Curiosidades
PATATAS

Un agricultor regala 500 toneladas de patatas y en cuestión de horas su finca se convierte en un desfile interminable de coches

  • Marta Torres
  • Corresponsal internacional. He escrito en La Razón, El Mundo, Wall Street Journal Edición Américas.

Un agricultor ha decidido regalar 500 toneladas de patatas y ha desatado una avalancha en un pueblo francés. Un insólito gesto de un agricultor ha convertido al pequeño municipio de Gigny-Bussy, en el noreste de Francia, en el epicentro de una auténtica peregrinación rural. Más de 500 toneladas de patatas gratuitas, cuando aún estaban comestibles, atrajeron a cientos de personas que acudieron en coches, furgonetas y remolques para llenar sacos y maleteros antes de que la producción sea destruida.

La escena, que se repitió desde mediados de julio, se viralizó por su carga simbólica: solidaridad, lucha contra el desperdicio alimentario y alivio económico en tiempos de inflación.

Una montaña de patatas gratis

El campo, situado junto a la carretera D396, ofreció una imagen poco habitual: un gigantesco montón de patatas de varios metros de altura y un continuo ir y venir de vehículos. Vecinos de localidades cercanas y curiosos llegados de otros departamentos se turnan para recoger los tubérculos.

«Hay fácilmente 500 toneladas», aseguró Dylan, un joven de Saint-Dizier que no dudó en cargar su coche hasta el límite. «Mientras no roce el suelo, seguimos llenando», bromeó.

«Las patatas no están baratas»

Entre los visitantes había familias completas. Christophe, de 68 años, se detuvo por casualidad al ver el trasiego de coches. En pocos minutos, él, su esposa, su hija y sus nietos llenaron el maletero por completo.

«Las patatas no son baratas. Si puedes conseguirlas gratis, no hay motivo para dejar pasar la oportunidad», explicó mientras selecciona las menos dañadas. Muchos aseguran que, bien almacenadas, pueden conservarse durante meses.

¿Por qué el agricultor regaló patatas?

Según explicó la alcaldesa de Gigny-Bussy, Pascale Chevallot, el agricultor —que cultiva en Marne y Aube— no encontró salida comercial para estas patatas, recolectadas el año anterior y aún aptas para el consumo.

Venderlas apenas le reportaba beneficios, por lo que optó por vaciar sus almacenes antes de la nueva cosecha. La alternativa habitual habría sido destruirlas directamente, pero decidió dejarlas varios días a disposición del público para evitar el desperdicio.

«Después serán esparcidas en el campo·, confirmó la regidora.

Una práctica habitual en zonas rurales

Este tipo de iniciativas no es un caso aislado en Francia. Christine, vecina del lago du Der, aseguró que días antes recogió patatas en otra localidad cercana. «Es una práctica muy común entre agricultores. Evita el despilfarro y ayuda a mucha gente», señaló.

El aumento del coste de la vida ha hecho que estas acciones cobren aún más relevancia social.

Solidaridad y picaresca

No todos los visitantes tienen un objetivo doméstico. Algunos han visto una oportunidad de negocio. Marion, vecina de Landricourt, explicó que hay personas que revenden los sacos a 15 euros por 20 kilos y regresan varias veces al día.

Aun así, el ambiente general es cordial. La ayuda mutua, las bromas y las conversaciones espontáneas dominan el campo, convertido en un improvisado punto de encuentro vecinal.

Más allá de la anécdota, la montaña de patatas de Gigny-Bussy se transformó en un símbolo de la lucha contra el desperdicio alimentario y de cómo una decisión individual puede beneficiar a cientos de personas.