporadas con el Barcelona. Aquel Messi que presionaba como si tuviera urticaria se fue del Barça con Guardiola. Ya ha llovido. Desde entonces camina o se para y, cuando recibe la pelota y le apetece, acelera, dribla, rompe caderas y campa a sus anchas, vamos.
Trece minutos tardó Leo en asomarse al área de Asenjo. Fue en un centro de Griezmann desde la izquierda al que Messi no llegó por poco en boca de gol. Cuando el Barcelona no tenía la pelota el argentino se quedaba de palomero en campo de Villarreal y debaja el trabajo sucio para Griezmann, Ansu Fati y todos sus compañeros.
Luego Ansu Fati cogió de golpe el foco del partido con un doblete en cinco minutos. Al más puro estilo Messi podría decirse. Leo le felicitaba y sonreía. Nunca ha sido el argentino el primero de la conga, pero su sonrisa se dibujaba un pelín forzada, como si fuera para la foto.
The Walking Messi
Messi languidecía por el campo y sólo le apetecía tirar paredes con su amigo Jordi Alba. Pasada la media hora Ansu Fati, protagonista indiscutible del partido, provocó un penalti en el que exageró la caída como si le hubieran disparado desde el anfiteatro. Leo ejecutó el penalti con la misma frialdad con la que celebró el tanto, el primero de su última temporada en el Barcelona.
Sí le hizo más gracia a Messi el cuarto de su equipo, en un centro suyo para Busquets que introdujo en su propia portería Pau Torres. Leo se reía por lo bajinis mientras se iba camino del vestuario de los primeros de su equipo. Concluyó el intermedio y Messi volvió a pasearse por el césped. Con el partido resuelto tenía la excusa perfecta.
Pero casi sin querer Messi tuvo un par de ocasiones clarísimas en 20 minutos para haberse ido del Camp Nou con su enésimo hat-trick, pero tuvo el punto de mira desviado. En realidad, Leo estaba para que Koeman le cambiara, pero pasaban los minutos y, a pesar del 4-0 y el partido controladísimo, el holandés no se atrevía.
Pasaron los minutos y Messi iba bostezando y repasando mentalmente la lista de la compra, por entretenerse más que nada. Su actitud de funcionario aburrido se acentuó en los minutos de la basura y, lo mismo que sus compañeros, Leo tachó el primer partido del calendario del Barcelona. Para él, el primero de su última temporada de azulgrana.
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