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Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci, polímata del Renacimiento: «Quien de verdad sabe de qué habla no encuentra razones para levantar la voz»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Leonardo da Vinci fue uno de los grandes polímatas del Renacimiento italiano. A lo largo de su vida destacó en un amplio abanico de disciplinas, como anatomía, arquitectura, botánica, escultura, escritura, filosofía, ingeniería, invención, música, paleontología, pintura, poesía y urbanismo. Tras pasar sus primeros años en su localidad natal, se formó artísticamente con el pintor florentino Andrea de Verrocchio.

Dos de sus obras más conocidas, «La Gioconda» y «La Última Cena», se han convertido en auténticos iconos universales de la historia del arte.  Su interés por la anatomía creció hasta convertirse en un campo de estudio propio, más allá de su utilidad para el arte. Leonardo da Vinci no se limitó a observar la estructura del cuerpo humano, sino que estudió el funcionamiento del cerebro, el corazón y los pulmones. De hecho, sus representaciones anatómicas supusieron una importante contribución al desarrollo de la ilustración científica moderna

«Quien de verdad sabe de qué habla no encuentra razones para levantar la voz»

Entre las reflexiones que se le atribuyen destaca una idea que cobra especial relevancia en la sociedad actual: «Quien de verdad sabe de qué habla no encuentra razones para levantar la voz». Aunque hoy vivimos rodeados de información, saber mucho no siempre significa hablar más alto, sino que muchas veces ocurre justamente lo contrario.

La curiosidad de Leonardo da Vinci parecía no tener límites, y su forma de trabajar estaba profundamente relacionada con la necesidad de comprobar por sí mismo cómo funcionaban las cosas. En este sentido, la frase sobre el conocimiento adquiere un significado todavía más profundo, ya que el conocimiento exige observar, comparar, preguntar y, en ocasiones, admitir que una primera conclusión era errónea.

Asimismo, es fundamental comprender la diferencia entre hablar con seguridad y levantar la voz. Una persona puede expresar una opinión con firmeza sin necesidad de gritar. Cuando alguien siente que necesita elevar constantemente el tono para que los demás acepten sus argumentos, el problema no esté en el volumen de su voz, sino en la necesidad de tener razón a cualquier precio.

La humildad intelectual es otro elemento relacionado con esta idea. Cuanto más aprendemos sobre una cuestión, más conscientes somos de su complejidad. En cambio, la ignorancia se puede presentar algunas veces acompañada de una enorme seguridad. De ahí que resulte tan importante distinguir entre la confianza razonada y la certeza injustificada.

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