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Liga: Atlético 1-0 Getafe

El Atlético rinde al Getafe por orden de Nahuel Molina

Los rojiblancos se llevan un partido competido tras el golazo de Nahuel Molina

Los de Bordalás se quedaron con uno menos por la expulsión de Abqar

El Atlético se distancia del Villarreal en la pelea por la tercera plaza de Liga

«¿Por qué hay tanta gente en el césped con sombrero?», le pregunta Raúl, un pequeño hincha rojiblanco, a su padre. «Es una boina», le corrige. La respuesta plena se encuentra en esa N gigante y roja que ocupa el centro del campo. Una letra con banda sonora propia y sinónimo de sofá y manta. El Metropolitano fue Birmingham y el terreno de juego la Garrison Tavern sobre la que se reunieron los Peaky Blinders rojiblancos tras el acuerdo entre Atlético y Netflix para promocionar la película. Simeone dio descanso a sus Thomas Shelby y los menos habituales sellaron por la mínima el triunfo colchonero (1-0) por orden de Nahuel Molina.

El fútbol engloba muchos intangibles y uno de ellos, solo uno de ellos, es el deporte. De pasar el balón, regatear y marcar hubo muy poco en el Metropolitano. El Getafe, guiado por el libreto de Bordalás, convirtió su visita al Atlético de Simeone en una tortuosa guerra de guerrillas. Cada duelo individual era una pelea de la que salía perdedor el que metiera el pie con menos convicción. De interrupciones, pérdidas de tiempo, quejas, recados en forma de patadas, hombres azulones al suelo… De eso, el encuentro fue sobrado.

Aunque el fútbol, volviendo a las primeras líneas, es un cúmulo de intangibles. También miedo, emoción, nervios e interpretación. El último, tal vez de los más importantes, fue en el que los rojiblancos aprobaron con nota. Hace tiempo que la Liga se ha convertido en el centro de exámenes de Simeone. Por la distancia con la cabeza y porque el pulso en Copa y Champions tiene más latido. Cada jornada se presenta como un duelo de entreguerras. Este no era menos, instalado entre la primera y segunda batalla continental ante el Tottenham.

Por eso, el Cholo hizo rotaciones, vaya si las hizo. Hasta diez, solo Pubill se mantenía respecto al último once titular. Por ahí pretendían hacer daño los azulones, este sábado ataviados de amarillo. Claro que, ni ellos ni nadie contaba con que Nahuel Molina destapara su tarro de las esencias ofensivas. Apenas se habían repartido un par de patadas cuando el argentino cogió un balón suelto en tres cuartos de campo y fusiló a Soria desde su casa. La distancia del golpeo no debe ejercer como crítica para el meta. Era un obús.

Se podría decir que ahí prácticamente inició y ahí prácticamente acabó el partido. Los muchachos de Bordalás son unos currantes. Convierten el barro en petróleo como nadie, pero la creatividad no está entre sus puntos fuertes. Aún así, pese al hormigón armado que plantaron, sacaron alguna ocasión de peligro. Pero sus esperanzas acabaron cuando Abqar le pellizcó los genitales a Sorloth —quien pasó de puntillas por el partido— y fue expulsado. Ahí nació un río de ocasiones rojibancas tan caudaloso como ineficaz.

El partido se afeó. Se llenó de broncas e interrupciones, como una tarde cualquiera para los Peaky Blinders. Duarte expresó su frustración con una tijera a destiempo y Vargas le dejó los tacos en el tobillo a Milla. Seguía la guerra de guerrillas. Precisamente a Milla fue al que Musso le negó el gol. Soria hizo lo propio con Griezmann y todo quedó en nada tras el gol de Nahuel Molina. Un gol de esos de llevarse las manos a la cabeza. Disparo desde su casa. Y el Atlético, que el próximo miércoles visita al Tottenham, ya conoce el camino. A Londres se va por Birmingham por orden de Nahuel Molina.