Ciencia
Paleontología

Los paleontólogos hallaron en 1871 años un fósil que no se sabía de qué especie era: hoy confirman que es un escorpión gigante de hace 415 millones de años

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El fósil que nos concierne aquí lleva desde 1871 guardado en los almacenes del Museo de Historia Natural de Londres. Durante más de un siglo, los expertos no lograron ponerse de acuerdo sobre a qué animal pertenecía: unos apostaban por un crustáceo prehistórico gigantesco, mientras otros no descartaban que se tratara de un escorpión gigante llegado de otra era.

La falta de piezas clave, como la cola, dificultó cualquier conclusión firme durante generaciones. No fue hasta la aparición de fósiles mejor conservados de otras especies parecidas que un equipo de científicos volvió a poner el caso sobre la mesa, dispuesto a resolver de una vez la identidad de este ejemplar centenario.

El escorpión gigante que resolvió un enigma de 150 años

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Palaeontology, confirma que los restos pertenecen a una nueva especie bautizada como Praearcturus gigas, un escorpión gigante que vivió hace 415 millones de años en lo que hoy es Inglaterra y Gales.

La investigación estuvo liderada por Richard Howard, del Museo de Historia Natural de Londres, junto a Russell Garwood, de la Universidad de Manchester, y Greg Edgecombe, también del museo londinense.

Con una longitud aproximada de un metro y pinzas de hasta dieciséis centímetros (más grandes que un cuchillo de mesa), Praearcturus gigas habría sido el escorpión más grande jamás confirmado por la ciencia: entre cuatro y cinco veces mayor que el escorpión más grande que existe en la actualidad.

Cómo un fósil de 1871 despistó a los científicos durante generaciones

Cuando los restos se describieron por primera vez en 1871, todo apuntaba a un crustáceo gigante similar a una cochinilla de mar. Los fósiles conocidos hasta entonces estaban incompletos y carecían de partes fundamentales, como la cola, lo que impidió una clasificación certera durante más de un siglo.

El punto de inflexión llegó con el hallazgo de Eramoscorpius brucensis, una especie descrita recién en 2015 que permitió comparar estructuras clave: la orientación de los dedos móviles de las pinzas y un esternón alargado con una ranura central. Esos detalles, exclusivos de los escorpiones, terminaron de despejar las dudas.

«Praearcturus nos ha desconcertado durante más de un siglo», reconoció Russell Garwood, investigador de la Universidad de Manchester y uno de los autores del estudio.

Así cazaba este escorpión gigante: era un depredador anfibio sin rivales

Los investigadores creen que Praearcturus gigas se movía entre el agua y la tierra, en las llanuras de inundación que existían hace 415 millones de años entre lo que hoy es Inglaterra y Gales, como se mencionó previamente.

Sus estructuras corporales, similares a aletas, sugieren que podía nadar con facilidad, además de desplazarse fuera del agua.

Cabe recordar que el límite entre el mar y la tierra firme era mucho menos definido en esa época, según explicó Greg Edgecombe, otro de los autores del estudio. El hallazgo, señaló, ofrece una visión valiosa de cómo los primeros animales se adaptaron a esos entornos cambiantes.

El equipo apunta además a que la ausencia de grandes depredadores en ese ecosistema pudo permitir que el animal alcanzara semejante tamaño, capaz de cazar peces y otros animales acuáticos sin competencia real.

¿Qué nos revela este hallazgo sobre los museos de historia natural?

El caso de Praearcturus gigas demuestra que muchas respuestas sobre la evolución animal siguen esperando dentro de los cajones de los museos de historia natural. Richard Howard destacó que ejemplares recolectados hace más de un siglo pueden ofrecer hoy «descubrimientos completamente nuevos» gracias a las técnicas de imagen y análisis actuales.

Reiteramos en este sentido que los fósiles utilizados para identificar a esta nueva especie llevaban más de 150 años en la colección del museo londinense, sin que nadie hubiera podido confirmar su verdadera naturaleza hasta ahora.

Praearcturus gigas pasa así a ocupar el primer puesto entre los escorpiones más grandes jamás documentados, con un ejemplar cuyo cuerpo, cola incluida, habría alcanzado el tamaño de un niño pequeño.