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Los psicólogos coinciden: la pregunta con 6 palabras que todos los padres deben hacerle a sus hijos cuando tienen un problema

La crianza de los hijos no es algo sencillo. De hecho, suele decirse que los niños no nacen con manual de instrucciones y así es. Ser padre, o madre, es algo que se aprende día a día y enfrentando momentos tanto felices como los más complicados. Pero al margen de hacer frente a lo que sucede del mejor modo que sepamos, a veces podemos usar herramientas a partir de lo que explican los expertos en psicología. Y cuando se trata de resolver problemas, hay una pregunta de sólo seis palabras que todo padre debería tener presente con sus hijos.

Lo normal es querer ayudar a nuestros hijos cuando tienen problemas y sobre todo, encontrar una solución cuanto antes para que no sufran o no lo pasen mal. Sin embargo, no siempre es necesario adelantarnos y decirle lo que tiene que hacer. Hay situaciones cotidianas que también pueden servir para que aprenda a pensar por sí mismo y se plantee cómo actuar antes de recurrir a sus padres. En este sentido, los expertos aconsejan hacer una pregunta muy sencilla: «¿Qué vas a hacer al respecto?».

La pregunta de seis palabras que los padres deberían hacer a sus hijos

Preguntarle a un hijo «¿Qué vas a hacer al respecto?» puede sonar algo demasiado simple, o como que le dejamos solo ante el problema, pero los psicólogos explican que con simple pregunta lo que se busca es que sean ellos quienes piensen primero qué hacer ante una situación que les preocupa. Los padres pueden tener muy clara la respuesta, pero eso no significa que tengan que darla nada más conocer el problema.

Esta pregunta es en realidad, una forma de favorecer la autonomía de los niños ante determinadas dificultades. La idea es darles tiempo para pensar en una respuesta y comprobar si son capaces de encontrar una salida por sí mismos. Y eso no implica que los padres dejen de ayudar. Siguen estando ahí y pueden intervenir, sobre todo cuando el niño no sabe cómo continuar o la situación lo requiere.

Pensemos, por ejemplo, en una pelea con un compañero de clase. Decirle al niño lo que debe hacer al día siguiente es probablemente lo más fácil, pero antes podemos preguntarle cómo cree que podría solucionar lo ocurrido. Puede que quiera hablar con su amigo, pedirle perdón o simplemente esperar a estar más tranquilo. Lo importante en este caso no es tanto que acierte a la primera, sino darle la oportunidad de pensar qué puede hacer antes de decidir por él.

Por qué no debemos resolver siempre sus problemas

Como padres es normal querer evitar que nuestros hijos lo pasen mal. El problema es que existen muchas situaciones cotidianas que, aunque para ellos puedan resultar complicadas, no requieren necesariamente que un adulto intervenga desde el primer momento. Una discusión con un amigo, un juguete que se ha roto o una tarea que no saben cómo empezar pueden servir también para que aprendan a buscar una salida.

De hecho, una revisión publicada en Frontiers in Psychology analiza la relación entre las prácticas parentales y la autonomía de los niños y señala la importancia que tiene el modo en el que los padres intervienen en este proceso. Un control excesivo puede reducir las oportunidades que tienen los menores para actuar por iniciativa propia, algo que no significa que deban crecer sin normas o sin la supervisión de sus padres. La clave está precisamente en saber cuándo intervenir ya que, si el niño se enfrenta a una situación que supone algún riesgo, o a un problema que por su edad no puede manejar, son los adultos quienes deben actuar. Pero hay otros muchos momentos del día a día en los que podemos esperar un poco y comprobar primero qué solución propone.

La forma de hacer la pregunta también importa

No basta con decir «¿Qué vas a hacer al respecto?» y esperar que todo cambie. El tono con el que se plantea es importante, ya que dicha pregunta puede sonar a interés, pero también a reproche si se formula con enfado o impaciencia. Por este motivo, antes de hacerla conviene escuchar lo que el niño tiene que contar. Podemos reconocer que está enfadado, triste o frustrado y, a partir de ahí, preguntarle qué cree que puede hacer. Si responde que no lo sabe, tampoco debemos esperar que encuentre una solución de inmediato. Podemos ayudarle con otras preguntas, como «¿qué opciones crees que tienes?» o «¿quieres que pensemos juntos qué puedes hacer?».

También habrá que tener en cuenta la edad. Un niño pequeño necesitará mucha más ayuda para encontrar alternativas, mientras que uno mayor probablemente sea capaz de analizar mejor lo sucedido y plantear qué hacer a continuación, es decir que les podemos acompañar y ayudar pero sin la necesidad de hacerlo todo por ellos. Dependerá de sus habilidades y sobre todo del tipo de problemas porque algunos de ellos, por no decir la mayoría, se resuelven haciendo esa pregunta y dejando que el niño saque sus propias conclusiones.