El testamento de la duquesa de Kent rompe una tradición histórica de los Windsor: así repartió su fortuna de 1,7 millones
El testamento de Katharine Worsley, duquesa de Kent, ha desvelado cómo repartió una fortuna
La duquesa repartió una fortuna de 1,43 millones de libras (unos 1,7 millones de euros)
El documento supone una excepción dentro de la familia real británica

Más de 1,7 millones de euros, una exclusiva vivienda en uno de los barrios más cotizados de Londres, joyas, muebles y un reparto cuidadosamente diseñado. El testamento de Katharine Worsley, duquesa de Kent, ha permitido conocer por primera vez cómo quiso distribuir su patrimonio una de las integrantes más discretas de la familia real británica. Sus últimas voluntades, conocidas ahora de manera excepcional, no solo detallan quién heredará su fortuna, sino que también rompen con una de las tradiciones más herméticas de los Windsor, ya que los testamentos de los miembros de la realeza británica suelen permanecer sellados durante 90 años para proteger la privacidad de la institución.
La duquesa de Kent, fallecida el 4 de septiembre de 2025 a los 92 años, dejó un patrimonio neto valorado en 1,43 millones de libras esterlinas, unos 1,7 millones de euros al cambio. La cifra aparece reflejada en los registros sucesorios británicos, que han sacado a la luz un documento muy poco habitual dentro del entorno de la Corona. La explicación está en que Katharine Worsley dejó de formar parte de la primera línea institucional hace más de dos décadas. En 2002 solicitó a Isabel II abandonar definitivamente sus funciones como «working royal», una decisión que la desvinculó del blindaje legal que protege las últimas voluntades de los miembros activos de la familia real y que ha permitido conocer ahora cómo organizó el reparto de todos sus bienes.

El documento, firmado en octubre de 2022 bajo el nombre de Katharine Kent, deja claro que el primer beneficiario será su marido, el duque de Kent, con quien compartió 64 años de matrimonio. El aristócrata disfrutará durante el resto de su vida de los rendimientos económicos generados por el Worsley Settlement, el fideicomiso familiar en el que se concentra buena parte del patrimonio. Además, heredará todos los bienes personales de la duquesa, incluidas sus joyas, muebles y objetos privados, aunque ella dejó instrucciones para que algunas de esas pertenencias fueran entregadas posteriormente a otros familiares. Se trata de una fórmula habitual entre las grandes familias aristocráticas británicas, que garantiza al cónyuge el disfrute de los bienes mientras vive antes de ejecutar el reparto definitivo de la herencia.
Una vez liquidadas las obligaciones legales, los impuestos y el resto de gastos derivados de la sucesión, el patrimonio restante pasará a sus tres hijos, aunque no de manera equitativa. El heredero del ducado, George Windsor, conde de St Andrews, recibirá la mitad del capital. Lord Nicholas Windsor heredará un tercio de la fortuna, mientras que Lady Helen Taylor percibirá una sexta parte. El reparto mantiene el peso tradicional del primogénito dentro de la sucesión nobiliaria británica, aunque garantiza también un importante legado económico para el resto de los descendientes de la pareja.
Las últimas voluntades de la duquesa de Kent también incluyen varios legados personales que reflejan la importancia que concedía a su entorno más cercano. Entre ellos destaca su participación en una vivienda situada en Edwardes Square, en el exclusivo barrio londinense de Kensington, una de las zonas residenciales más cotizadas de la capital británica. Esa propiedad pasará directamente a manos de su nieto Edward Windsor, barón de Downpatrick, llamado a convertirse en el futuro duque de Kent. Asimismo, la aristócrata reservó 5.000 libras esterlinas para cada uno de sus nueve ahijados, un gesto poco frecuente en este tipo de testamentos y que pone de manifiesto el fuerte componente personal que quiso imprimir a sus últimas voluntades.
Más allá del reparto familiar, el documento también refleja el compromiso solidario que marcó los últimos años de la vida de Katharine Worsley. La duquesa destinó 10.000 libras a Future Talent Musicians, la organización benéfica que ella misma cofundó en 2004 para ayudar a jóvenes músicos con talento procedentes de familias con escasos recursos. La música fue una de las grandes pasiones de la aristócrata y ocupó un lugar central en su vida después de abandonar la agenda oficial de la monarquía. De hecho, este legado económico supone el último respaldo a un proyecto al que dedicó buena parte de su tiempo durante más de dos décadas.
La propia trayectoria vital de la duquesa de Kent explica por qué siempre fue considerada una de las figuras más singulares de los Windsor. Tras retirarse de la vida pública, pasó trece años viajando semanalmente en tren desde Londres hasta una escuela pública de Hull para impartir clases de música de forma completamente anónima bajo el nombre de «Mrs. Kent». Alejada del protocolo y de los focos, encontró en la enseñanza una nueva forma de servicio público que desarrolló sin hacer uso de su título nobiliario. Aquella etapa consolidó la imagen de una mujer que prefirió la discreción al protagonismo y que se alejó voluntariamente del papel institucional que había desempeñado durante décadas.
Su historia también quedó marcada por otra decisión sin precedentes. En 1993, Katharine Worsley anunció públicamente su conversión al catolicismo, convirtiéndose en la primera integrante de alto rango de la familia real británica en hacerlo desde comienzos del siglo XVIII. Esa elección también estuvo presente en su despedida, ya que su funeral, celebrado en la Catedral de Westminster, fue el primer funeral católico de un miembro de la realeza británica en la era moderna. Ahora, la difusión de su testamento vuelve a convertirla en una excepción dentro de la historia de los Windsor. Más allá de los 1,7 millones de euros que dejó en herencia, el documento ofrece una mirada inédita a la vida privada de una mujer que siempre eligió la sencillez, la música y la familia por encima del brillo de la Corona.