Libros contra películas: tres adaptaciones modernas a juicio
No siempre es fácil llevar una novela a la gran pantalla
Una gran mayoría de películas actuales están basadas en libros pero no siempre salen bien. Analizamos, pues, tres ejemplos muy recientes de adaptaciones cinematográficas basadas en tres novelas muy populares. Son tres casos de resultados muy distintos. Uno es un intento fallido de modernizar un clásico, otro es una visión muy personal (aunque ésto no signifique algo brillante necesariamente) de una obra inmortal y el tercero es un buen ejercicio de trasladar una historia a imágenes traicionando la estructura pero sin traicionar al original.
El arte de la adaptación
Llevamos años viendo como nuestra ficción audiovisual se basa, principalmente, en contar true crimes o, en la mayoría de los casos, adaptar novelas célebres. Esta última estrategia tiene su lógica si tenemos en cuenta que son historias ya testadas por un público y que han tenido éxito. El problema es que reinterpretar una trama en imágenes no es tarea fácil. Y es que, los que se quejan de que el libro les gustó más que la película no entienden que el literario y el audiovisual son lenguajes distintos. Esto implica un dilema para los guionistas: la autocensura por miedo al fandom (lo que suele dar resultados mediocres y aburridos) o bien traicionar al original y hacer que el público potencial (los adeptos) se enfaden.
Hacer un guion es hablar en audiovisual. En una novela, los mecanismos a usar son otros: puedes, perfectamente, crear un clímax con una conversación, por ejemplo, pero en pantalla no funciona. Hay que traducir las palabras en imágenes. De hecho, el buen guion es aquel que puede entenderse perfectamente sin necesidad de diálogos. De ahí que me cueste tanto aceptar el exceso de voz en off, por ejemplo.
Peor hay algo que hay que tener en cuenta. Cada autor puede interpretar una obra como quiera. El hecho de que una película no cumpla con tus expectativas como lector de la novela original, no implica que se haya «destrozado» nada. El libro sigue estando ahí.
Tres adaptaciones, tres resultados
Hablemos brevemente de tres adaptaciones muy recientes y exitosas con resultados muy distintos.
‘Cumbres Borrascosas’
Emerald Fennell no se ha cansado de decir que esta es su versión personal de la obra de Emily Brontë, de lo que sintió ella cuando leyó la novela por primera vez en la adolescencia. Nada que objetar. Todas las obras de arte son interpretadas por los consumidores, lectores o espectadores. Cada uno tiene su versión de una misma historia.
No me molestan ni los acrónimos ni las moderneces de esta película. Ni siquiera me parece un problema que no se haya respetado ni la edad ni la raza de los personajes originales. La estética es muy propia de Emerald Fennell uno me disgusta.
El gran pecado de Cumbres Borrascosas (la película) es que se llame Cumbres Borrascosas. No es una adaptación de la novela, es un fanfiction, es decir, el homenaje de un admirador a una novela pero que se separa narrativamente del original.
El diario de Bridget Jones, por ejemplo, es una adaptación no oficial de Orgullo y Prejuicio llevada al siglo XXI pero manteniendo muchos aspectos de la novela de Jane Austen. Aún así, a nadie se le ocurrió ponerle el título del libro.
La película protagonizada (malamente) por Margot Robbie y Jacob Elordi no tiene nada que ver con lo que quería expresar Emily Brontë. Se ha usado su nombre como marca, nada más.
‘Frankenstein’
En este caso, Guillermo Del Toro también ha hecho suya la historia pero de manera distinta a la de Emerald Fennell . Haciendo un esfuerzo por dejar la novela a un lado y no comparar, se puede decir que es una película bonita y romántica en todas las acepciones de ambas palabras. Un cuento gótico de hermosura desbordante pero plano en creencias y subrayados algo infantiles. Frankenstein no da miedo, de hecho, se aleja consciente y ruidosamente de cualquier sensación de inquietud y apuesta más por deslumbrar estéticamente y por mandar un mensaje edípico. Al final, el creador de títulos tan memorables como El laberinto del fauno o La forma del agua, ha querido hacer de este clásico de la literatura una sesión freudiana sobre las paternidades tóxicas y violencias familiares. Nos es mala película, al revés, pero me sabe a poco.
‘Hamnet’
Maggie O’Farrell, autora de la novela homónima ha escrito también el guión de la adaptación junto a la directora de la película, Chloé Zhao, y eso se nota. Cuando hablamos de respetar la esencia de la historia se trata de actualizar el mensaje intrínseco de la misma aunque sea con un lenguaje distinto. Aquí se consigue.
Es cierto que el libro está contado con constantes saltos en el tiempo y que la presencia del protagonista masculino es más bien fantasmal pero entiendo que en una película se opte por una narración lineal y darle más importante al hombre por aquello de hacerla más comercial.
Cierto es que la novela es más sutil que la película pero el mensaje y la hondura del libro se reflejan perfectamente en la pantalla.
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