Barbacoa, salas privadas, pantallas gigantes y la mejor carne: el nuevo restaurante de Madrid para disfrutar con amigos
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Madrid no deja de sumar direcciones gastronómicas, pero pocas consiguen ofrecer algo realmente distinto. En Valdebebas, uno de los barrios llamados a convertirse en el gran protagonista de la capital con la llegada del circuito de Madring este septiembre, acaba de abrir un espacio que rompe con la idea tradicional de salir a comer. Aquí no hay cocina oculta tras una puerta ni platos que llegan terminados a la mesa: el fuego es el protagonista, tú decides cómo cocinar cada pieza y la experiencia transcurre en salas privadas que convierten una comida entre amigos en un plan mucho más personal.
Lejos del restaurante convencional y también de la típica parrilla, Mala Flama propone un formato que hasta ahora no existía en Madrid. Su planteamiento recupera uno de los grandes rituales gastronómicos (la barbacoa compartida), pero elimina todo aquello que suele restarle encanto: comprar la carne, preparar el espacio, encender el fuego o limpiar después. El resultado es una experiencia que mezcla la informalidad de una reunión en casa con el cuidado por el producto y el servicio propio de un restaurante.

El concepto gira alrededor de cinco salas privadas, cada una equipada con una parrilla profesional integrada en la mesa. Pensadas para grupos de hasta diez personas, pueden unirse entre sí para acoger reuniones más numerosas sin perder la sensación de intimidad. Cada espacio cuenta además con proyector, lo que permite convertir una comida en un plan perfecto para seguir un partido, celebrar un cumpleaños o, dentro de unos meses, vivir las carreras de Fórmula 1 que transformarán esta zona de Madrid en uno de los puntos más concurridos de la ciudad.
La experiencia comienza incluso antes de sentarse a la mesa. El local invita a recorrer sus cámaras de maduración y seleccionar personalmente la carne que después llegará a la parrilla. La carta apuesta por cortes premium de vacuno de origen nacional, procedentes de productores reconocidos internacionalmente y con una trazabilidad muy cuidada. Cada grupo decide si quiere cocinar la carne a su ritmo o dejarse asesorar por el equipo de sala, que acompaña sin invadir una experiencia pensada para disfrutarse sin prisas.

Pero el fuego no es el único protagonista. Antes de que lleguen los grandes cortes, la propuesta se completa con una selección de quesos artesanos, embutidos y conservas escogidos entre pequeños productores especializados. La bodega sigue la misma filosofía. Más de medio centenar de referencias nacionales ponen el foco en pequeños proyectos, bodegas familiares y producciones limitadas, alejándose de las etiquetas más comerciales.
Más allá de la novedad, Mala Flama pone sobre la mesa una idea poco habitual en la restauración madrileña: convertirte en parte activa de la experiencia.
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