La psicología sugiere que las personas que compran décimos de la Lotería de Navidad en su lugar de vacaciones no lo hacen por superstición: es como comprar un ‘souvenir’ de su viaje

El verano trae la misma escena en playas, pueblos de montaña y ciudades turísticas de toda España: colas frente a las administraciones de lotería en pleno mes de agosto. Recordemos que la venta de la Lotería de Navidad arranca a finales de junio y, aunque el sorteo no se celebra hasta el 22 de diciembre, muchos aprovechan sus días libres para llevarse un décimo.
Uno podría creer que esto va por el lado de la superstición: la idea de que un número comprado lejos de casa trae más suerte o de que ciertos destinos reparten premios con más frecuencia. Sin embargo, la psicología y el propio sector de las loterías ofrecen otra lectura, menos ligada al azar y más relacionada con lo que se vive durante esos días fuera de la rutina.
¿Por qué hay personas que compran la Lotería de Navidad en vacaciones?
Para muchos turistas, el décimo funciona como un recuerdo más del viaje, al mismo nivel que un imán para la nevera o una postal. En una sola palabra, es un souvenir.
Así lo explica el sector de las administraciones de lotería, que describe esta compra como una forma de llevarse a casa un rincón del mar o un trozo de la ciudad visitada. Dicho esto, el valor del papel no está en la probabilidad de premio, sino en la conexión emocional con el lugar.
La diferencia con cualquier otro souvenir es que este tiene fecha de caducidad y un final abierto. Durante meses, el décimo permanece guardado en un cajón o en la cartera y, cada vez que se mira, devuelve a su dueño a la playa, al paseo marítimo o a la terraza donde lo compró. Llegado diciembre, el sorteo reactiva esa memoria del verano, con la ilusión añadida de que toque.
A eso se suma un componente social. Muchos compradores adquieren varios décimos para repartirlos entre familiares, amigos o compañeros de trabajo, de modo que el número se convierte en un regalo que traslada el viaje a quienes no estuvieron allí.
Otros repiten cada año en la misma administración del mismo pueblo, un pequeño ritual veraniego parecido a la visita obligada a un restaurante de siempre.
¿Cuál es el abordaje que realiza la psicología sobre los recuerdos de viaje?
La investigación en turismo respalda esta idea. Un estudio publicado en 2025 en la revista Tourism Management, firmado por Yan Liu, Yuanyuan Chen, Xavier Font, Yaou Zhang y Jiajing Hu, analizó el papel de los objetos que se compran en un destino. Sus autores concluyeron que los recuerdos ligados al lugar prolongan el bienestar del viaje una vez de vuelta en casa.
Según el trabajo, estos objetos condensan tres tipos de conexión: con el lugar, con las personas que acompañaron al viajero y con el pasado.
Entre tanto, el efecto positivo se explica, en parte, por la sensación de arraigo y por el valor sentimental que adquieren, y se intensifica cuando la persona asocia el recuerdo a una experiencia con significado. Un décimo comprado en el pueblo de veraneo encaja en esa descripción.
Las cifras de algunos destinos muestran el alcance del fenómeno. En Sanxenxo (Pontevedra), según recoge el Diario de Arousa, una administración vende entre 400 y 500 décimos diarios en pleno agosto, y los loteros calculan que alrededor del 95% de los compradores son visitantes.
Y en la costa mediterránea, localidades como Benidorm, La Manga o Fuengirola concentran buena parte de esas ventas anticipadas.
Una obviedad que es necesaria de abordar: la superstición también influye en la Lotería de Navidad
Eso no significa que la suerte quede fuera de la ecuación. Los psicólogos hablan de pensamiento mágico para referirse a la creencia de que un gesto, un lugar o una costumbre pueden influir en el resultado del azar. Por eso hay quien compra siempre en el mismo sitio, guarda papeletas que en su día dieron premio o elige un número porque tiene algo especial.
José Manuel Zaldúa, psicólogo y socio fundador de la red de centros de adicciones Esvidas, recuerda en un comunicado que esta ilusión tiene una base química: «Cada vez que pensamos que podríamos ganar, el cerebro libera dopamina, el neurotransmisor del placer».
Por eso insiste en no perder de vista que se trata de un juego de azar como cualquier otro.
Para cerrar este artículo en términos matemáticos, el destino no cambia nada: el décimo cuesta 20 euros en cualquier punto de España y la probabilidad de que toque el Gordo (400.000 euros al décimo) es de una entre 100.000, se compre en Benidorm o en el barrio.
Aun así, algunos lugares arrastran fama de afortunados: la provincia de Valencia suma 15 primeros premios y solo el municipio de Manises ha repartido el Gordo siete veces.