La reflexión de Arturo Pérez-Reverte sobre la vejez: «A medida que te haces mayor tienes menos certezas y más incertidumbres»
Una reflexión sobre los temores de la vejez ante una sociedad que parece apartar a quienes tienen más edad
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Arturo Pérez-Reverte escritor y reportero cuenta con grandes obras literarias, pero además a través de redes sociales y también por entrevistas, suele dejar muchas reflexiones y frases que al final se acaban haciendo virales. Una de ellas la dio en una entrevista con el diario mexicano Milenio, donde habló sin rodeos de cómo cambia la forma de ver el mundo con los años. A sus 74 años, el escritor reconoció algo que rompe bastante con la idea habitual: no tiene más certezas que antes, sino menos. «A medida que te haces mayor tienes menos certezas y más incertidumbres» dijo.
No es una frase lanzada al aire. En su caso tiene bastante que ver con la experiencia acumulada y con haber visto muchas realidades distintas a lo largo del tiempo. Frente a esa imagen de la vejez como una etapa de seguridad o de ideas claras, él plantea justo lo contrario. Cuanto más observa, más difícil le resulta simplificar lo que ocurre. Y eso, según explica, no le incomoda.
En el fondo, lo que plantea no es solo una cuestión personal. También tiene que ver con cómo se está moviendo la sociedad ahora mismo. La necesidad de opinar de todo, de posicionarse rápido, de tener respuestas inmediatas. Frente a eso, Reverte introduce una idea más incómoda, que es la de aceptar que no todo está claro y que muchas veces las cosas son más complejas de lo que parecen.
La reflexión de Arturo Pérez-Reverte sobre la vejez
La frase es sencilla, pero tiene más fondo del que parece. Pérez-Reverte viene a decir que la edad no aclara tanto como se suele pensar. Más bien al revés. Con el tiempo, lo que antes parecía evidente deja de serlo ya que comienzan a surgir dudas, matices, contradicciones como de hecho surgen a medida que se va madurando, de modo que podemos pensar que en realidad, la vejez no trae tanta sabiduría como se podría pensar en un principio.
En sus palabras el autor no plantea una teoría. Habla en primera persona y desde lo vivido, como reportero primero y como escritor después, ha pasado por contextos muy distintos, y eso se nota en su forma de plantearlo. La realidad, insiste, no funciona en blanco o negro. Hay zonas grises. Muchas más de las que uno quiere admitir cuando es más joven y aceptar eso implica renunciar a cierta comodidad. Tenerlo todo claro es más fácil, pero también, en su opinión, más limitado. Por eso insiste en que esa incertidumbre no es un problema, sino parte del proceso.
La presión actual por tener una opinión clara
Más allá de su caso personal, el escritor apunta a algo que se ve cada vez más y es la obligación que parece que tenemos ahora de posicionarnos en todo. Da igual el tema. Parece que hay que tener una respuesta rápida y firme. Ahí es donde entra su crítica ya que cuando todo se reduce a estar a favor o en contra, el espacio para el matiz desaparece. Y con él, también la posibilidad de cambiar de idea y para Pérez-Reverte, ese es el riesgo: convertir la opinión en algo rígido.
Y él lo lleva un paso más allá y advierte de que las certezas absolutas pueden acabar derivando en posiciones más extremas. Cuando uno cree que tiene toda la razón, deja de escuchar. Y eso, dice, es el terreno perfecto para el fanatismo. Frente a eso, propone algo más incómodo: aceptar que uno puede equivocarse.
El valor de la experiencia y el papel de los mayores
En paralelo, hay otra idea que suele repetir y que conecta con todo esto: el lugar de los mayores en la sociedad actual. Según él, ese papel ha cambiado, y no precisamente a mejor. Antes, la experiencia se transmitía de forma más directa y había un contacto más claro entre generaciones, pero ahora eso se ha diluido. Y no es sólo una cuestión simbólica sino que tiene también consecuencias reales.
Para el escritor, se está perdiendo un tipo de conocimiento que no se puede sustituir fácilmente. La experiencia no se aprende en internet ni en un libro. Se acumula con el tiempo y si no se escucha, se pierde. Por eso insiste en que hay que aprovechar ese conocimiento antes de que desaparezca.
Al final, todo vuelve a la misma idea. Envejecer no es tenerlo todo resuelto sino que es, en muchos casos, asumir que no lo está. Y que probablemente no lo estará nunca del todo. Pérez-Reverte no plantea eso como algo negativo sino más bien al contrario. Cree que es una forma más honesta de situarse ante la realidad. Sin certezas absolutas, pero con más conciencia de lo que no se sabe. Y en un momento donde todo tiende a simplificarse, su postura va en otra dirección con menos respuestas rápidas y más dudas. Puede resultar incómodo, pero también bastante más realista.