El significado del proverbio árabe «la felicidad requiere algo que hacer, algo que amar y algo que esperar»
Un proverbio que deja una importante enseñanza sobre la vida cotidiana
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Cuando se trata de definir la felicidad, parece que cada uno la entiende a su manera. Y es que lo que para una persona supone una vida tranquila puede resultar insuficiente para otra, y ni siquiera conseguir aquello que llevamos años deseando garantiza que vayamos a sentirnos mejor. Una cuestión que ha preocupado durante siglos a filósofos y pensadores, aunque algunas de las respuestas más conocidas proceden de la sabiduría popular.
Es el caso de la frase «La felicidad requiere algo que hacer, algo que amar y algo que esperar», cuya procedencia exacta no está acreditada y que suele aparecer recogida como un proverbio árabe. Su mensaje apenas necesita unas pocas palabras para abordar una cuestión que nos acompaña durante toda la vida. No habla de riqueza, éxito profesional ni de alcanzar una situación perfecta, sino de tres cosas bastante más cercanas. Tener una ocupación que nos interese, contar con personas o actividades por las que sintamos cariño y conservar alguna ilusión son, según este dicho, ingredientes que merece la pena cuidar.
El significado del proverbio árabe «la felicidad requiere algo que hacer, algo que amar y algo que esperar»
El significado de esta expresión tiene mucho que ver con la manera en que organizamos nuestros días. Una persona puede pasar semanas dedicada exclusivamente a cumplir obligaciones y descubrir que apenas encuentra tiempo para hacer algo que realmente le apetezca. También puede ocurrir lo contrario: disponer de muchas horas libres y no saber qué hacer con ellas. En ambos casos, la sensación de insatisfacción puede aparecer aunque las circunstancias sean completamente diferentes.
El proverbio tampoco asegura que quien reúna sus tres condiciones vaya a estar contento constantemente. Los disgustos, las preocupaciones y las pérdidas forman parte de la vida, y ninguna frase puede evitarlo. Lo que plantea es que resulta más fácil encontrar momentos satisfactorios cuando tenemos intereses propios, mantenemos relaciones personales y encontramos razones para pensar en el futuro.
Tener algo que hacer no significa vivir trabajando
La primera recomendación puede interpretarse de manera equivocada si se relaciona únicamente con el empleo. Trabajar permite obtener ingresos y, en determinadas circunstancias, proporciona satisfacción personal, pero no es la única forma de sentirse útil. Basta pensar en quienes, después de jubilarse, descubren nuevas aficiones o recuperan actividades que habían abandonado por falta de tiempo. Y también hay personas que más allá de su trabajo, se dedican a ocupaciones que no se traducen en un beneficio económico sino que lo que se busca es disfrutar del tiempo y terminar el día con la sensación de haber hecho algo agradable.
Por supuesto, tampoco conviene convertir el descanso en otra obligación. No necesitamos estar permanentemente ocupados ni buscar una utilidad a cada hora libre. El sentido de esta parte del proverbio está más relacionado con encontrar intereses que nos hagan disfrutar que con acumular tareas.
Por qué el amor ocupa un lugar tan importante
La segunda parte habla de tener algo que amar, una expresión que abarca mucho más que las relaciones sentimentales. El cariño hacia los hijos, los padres, los hermanos o los amigos puede proporcionar grandes alegrías, aunque también implique responsabilidades y preocupaciones. Querer a alguien supone interesarse por su bienestar, compartir experiencias y encontrar momentos para mantener el contacto. Con el paso de los años, además, las relaciones cambian. Los amigos pueden vivir lejos, los hijos abandonan la casa familiar y las obligaciones dificultan quedar con la misma frecuencia que antes. Por eso, mantener los vínculos requiere cierto esfuerzo. Una conversación telefónica o una comida compartida pueden parecer gestos corrientes, pero ayudan a conservar relaciones que llevan años formando parte de nuestra vida.
También existen otras formas de afecto. Para algunas personas, cuidar de un animal es una fuente importante de compañía, mientras que otras encuentran una satisfacción especial dedicando tiempo a una afición. El proverbio no establece a quién debemos querer, sino que recuerda la importancia de contar con algo que despierte nuestro interés y cariño.
Tener algo que esperar también forma parte de la felicidad
La tercera enseñanza se refiere a esos planes que tenemos y esperamos con gnas. Puede ser un viaje pendiente, la celebración de un cumpleaños o la visita de alguien a quien llevamos tiempo sin ver. No siempre necesitamos acontecimientos extraordinarios para ilusionarnos, y muchas veces son precisamente las pequeñas expectativas las que hacen más llevaderas las semanas. Esperar también puede significar trabajar para conseguir algo.
En definitia, este proverbio árabe reúne tres aspectos que no tienen por qué aparecer al mismo tiempo ni con la misma intensidad. A lo largo de los años cambian nuestras ocupaciones, las relaciones personales y los planes que nos ilusionan. Quizá esa sea una de las razones por las que el proverbio continúa utilizándose ya que habla de situaciones reconocibles, sin exigir una vida perfecta para encontrar motivos de satisfacción.
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