La psicología dice que las personas que rechazan los abrazos no son antipáticas, en realidad tienen más sensibilidad a los estímulos físicos
Muchas de estas personas no rechazan la muestra de afecto por antipatía, sino por una mayor sensibilidad a estímulos físicos.
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Mientras hay quienes demuestran efusivamente su cariño, otorgando muchas muestras de afecto a través del contacto físico, también están aquellos que no se sienten cómodos y evitan a toda costa a todo el que se acerque a su espacio íntimo. Sin embargo, a pesar de lo que todo el mundo cree, la psicología ha demostrado que esto no se debe a que estas personas sean antipáticas, sino a que tienen una mayor sensibilidad a los estímulos físicos.
Cabe destacar que en este fenómeno entran en juego factores de la infancia que condicionan este comportamiento. Un comportamiento que desde siempre hemos asociado a las personas antipáticas, sin pararnos a pensar en que detrás de ese rechazo pueden esconderse muchos factores psicológicos que expliquen el porqué de esta reacción ante los abrazos.
Qué significa que una persona no acepte abrazos
La psicología explica que rechazar los abrazos no equivale a una falta de cariño, sino a una preferencia de espacio personal, estilos de apego o sensibilidades. Las causas incluyen infancias con escaso contacto físico, apegos evitativos que evitan la vulnerabilidad o incluso la necesidad de límites estrictos.
Los expertos explican que esto se relaciona directamente con las primeras experiencias que recibe una persona durante su infancia. Es decir, si tus padres te daban abrazos, no tendrás problemas en recibirlos o darlos. Por contra, habrá ciertas complicaciones si durante tus primeros años de vida no estabas familiarizado con mostrar el afecto de esta manera.
Los expertos en psicología también hablan de un estilo de apego evitativo y quienes lo desarrollan suelen sentirse incómodos ante la excesiva cercanía, prefiriendo la independencia y un mayor espacio personal. En estos casos, evitar un abrazo no implica rechazo hacia el otro, sino una forma de autorregulación frente a situaciones que les resultan incómodas.
Por qué las personas rechazan abrazos
Aunque un abrazo siempre está asociado con la cercanía, confianza en el otro y afecto, cada persona construye su vínculo con el contacto físico a partir de su propia historia personal y de todas sus vivencias durante su crianza, las cuales ya hemos dejado claro que juegan un papel fundamental.
La psicóloga Yelissa Chabra, experta en comportamientos de rechazo hacia el afecto físico, explica que los seres humanos, desde que nacemos, sentimos una imperiosa necesidad de sentirnos amados y de recibir gestos de cariño por parte de nuestros padres. «La ausencia de alguno de estos elementos nos puede llevar a experimentar carencia afectiva y sentir rechazo hacia los abrazos», explica.
Con esto no quiere decir que estas personas sean más antipáticas que los demás, sino que sus cuerpos no están acostumbrados a recibir tales muestras de afecto, lo que puede provocarles una incomodidad ante la situación, debido a una mayor sensibilidad al contacto físico.