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Bad Bunny

Por qué Ester Expósito y otras celebs entran en ‘La Casita’ pese a las críticas, según un psicólogo: «No puede comprarse y eso genera deseo»

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

La Casita de Bad Bunny se ha convertido en mucho más que un elemento escenográfico de su gira. Lo que nació como una recreación de las típicas casas puertorriqueñas donde el artista canta rodeado de invitados durante parte del concierto ha terminado abriendo un intenso debate en redes sociales sobre exclusividad, clasismo, cosificación y validación social. La polémica explotó todavía más después de que rostros conocidos como Ester Expósito aparecieran bailando junto al cantante en ese espacio VIP reservado a famosos e influencers. Las imágenes de la actriz desataron miles de comentarios y críticas, hasta el punto de que ella misma respondió públicamente denunciando «la mirada y el juicio de una parte de la sociedad muy misógina».

Mientras tanto, figuras como Carmen Lomana también han opinado sobre el fenómeno y sobre por qué rechazaron formar parte de esa experiencia. Para entender por qué un simple espacio dentro de un concierto ha provocado semejante conversación colectiva, hablamos con el psicólogo Andrés Montero, que analiza el fenómeno desde la necesidad humana de pertenencia, el FOMO y el impacto psicológico que tienen hoy las redes sociales.

La polémica que ha convertido ‘La Casita’ en el verdadero fenómeno del concierto

Durante los conciertos de Bad Bunny en Madrid, La Casita pasó rápidamente de ser una curiosidad estética a convertirse en uno de los temas más comentados de internet. Las críticas comenzaron cuando numerosos usuarios señalaron que la mayoría de personas invitadas parecían responder a unos cánones muy concretos: influencers, celebridades y mujeres jóvenes consideradas normativas. La conversación se hizo todavía más grande tras viralizarse varios vídeos de Ester Expósito bailando con el cantante. La actriz terminó respondiendo a las críticas y aseguró que «el problema no es un baile de dos segundos», sino «la mirada y el juicio de una parte de la sociedad muy misógina».

También se generó debate por el propio significado de ese espacio VIP. Lo que aparentemente quería representar una reunión popular y comunitaria terminó siendo interpretado por muchos usuarios como un símbolo de exclusividad y acceso restringido. Incluso algunos medios y expertos han señalado que el concepto original de la casa puertorriqueña se ha transformado en una experiencia aspiracional ligada al estatus.

En medio de toda esta conversación apareció también Carmen Lomana, que explicó públicamente por qué no acudió a La Casita, aumentando todavía más la curiosidad alrededor del fenómeno social que rodea a los conciertos del artista.

Bad Bunny. (Foto: GettyImages)

«Lo inaccesible aumenta exponencialmente el deseo»

Para Andrés Montero, la enorme obsesión colectiva alrededor de La Casita tiene una explicación psicológica muy clara: el valor simbólico de aquello que parece imposible de conseguir.

«Estamos ante un fenómeno de exclusividad percibida como valor simbólico máximo. Paradójicamente, el hecho de que La Casita no se venda es precisamente lo que genera una movilización tan intensa», explica el psicólogo.

Según Montero, el deseo se multiplica cuando el acceso depende de ser elegido y no del dinero. «Lo inaccesible aumenta exponencialmente el deseo. Cuando algo no puede comprarse ni conseguirse con esfuerzo, se convierte en un símbolo de estatus y de exclusividad máxima», señala.

Concierto de Bad Bunny. (Foto: EuropaPress)

La necesidad de pertenecer a algo

El psicólogo insiste en que el fenómeno no puede entenderse únicamente desde el fanatismo musical. Para él, lo realmente importante es la sensación de comunidad.

«Satisface una de las necesidades psicológicas más importantes que tenemos los seres humanos: la necesidad de pertenencia», explica. «Las personas necesitamos sentir que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos».

Por eso, añade, compartir gustos musicales genera conexiones tan rápidas e intensas. «La música funciona como un atajo identitario. Nos dice cosas sobre alguien que tardaríamos meses en descubrir mediante una conversación normal».

Bad Bunny. (Foto: GettyImages)

Redes sociales, validación y el juicio constante

La viralidad de los vídeos de Ester Expósito demuestra también, según el psicólogo, cómo las redes sociales han cambiado completamente la forma en la que vivimos las experiencias.

«Hemos pasado de una identidad basada en el ser a una identidad basada en el parecer ser», afirma. «Muchas personas sienten que una experiencia no está completamente vivida hasta que ha sido compartida, comentada o validada públicamente».

Esa exposición constante hace además que el juicio social sea mucho más agresivo e inmediato. En el caso de la actriz, miles de usuarios comentaron no sólo su presencia en La Casita, sino también su comportamiento, su físico o la manera en la que bailaba. Precisamente eso fue lo que ella denunció públicamente al hablar de «una parte de la sociedad muy misógina».

Montero cree que las redes amplifican enormemente estas dinámicas. «Ya no nos comparamos únicamente con nuestro entorno cercano, sino con miles de personas al mismo tiempo», explica.

Ester Expósito en el concierto con Bad Bunny. (Foto: EuropaPress)

El debate sobre cosificación y estética

Parte de las críticas hacia La Casita también han girado alrededor de la imagen femenina que proyecta el espacio. Muchas personas consideran que la selección de invitadas refuerza determinados cánones físicos y una representación muy concreta de la mujer.

Andrés Montero cree que el debate psicológico aquí es complejo. «El problema no es mostrar el cuerpo femenino», aclara. «El problema aparece cuando la mujer se presenta de forma continua y casi exclusiva como un objeto de deseo sexual».

El experto advierte además del impacto que puede tener esa exposición constante sobre la autoestima y la percepción social. «En las mujeres, los efectos suelen relacionarse con una mayor insatisfacción corporal y una tendencia a evaluar constantemente si cumplen o no los estándares que observan en su entorno».

En paralelo, el psicólogo también subraya que el fenómeno no puede analizarse de forma simplista. La conversación alrededor de Ester Expósito demuestra precisamente cómo muchas veces las críticas terminan centradas exclusivamente en las mujeres que participan en estos espacios, mientras el foco sobre el sistema que genera esas dinámicas queda en segundo plano.

Carmen Lomana. (Foto: EuropaPress)