Las personas más felices mayores de 70 años no son aquellas que tienen una misión, sino aquellas con una habilidad completamente diferente
. La cuestión está en que el bienestar no debería depender exclusivamente de seguir siendo productivo o de tener algo que demostrar
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Cuando llega la jubilación, muchas personas tardan un tiempo en encauzar su vida. Después de años siguiendo horarios, cumpliendo obligaciones y teniendo una agenda repleta de tareas, de repente desaparece buena parte de aquello que organizaba el día a día. Hay quien encuentra rápidamente nuevos pasatiempos, mientras que otros pasan los primeros meses entre paseos, algún café de vez en cuando con los amigos, tardes frente a la televisión y la sensación de que los días se han vuelto demasiado largos.
Durante años se ha repetido que lo importante es encontrar un entretenimiento, un hobby o incluso una misión que obligue a levantarse cada mañana con ganas e ilusión. Algo que permita conservar cierta rutina y evite que la ausencia de planes termine generando aburrimiento o sensación de vacío. Y tener objetivos puede ser, efectivamente, una fuente de significado y bienestar en la vejez.
Pero la psicología ha puesto también el foco en otra capacidad que puede resultar especialmente importante a medida que pasan los años: aprender a aceptarse y dejar de vivir bajo la necesidad constante de demostrar algo.
La felicidad después de los 70 no depende únicamente de tener un propósito
La idea de que hay que mantenerse permanentemente ocupado para envejecer bien está muy arraigada. Hacer ejercicio, aprender cosas nuevas, viajar, cuidar de los nietos o participar en actividades son algunas de las recomendaciones habituales para mantener una vida activa.
Sin embargo, el bienestar psicológico durante la vejez es un fenómeno mucho más amplio. Las investigaciones sobre envejecimiento han identificado diferentes dimensiones relacionadas con una buena adaptación: las relaciones con los demás, la autonomía, el crecimiento personal, la aceptación de uno mismo y también el propósito vital.
Por eso, tener una misión no tiene por qué ser incompatible con una jubilación feliz. La cuestión está en que el bienestar no debería depender exclusivamente de seguir siendo productivo o de tener algo que demostrar.
Después de décadas en las que buena parte de la identidad puede haber estado ligada al trabajo, al sueldo, al cargo, a las responsabilidades familiares o al reconocimiento de los demás, la jubilación puede convertirse también en una oportunidad para construir una relación diferente con uno mismo.
La habilidad que gana importancia con los años: aceptarse
Una de las capacidades que aparece de forma recurrente en la investigación sobre bienestar durante la vejez es la autoaceptación.
Aceptar quién se es implica reconocer tanto las cualidades como las limitaciones propias sin convertir cada error, cambio físico o pérdida de capacidades en un motivo de crítica permanente. No significa renunciar a mejorar ni dejar de tener objetivos, sino abandonar la necesidad de que cada día tenga que demostrar que uno sigue siendo útil, productivo o necesario.
La autocompasión puede ayudar a afrontar el envejecimiento
Junto a la autoaceptación aparece otro concepto estudiado por la psicología: la autocompasión. Se refiere, de forma general, a tratarse a uno mismo con amabilidad ante las dificultades, los errores y las limitaciones, en lugar de responder con una crítica constante.
La investigación realizada con 121 adultos con una edad media de 76 años encontró que una mayor autocompasión estaba relacionada con respuestas más positivas ante experiencias vinculadas al envejecimiento. Los autores observaron que las personas con mayores niveles de autocompasión tendían a interpretar esas experiencias de una manera más favorable.
Otros trabajos realizados con adultos mayores también han encontrado una asociación entre autocompasión y bienestar subjetivo, especialmente en personas que afrontan peor salud física.
No se trata, por tanto, de convencer a una persona de que debe dejar de tener objetivos. Se trata de que su bienestar no dependa de cumplirlos todos.