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Frases para la Historia

Epicuro, sobre la riqueza: «Si quieres hacer rico a un hombre, no te afanes en aumentar sus bienes; dedícate a disminuir sus codicias y necesidades superfluas»

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

¿Y si para ser más rico no hiciera falta tener más dinero, sino necesitar menos cosas? Esa es la idea que atraviesa una de las reflexiones de Epicuro y que continúa circulando más de dos milenios después. El filósofo griego planteó que aumentar constantemente las posesiones no garantiza una vida más satisfactoria y que reducir los deseos puede cambiar por completo la relación de una persona con la riqueza. Una filosofía que, lejos de defender la pobreza, hablaba de aprender a distinguir qué necesitamos realmente.

Epicuro planteaba una forma distinta de entender la prosperidad. «Si quieres hacer rico a un hombre, no te afanes en aumentar sus bienes; dedícate a disminuir sus codicias y necesidades superfluas». La frase encaja con una de las ideas fundamentales de su filosofía, ya que la felicidad depende en buena medida de saber distinguir aquello que realmente necesitamos de los deseos que surgen de manera constante.

Epicuro no rechazaba los placeres

La filosofía de Epicuro no defendía vivir sin placeres ni renunciar a todo lo material. Su propuesta estaba relacionada con disfrutar de los placeres sencillos y evitar aquellos deseos que terminan generando más inquietud que satisfacción. La amistad, la tranquilidad, la ausencia de dolor y una vida moderada ocupaban un lugar especialmente importante en su pensamiento.

En la Carta a Meneceo, el filósofo griego Epicuro distingue entre distintos tipos de deseos y sostiene que algunos son naturales y necesarios, mientras que otros son innecesarios o difíciles de satisfacer. Por eso, aprender a limitar las necesidades podía proporcionar una mayor autonomía y tranquilidad que perseguir continuamente nuevas posesiones.

Una reflexión sobre los deseos

La idea aparece también en la tradición antigua relacionada con Epicuro. Una de las versiones conservadas transmite que, si se quería hacer rico a Pítocles, no había que darle más dinero, sino disminuir su deseo. Séneca recuperó posteriormente una formulación muy parecida en sus Cartas a Lucilio, atribuyéndosela al filósofo griego.

Más de dos milenios después, el planteamiento continúa resultando reconocible. En una sociedad marcada por el consumo y la búsqueda constante de más, la reflexión de Epicuro coloca la atención en otro lugar, ya que la riqueza no sólo puede medirse por lo que una persona posee, sino también por aquello que ha aprendido a no necesitar.