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Aristóteles

La reflexión de Aristóteles sobre la ira que te cambia la vida: «Enfadarse con la persona…»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La ira es una emoción que acompaña al ser humano desde siempre, y hace más de 2.000 años, Aristóteles, el célebre filósofo griego, hizo una reflexión sobre ella que continúa vigente a día de hoy: «Enfadarse con la persona correcta, en el momento justo y por el motivo adecuado no es tarea fácil».  Para Aristóteles, la clave no consiste en suprimir la ira, sino en aprender a gestionarla.

Su obra más influyente, «Ética a Nicómaco», plantea que las emociones forman parte de la vida moral y que, cuando se canalizan adecuadamente, pueden ser compatibles con la virtud. «Sentir… apetencia, ira, miedo, atrevimiento, envidia, alegría, amor, odio… si las sentimos demasiado vivas o demasiado muertas, es una disposición mala; si las sentimos en una debida proporción, es una disposición que se tiene por buena».

La reflexión de Aristóteles acerca de la ira

La famosa reflexión de Aristóteles sintetiza su pensamiento sobre la ira. No se trata de reprimir la emoción ni de dejarse arrastrar por ella sin control; la virtud consiste en encontrar un equilibrio entre el exceso y el defecto, lo que él denomina «mesotés», o término medio.

En la práctica, esto significa que quien nunca se enfada ante una injusticia puede caer en la indiferencia, mientras que quien se irrita constantemente pierde la prudencia y la autoridad moral. La persona virtuosa, según Aristóteles, es capaz de identificar cuándo existe un motivo real para enfadarse, dirigir su ira hacia quien corresponde y expresarla de manera proporcionada y en el momento adecuado.

«Cuando tenemos las pasiones de temor, osadía, apetencia, ira, compasión… ninguno de los extremos está bien; pero si tenemos estas pasiones cuando es debido, por las cosas y hacia las personas debidas, por el motivo y de la manera que se debe, entonces hay un término medio excelente; y en ello radica, precisamente, la virtud».

La importancia del hábito es otro elemento central en la enseñanza aristotélica. Para dominar la ira, es necesario practicar constantemente, educando la sensibilidad y entrenando la capacidad de reacción. Aristóteles sostenía que la excelencia es un hábito cultivado con constancia.

«La mesura consiste en hallar el punto medio de la cólera: ni la ausencia total de enojo ante lo injusto ni la cólera desmedida son correctas; la excelencia consiste en sentir y expresar la ira justamente».

La reflexión de Aristóteles sobre la ira también tiene implicaciones para la vida social y política. En su obra, el filósofo argumenta que las emociones bien dirigidas son fundamentales para la convivencia y la toma de decisiones responsables. En este sentido, el control de la ira es un componente esencial de la ética pública y la justicia social.

«El hombre virtuoso es aquel que siente las pasiones correctas, en los momentos correctos, con las personas correctas, por la razón correcta y de la manera correcta; y en esto consiste la excelencia moral, pues el exceso y el defecto son igualmente reprochables».

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