Eleanor Roosevelt, ex primera dama de Estados Unidos: «Cuando haces feliz a otras personas, recibes más felicidad a cambio»
Una frase de la ex primera dama que habla de lo importante de ayudar a otras personas
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Eleanor Roosevelt es recordada por mucho más que haber sido sólo la esposa del presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt. Entre 1933 y 1945 ejerció como primera dama, pero aquel cargo acabó siendo sólo una parte de todo lo que hizo a lo largo de su vida, si tenemos en cuenta las muchas causas en las que participó y el hecho de que escribiera durante décadas. De hecho, algunas de las palabras por las que todavía se la recuerda no hablan de presidentes ni de política sino de ideas o conceptos más sencillos, como la felicidad y la ayuda hacia los demás.
Puede que una de las frases que más resuenan entre las que se le atribuyen sea «Cuando haces feliz a otras personas, recibes más felicidad a cambio». Y puede que precisamente ahí esté lo interesante de su figura ya que en lugar de pensar sólo en qué necesitamos nosotros para sentirnos mejor, la ex primera dama puso el foco en lo que ocurre cuando somos capaces de hacer algo por otra persona. Fue en 1960 cuando publicó «You Learn by Living». A esas alturas había vivido dos guerras mundiales, pasado doce años en la Casa Blanca y trabajado en Naciones Unidas. Tenía, por tanto, bastante que contar. Y entre cuestiones como el miedo, la responsabilidad o las decisiones que tomamos durante la vida, también se detuvo en la felicidad. Para Roosevelt, buscarla constantemente no era necesariamente el camino para encontrarla. Parte de ella podía aparecer, precisamente, cuando dejábamos de mirar únicamente hacia nosotros mismos.
Eleanor Roosevelt: «Cuando haces feliz a otras personas, recibes más felicidad a cambio»
«Cuando haces feliz a otras personas, recibes más felicidad a cambio» no es una frase que Roosevelt escribiera al 100% para defender sus ideas. Se le suele atribuir pero por lo visto, se extrae de los temas de los que habló en el libro que publicó a los 76 años, dos años antes de morir y tras una vida dedicada a los demás. De hecho, en «You Learn by Living» encontramos otra reflexión que ayuda bastante a comprender su postura: «La felicidad no es una meta; es un subproducto». Es decir, para Roosevelt no tenía demasiado sentido convertir el hecho de ser feliz en una especie de objetivo permanente. Su experiencia le había enseñado que esa sensación podía aparecer mientras una persona estaba ocupada con su vida, mantenía intereses propios, aprendía o encontraba la forma de ser útil.
Y quizás sea precisamente por eso por lo que su reflexión sigue resultando tan fácil de llevar al presente. Hacer feliz a otra persona no implica necesariamente realizar grandes gestos. Escuchar a alguien que lo necesita, dedicarle tiempo o ayudar sin esperar inmediatamente algo a cambio son situaciones bastante más habituales. Lo que Roosevelt planteaba es que aquello que damos a los demás puede tener también un efecto sobre nosotros.
Eleanor Roosevelt, una primera dama que rompió moldes
Ser primera dama en los años treinta tenía poco que ver con tener una carrera política propia. Eleanor Roosevelt, sin embargo, aprovechó esos años para hacerse escuchar. Mientras Franklin D. Roosevelt estaba al frente del país, ella recorría Estados Unidos, daba conferencias y escribía sobre lo que veía. También lo hizo en My Day, la columna que mantuvo durante años y en la que cabían tanto asuntos políticos como episodios bastante más cotidianos.
En algunas cuestiones fue además muy clara. Habló de los derechos de las mujeres y denunció la discriminación racial en un Estados Unidos en el que la segregación seguía formando parte de la realidad diaria. También hizo algo bastante particular con la prensa: decidió que sus ruedas de prensa fueran para periodistas mujeres. Esto obligaba a los periódicos a contar con ellas si querían saber de primera mano qué había dicho la primera dama.
Su marido, Franklin D. Roosevelt murió en abril de 1945. Terminaban así doce años en la Casa Blanca para Eleanor, pero no su trabajo fuera de ella. Harry S. Truman recurrió a ella poco después y en 1946 pasó a representar a Estados Unidos en Naciones Unidas y no estaba allí como esposa del presidente ni tenía que ejercer de primera dama, sino que el cargo y la responsabilidad eran suyos.
El importante papel de Eleanor Roosevelt en los derechos humanos
Y aquel nuevo trabajo acabaría dejando huella. Roosevelt se implicó especialmente en todo lo relacionado con los derechos humanos y estuvo entre las personas que trabajaron en la Declaración Universal aprobada en 1948. Para entonces, su vida había cambiado bastante con respecto a los años de la Casa Blanca. Pero escribir siguió formando parte de ella. Lo hizo sobre política y sobre lo que ocurría a su alrededor, aunque también sobre cuestiones mucho más personales. De ahí que encontremos reflexiones suyas sobre el miedo, la autoestima o la felicidad, como la que años después recogió en «You Learn by Living», antes de morir en Nueva York en 1962, a los 78 años.