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Hablar del Museo Vivanco de la Cultura del Vino, situado en la localidad riojana de Briones, es rendir tributo, ante todo, a la figura insustituible de Pedro Vivanco. Alma máter del proyecto y pilar fundamental de la saga familiar, Pedro entendió el vino no sólo como un oficio o un negocio, sino como una vocación vital.
Fue un hombre impulsado por una máxima que se convirtió en el faro de toda su vida: «Devolver al vino lo que el vino nos ha dado». Con esa pasión inagotable, durante más de 40 años viajó incansablemente por todo el mundo localizando, adquiriendo y rescatando miles de piezas, obras de arte, libros, prensas e instrumentos etnográficos vinculados a la historia de la viticultura.
Tras su fallecimiento hace unos años, su inmenso legado y su visión siguen más vivos que nunca. Sus hijos, Santi y Rafa, han sabido tomar con maestría el testigo de su padre. En el caso de Santi Vivanco, liderando la vertiente cultural y la Fundación, continúa divulgando con rigor y devoción ese patrimonio único que su padre soñó y reunió para compartirlo con el mundo.

Una amistad forjada entre copas, arte y viajes
Hay personas que conocen el vino desde la técnica, y luego está Santi Vivanco, alguien capaz de transmitírtelo desde la emoción, la historia y un respeto absoluto por la tierra. Nuestra amistad se remonta casi a finales de 2014, época en la que fijé mi residencia en Madrid.
Desde aquellos primeros encuentros, jornadas gastronómicas y presentaciones inolvidables, como las exposiciones temporales de la Fundación Vivanco en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, fruto de aquel histórico convenio de mecenazgo cultural, he tenido la suerte de compartir con Santi multitud de viajes y confidencias.

En cada trayecto, en cada copa compartida, he aprendido a saborear y amar la cultura del vino desde una perspectiva muy especial: la suya.
Sin embargo, para entender en toda su magnitud la pasión que mueve a Santi y a su familia, hay que viajar hasta Briones, en pleno corazón de La Rioja. Allí se erige el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, considerado unánimemente el museo de vino más importante del mundo.

Recorrer sus instalaciones de la mano de Santi no es sólo una visita turística; es un privilegio de tres horas, una inmersión fascinante en un espacio moderno, luminoso y funcional de más de 4.000 m² diseñado para rendir homenaje a una pasión milenaria.
8.000 años de historia bajo un mismo techo
Inaugurado en el año 2004, este espacio custodia las extraordinarias colecciones que la familia Vivanco ha ido adquiriendo con paciencia y rigor a lo largo de más de cuatro décadas. El museo guarda con celo miles de reliquias vinculadas al vino y a sus rituales, entendiendo esta bebida no sólo como un elemento gastronómico, sino como un vínculo sagrado: ofrenda divina, elixir para los dioses y alimento del cuerpo para el ser humano a lo largo de 8.000 años de historia, desde la antigua Mesopotamia hasta nuestros días.

El recorrido patrimonio-artístico es sencillamente impactante. En sus galerías conviven desde primitivos utensilios de labranza y herramientas de cultivo hasta obras de arte firmadas por maestros universales de la talla de Picasso, Miró, Sorolla o Genovés. Todo ello articulado en cinco salas de exposición permanente, una sala de exposiciones temporales y el sobrecogedor Jardín de Baco, un espacio exterior único dedicado a la vid y la diversidad varietal del viñedo mundial. Reúne más de 220 variedades de uva. Un homenaje al viñedo y al fruto que da origen al vino, imprescindible para entender su historia y cultura.

Un viaje sensorial a través de sus cinco salas
Recorrer el museo es seguir una línea temporal y temática perfecta, diseñada para educar al visitante al tiempo que se estimulan todos sus sentidos.
Sala 1: el origen y la tierra
La experiencia arranca en el mismísimo principio de la civilización vitivinícola, hace más de ocho milenios. En esta primera sala se realiza un recorrido divulgativo y apasionante sobre la geología y la edafología, enseñando cómo influyen los distintos tipos de suelo de cada zona del mundo en la personalidad de la uva. Por supuesto, hay un guiño fundamental al desarrollo y singularidad de las vides en La Rioja, aderezado con un sinfín de datos curiosos que sorprenden incluso a los grandes entendidos.

Sala 2: la conservación y el transporte
El vino es un ser vivo que evoluciona con el tiempo, y esta segunda sala está dedicada a cómo el ser humano ha perfeccionado su custodia a lo largo de los siglos. El espacio se divide de forma magistral en tres bloques temáticos:
- Barricas: la importancia de las maderas, el tostado y la crianza.
- Botellas: la evolución del vidrio y sus distintas formas según la región.
- Corchos: el papel crucial del tapado natural para salvaguardar el líquido elemento.

Sala 3: la transformación en bodega
Aquí el visitante descubre los secretos de la elaboración. Esta estancia guía nuestros pasos por las diferentes labores que tienen lugar en la bodega: desde el momento preciso en que se descuba el vino de los depósitos de fermentación y maceración, pasando por el filtrado y embotellado, hasta su preparación final para salir al mercado.

Sala 4: el vino en el arte y la arqueología
Para los amantes del arte, esta cuarta sala representa el cénit del recorrido. Reúne una colección excepcional de piezas arqueológicas y obras pictóricas de diversas épocas y técnicas, desde ánforas romanas y cerámicas griegas hasta lienzos vanguardistas, que tienen un nexo común: la representación del vino como símbolo de celebración, estatus y espiritualidad.

Sala 5: la fascinante colección de sacacorchos
La última sala permanente alberga uno de los grandes tesoros del museo y una de las sorpresas más aplaudidas por los visitantes: la impresionante colección de sacacorchos del Museo Vivanco, reconocida como la segunda más grande del mundo. Con casi 3.500 piezas expuestas, la sala permite admirar la asombrosa evolución técnica y estética de este utensilio tan cotidiano como fundamental, desde artilugios mecánicos del siglo XVIII hasta verdaderas joyas de orfebrería.

Una experiencia imprescindible en La Rioja
Visitar el Museo Vivanco no es simplemente acudir a una exposición; es vivir una experiencia transformadora. Estar allí, rodeado de siglos de dedicación y amor por la tierra, permite comprender por qué el vino es una de las expresiones culturales más complejas y fascinantes de la humanidad.
Si eres un apasionado de la enología, de la historia o del arte, Briones debe estar en tu lista de destinos imprescindibles. Descubrir el Museo Vivanco de la Cultura del Vino es, en definitiva, la mejor manera de entender que detrás de cada copa no sólo hay uva y fermentación, sino miles de años de cultura, esfuerzo y alma.