Julián Álvarez silencia el Camp Nou
Un golazo de falta redobló el castigo azulgrana tras la expulsión de Cubarsí
Sorloth puso la guinda tras jugar el Atlético más de medio partido con un futbolista más
Lee la crónica del partido
Superada la hora de partido, Simeone se desgañitaba en la banda pidiendo calma a todo el que iba vestido de rojiblanco. Primero a Koke, después a Musso y de manera más vigorosa a Baena, que tiende a desconexiones transitorias que colman el vaso de agua. Que se lo digan a Cubarsí, para cuando quiso darse cuenta, Giuliano ya había ganado la posición y el derribo derivó en expulsión. No sin la revisión del VAR, ya saben que la incertidumbre arbitral es compañera de viaje en la trilogía del Atlético y Barcelona. Si la Liga es la competición de la regularidad, la Champions es la de los detalles. Una expulsión, una falta marcada…
Simeone pedía calma porque le convenía no facilitar la igualdad numérica. Por momentos, los muchachos de Flick buscaron equilibrar la balanza a través de la exageración de según qué caídas y la vehemencia en sus protestas. El Atlético tuvo cabeza fría y piernas calientes para seguir galopando acorde con su plan. Había salido con personalidad, sin hacerse pequeño en un ambiente inflamable y con asociaciones constantes para recuperar oxígeno y sacudirse de los avisos de Rashford.
Julián Álvarez, al que le llegan cantos de sirena de Barcelona, sacó su bandera y la plantó en el Camp Nou. Y no digan que no avisó. Pues solo su centrada definición le impidió culminar una jugada en la que se movió como un funambulista por la línea de fondo. A la segunda no perdona y el castigo para el Barcelona fue al cuadrado cuando el argentino materializó la falta que le costó la expulsión a Cubarsí. Joan García y Courtois ya pueden debatir sobre el proceder del argentino cuando tiene una falta delante. Empezó entonces otro partido, uno el que la inercia vestía de rojiblanco y la frustración de azulgrana.
Sorloth agudizó el diagnóstico al culminar un gran centro de Ruggeri y fue entonces cuando el Atlético se relajó. Mal hizo, pues este Barcelona actúa en oleadas y rozó el gol en todas. Emergió Musso, portero sólido donde los haya, y los Lamine, Rashford, Ferran Torres y compañía se fueron haciendo pequeños. Acabó la afición del Atlético entre olés en su competición maldita. Nadie ha estado tan cerca tantas veces y no ha tocado metal como ellos.
Nadie desea más ese título que ellos. Para cualquier rojiblanco, conquistar la Champions significaría quedar en paz con el fútbol y supurar tantas heridas. Y entre todos existe una persona, Simeone, que está convencido de que puede ganar la Champions. «Si Dios quiere, jugaremos cinco partidos más de Champions», le dijo a Griezmann. Si uno saca el ábaco y echa cuentas, se traduce como disputar la final de Budapest el próximo 30 de mayo. Ganar la Champions y tirarla al Manzanares.
Las notas del Atlético
- Musso: 8
- Nahuel Molina: 7
- Le Normand: 7
- Hancko: 7
- Ruggeri: 8
- Koke: 6
- Llorente: 7
- Giuliano Simeone: 8
- Lookman: 7
- Griezmann: 7
- Julián Álvarez: 9
- Pubill: 7
- Sorloth: 6
- Baena: 6
- Almada: 5
- Nico: 5
- Cholo Simeone: 8
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