Los jardineros instan a hacer esto si ves montículos de arena en tu jardín: qué significan y qué hacer si hay hormigas
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Los montículos de arena en el jardín pueden parecer insignificantes, pero en la mayoría de casos son una señal de lo que está ocurriendo bajo la superficie. Según los expertos, uno de los motivos más habituales es la presencia de hormigas. Si bien estos insectos cumplen un papel muy importante en el equilibrio del ecosistema, se pueden convertir en un problema cuando su población aumenta drásticamente de un día para otro y establecen colonias cerca del césped o de las plantas.
Lo primero y más importante es identificar el origen de los montículos, ya que no siempre indican una plaga ni requieren tratamientos agresivos. En ocasiones forman parte del funcionamiento natural del suelo y, lejos de ser perjudiciales, pueden ayudar a mejorar su aireación. Sin embargo, cuando las hormigas proliferan en exceso o comienzan a afectar al estado de las plantas, es momento de actuar.
¿Por qué aparecen montículos de arena en el jardín?
Las hormigas construyen galerías subterráneas que pueden alcanzar varios niveles de profundidad. Para ello, extraen tierra y arena, que depositan alrededor de la entrada del hormiguero formando característicos montículos. En función del tamaño de la colonia y del tipo de suelo, el tamaño de estos montículos puede variar desde apenas unos centímetros hasta estructuras mucho más grandes. Cabe señalar que el aumento de las temperaturas favorece la actividad de las colonias, por lo que este fenómeno se da especialmente en primavera y verano.
Ahora bien, uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que cualquier acumulación de tierra en el jardín corresponde a un hormiguero. Sin embargo, existen otras posibles causas: escarabajos, lombrices, pequeños roedores e incluso movimientos naturales del terreno. Por ello, antes de aplicar cualquier tratamiento conviene observar si existe actividad de hormigas entrando y saliendo del montículo.
Cómo identificar un hormiguero
Hay varios indicios que ayudan a confirmar que el montículo pertenece a una colonia de hormigas. Entre ellos destacan: pequeño orificio central, senderos visibles entre el hormiguero y fuentes de alimento, aparición de varios montículos cercanos y movimiento constante de hormigas. Pero, ¿realmente estos insectos son perjudiciales para el jardín? No existe una respuesta universal a esta cuestión, ya que depende tanto de la cantidad como de la especie.
En muchos casos las hormigas resultan beneficiosas, ya que ayudan a descomponer materia orgánica, remueven el suelo y favorecen la circulación del aire entre las raíces. Además, forman parte de la cadena alimentaria y contribuyen al equilibrio natural del ecosistema. Sin embargo, cuando las colonias aumentan de forma excesiva pueden debilitar el césped al remover continuamente la tierra, favorecer la presencia de pulgones y desplazar la tierra alrededor de raíces jóvenes.
Evitar la aparición de nuevos hormigueros en el jardín suele ser una tarea más sencilla que intentar eliminar una colonia que ya se ha instalado bajo tierra. Uno de los primeros pasos es conservar el césped en buen estado mediante un riego equilibrado, una siega adecuada y una correcta fertilización. Asimismo, es fundamental retirar hojas secas, ramas, restos de poda y otros residuos vegetales que pueden servir como refugio. Finalmente, detectar a tiempo la presencia de pulgones u otras plagas ayuda a evitar que las hormigas acudan atraídas por las sustancias azucaradas que producen estos insectos.
Hormigas y pulgones
Las hormigas y los pulgones suelen establecer relaciones mutualistas en las que ambas especies obtienen beneficios de su interacción. Sin embargo, un nuevo estudio multidisciplinar desarrollado en España, con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha revelado que, junto a esta cooperación tradicional, también puede darse una relación diferente en la que el pulgón obtiene ventajas a costa de la hormiga, llegando incluso a causarle posibles efectos perjudiciales. Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
«En la simbiosis entre hormiga y pulgón, el pulgón recibe cuidados y protección de la hormiga que, a su vez, se ve recompensada con la melaza que excreta el pulgón. En este estudio hemos visto que algunos individuos del pulgón Paracletus cimiformis imitan las sustancias emitidas por las larvas de la hormiga Tetramorium, de manera que las hormigas creen que son sus crías y los transportan hasta las cámaras «guardería». Una vez allí, el pulgón succiona la hemolinfa, el equivalente a la sangre en los artrópodos, de las larvas de hormiga», explica la investigadora del CSIC Carme Quero, del Instituto de Química Avanzada de Cataluña.
Ésta es la primavera vez en la que se documenta una relación de estas características entre hormigas y áfidos (pulgones), en la que el comportamiento agresivo de algunos pulgones hacia las hormigas convive con la tradicional relación de beneficio mutuo entre ambas especies. Los investigadores comprobaron que los pulgones de forma redondeada mantienen la interacción convencional, favorable para los dos organismos, mientras que los ejemplares de cuerpo aplanado son los que presentan la conducta agresiva observada frente a las hormigas.