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Según las Naciones Unidas, «el cambio climático se refiere a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos. Estos cambios pueden ser naturales, debido a variaciones en la actividad solar o erupciones volcánicas. Pero desde el siglo XIX, las actividades humanas han sido el principal motor del cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas». La temperatura media de la Tierra es actualmente 1,1 °C superior a la registrada a finales del siglo XIX, antes de la Revolución Industrial, y alcanza niveles más altos que en los últimos 100.000 años.
Además, la década comprendida entre 2011 y 2020 fue la más cálida de la que se tiene constancia. En este contexto, cada una de las cuatro últimas décadas ha presentado temperaturas medias superiores a las de cualquier otra década desde 1850. Entre 2030 y 2050, el cambio climático podría provocar alrededor de 250.000 muertes adicionales cada año como consecuencia de problemas relacionados con la desnutrición, la malaria, las enfermedades diarreicas y el estrés térmico, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud.
La mancha hallada en Groenlandia
Un equipo de científicos ha confirmado que una amplia zona del Atlántico Norte, ubicada entre Groenlandia e Islandia, se está enfriando mientras gran parte del planeta sigue registrando un aumento de temperaturas. Esta anomalía térmica, conocida como cold blob o «mancha fría», se ha convertido en uno de los fenómenos más difíciles de explicar dentro del contexto actual. Los datos indican que las temperaturas superficiales en esa área han bajado hasta aproximadamente 1 °C respecto a las tendencias previstas, lo que la convierte en una especie de «isla fría» dentro de un océano que se calienta a un ritmo sin precedentes.
Sin embargo, la «mancha fría» no es un fenómeno reciente. Los investigadores empezaron a estudiarla hace varias décadas al analizar los mapas globales de temperatura de los océanos. Mientras la mayor parte del Atlántico se calentaba, una zona situada al sur de Groenlandia evolucionaba en sentido contrario. Desde entonces, la comunidad científica se ha planteado una pregunta clave: ¿qué proceso podía explicar la existencia de una zona más fría dentro de un océano cuya temperatura no para de aumentar?
Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC)
La explicación, según el climatólogo Stefan Rahmstorf, no se encuentra en la atmósfera ni en un fenómeno aislado, sino en un proceso mucho más profundo: el debilitamiento de la AMOC (Circulación Meridional de Retorno del Atlántico), una enorme «cinta transportadora» oceánica que redistribuye calor a escala global.
Este sistema lleva aguas cálidas y salinas desde los trópicos hacia el Atlántico Norte en superficie, donde se enfrían, aumentan su densidad y descienden hacia capas profundas antes de regresar hacia el sur. Ese ciclo continuo no solo reparte energía térmica, sino que también influye de forma decisiva en el clima de Europa y América del Norte. Cuando la circulación se debilita, llega menos calor a las latitudes altas, y entonces aparece la «mancha fría».
Los científicos alertan: «esto resulta preocupante, porque una nueva debilitación del transporte de calor en el Atlántico en el contexto del futuro cambio climático podría tener graves repercusiones en el clima y las condiciones meteorológicas en Europa y en otras partes del mundo».
El pasado febrero, el Consejo Nórdico (integrado por Dinamarca, Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia, además de Åland, las islas Feroe y Groenlandia como miembros asociados) advirtió de que, en determinados escenarios invernales, las temperaturas en Islandia podrían descender hasta valores cercanos a los −45 ºC. Según esa advertencia, la isla podría llegar a quedar temporalmente aislada por la presencia de hielo, algo que no ocurriría desde la época de los vikingos.
Si el AMOC llegara a colapsar, el nivel del mar subiría rápidamente en la costa este de Estados Unidos, y las consecuencias podrían ser catastróficas. Hace unos 12.500 años, durante el último periodo frío, el Dryas reciente, la AMOC tardó alrededor de 100 años en volver a funcionar plenamente. Las temperaturas en Groenlandia necesitaron entonces unos 40 años para recuperarse de las condiciones glaciares extremas.
Islandia
En este contexto, el caso de Islandia es especialmente significativo, ya que ha empezado a incorporar este riesgo en su interpretación climática, consciente de que su posición geográfica la convierte en un punto de observación privilegiado de estos cambios. Mientras tanto, gran parte del mundo sigue percibiendo la «mancha fría» como un fenómeno secundario, cuando en realidad podría ser una de las señales más claras de que el sistema climático global está entrando en una fase de transformación más profunda.
Según el Instituto Meteorológico de Islandia, «las observaciones ya muestran una tendencia de enfriamiento a largo plazo en el Atlántico subpolar, resultado del debilitamiento de la AMOC, que transporta enormes cantidades de calor al Atlántico Norte». Asimismo, «la AMOC es una parte fundamental del sistema climático… y el riesgo de un debilitamiento rápido o incluso su colapso es algo que debemos tomarnos muy en serio».