¿Cómo se dice en español, ‘el mar’ o ‘la mar’? La RAE es clara y despeja todas las dudas
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En español, todas las palabras tienen género gramatical, masculino o femenino. En la mayoría de los casos, este género es fijo y, por ende, no admite variaciones: el río, el sol, la montaña, el coche, la toalla… Sin embargo, tal y como establece la RAE, existe un grupo especial de sustantivos de género ambiguo, los cuales se pueden utilizar e indistintamente en masculino o en femenino sin que cambie su significado esencial, como «el mar» o «la mar».
La Real Academia Española (RAE) confirma que ambas formas son correctas desde el punto de vista normativo. Ahora bien, cuando se habla del mar como masa de agua o accidente geográfico, el «uso mayoritario y preferente» es el masculino.
¿’El mar’ o ‘la mar’?
«La palabra mar proviene del latín mare, que era de género neutro; al pasar al español se convirtió en un sustantivo de género ambiguo, lo que significa que puede usarse tanto en masculino como en femenino. En el uso general, lo más habitual es emplear el masculino, especialmente cuando se habla de un mar concreto o identificado, como el mar Mediterráneo, y también en expresiones figuradas como un mar de dudas o un mar de lágrimas, donde el término indica abundancia.
Por otro lado, el femenino es más frecuente en el lenguaje tradicional de las gentes de mar (marineros y pescadores), donde aparecen expresiones como hacerse a la mar o vivir de la mar, así como en locuciones fijadas que describen el estado del mar mediante adjetivos, por ejemplo mar calma, mar gruesa o alta mar (también altamar), usos todos ellos correctos y plenamente aceptados en español», explica la Universidad Francisco Marroquín.
En el lenguaje cotidiano, académico y periodístico, lo más habitual es utilizar el artículo masculino: «el mar estaba en calma», «me gusta pasear junto al mar» o «el mar Mediterráneo baña varias costas europeas». Cuando hablamos del mar como espacio físico, como ecosistema o como fenómeno natural, el masculino es la mejor opción según la RAE.
Aunque no es tan habitual en el habla general, el uso de «la mar» también es correcto, y se utiliza especialmente en el ámbito de la poesía y de los marineros: «se hizo a la mar al amanecer», «la mar estaba brava» o «le nombraron almirante mayor de la mar».
Asimismo, hay muchas expresiones lexicalizadas en las que sólo se puede utilizar el femenino: «la alta mar», «la mar abierta», «la mar rizada», la «mar tendida», la «mar gruesa» o «la mar larga». En estos casos, decir «el alta mar» o «el mar grueso» no sería incorrecto según la normativa establecida por la RAE, pero sonaría antinatural o forzado.
La literatura española ha jugado un papel clave en la permanencia de «la mar». Poetas como Rafael Alberti, Federico García Lorca o Antonio Machado utilizaron el femenino para referirse a él y dotarle de un carácter simbólico y emocional. «La mar estaba serena y azul bajo el cielo claro», Antonio Machado (Campos de Castilla, 1912).
Expresiones
Existen un amplio abanico de expresiones y locuciones recogidas por la RAE: «alta mar»: parte del mar que está a bastante distancia de la costa; «mar ancha»: alta mar; «mar arbolada»: mar violentamente agitada, con olas de gran altura; «mar bonanza»: mar en calma; «mar cerrada»: mar que comunica con el océano por un canal o estrecho defendible; «mar de batalla»: lugar del mar donde han combatido escuadras o embarcaciones; «mar de fondo»: agitación del mar propagada desde zonas lejanas o, en sentido figurado, inquietud latente en un asunto; «mar de leche»: mar completamente calmada; «mar de leva»: mar de fondo; «mar de viento»: agitación producida directamente por la acción del viento; «mar en bonanza / mar en calma / mar en leche»: mar sosegado y sin oleaje; «mar gruesa»: mar muy agitada con olas de gran tamaño; «mar jurisdiccional»: aguas bajo soberanía de un Estado; «mar larga»: alta mar; «mar llana»: mar en calma y sin olas; «mar rizada»: mar ligeramente ondulada; «mar sorda»: alteración débil y profunda del oleaje; «mar tendida»: mar con grandes olas de movimiento lento; «mar territorial»: aguas jurisdiccionales; «a mares»: en gran abundancia o intensidad; «arar en el mar»: realizar esfuerzos inútiles; «arrojarse a la mar»: aventurarse a un grave riesgo; «de mar a mar»: abundancia que ocupa todo un espacio o, coloquialmente, exceso u ostentación; «hablar de la mar»: indicar que algo es imposible o que un asunto da mucho que hablar; «hacerse a la mar»: salir del puerto para navegar; «la mar»: mucho o muy, usado coloquialmente; «la mar de»: con gran intensidad o cantidad; «la mar en coche»: expresión exagerativa usada como remate de una enumeración; «meter la mar en un pozo»: intentar reducir algo inmenso a límites muy estrechos; «picarse el mar»: comenzar a alterarse el estado del mar; «romperse el mar»: estrellarse las olas contra la costa o un obstáculo; y «sobre mar»: en la mar o embarcado, hoy en desuso.
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