No parecía posible, pero China ya le roba ideas a la NASA: está diseñando un ‘robot-araña’ para fabricar satélites en el espacio
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China ha dado un paso firme en la carrera por la hegemonía espacial al presentar un sistema de construcción robótica que copia sin lugar a dudas los planes previos de la NASA.
Científicos de la potencia asiática han logrado desarrollar tecnologías que podrían usarse para fabricar estructuras de satélites de gran escala directamente fuera de la atmósfera terrestre, superando así los límites físicos de los cohetes actuales.
Este nuevo enfoque, liderado por investigadores del norte de China, propone un cambio de paradigma en el despliegue de infraestructuras en el espacio. El objetivo principal reside en eliminar la necesidad de plegar componentes complejos dentro de los carenados de los proyectiles, una limitación que hasta ahora impide la creación de antenas o paneles de kilómetros de extensión.
Según la información publicada en la revista Space: Science & Technology, el equipo del Instituto de Automatización de Shenyang ya dispone de un método funcional para materializar este concepto de robot constructor.
El robot-araña de China: la solución para fabricar satélites gigantes
La respuesta al desafío de las dimensiones en el espacio llega de la mano de un robot con capacidades similares a las de un arácnido mecánico. El equipo de Shenyang ha diseñado un sistema capaz de producir piezas estructurales de alta resistencia de manera eficiente y conectarlas de forma fiable en el vacío.
Mediante el uso de un material compuesto de fibra de carbono, el dispositivo moldea tubos huecos bajo condiciones de calor y presión, los cuales se unen a juntas creadas con impresión 3D a través de soldadura láser.
Según un artículo del South China Morning Post, uno de los periódicos más importantes de Hong Kong, esta técnica permite prescindir de pernos o pegamentos, elementos que suelen fallar o añadir peso innecesario en misiones de larga duración.
Al fabricar y ensamblar los componentes in situ, el robot de China elimina el riesgo de daños que sufren las estructuras delicadas durante las intensas vibraciones de un lanzamiento convencional.
Los investigadores ya han probado esta metodología con una estructura de antena a escala en sus laboratorios, lo que demuestra que la unión de los tubos y los conectores láser resulta en vínculos ligeros pero extremadamente robustos para futuros satélites.
¿Por qué es mejor construir en el espacio?
La construcción en órbita supone una ventaja competitiva incuestionable para China. Hasta la fecha, el tamaño de cualquier objeto enviado al espacio dependía del diámetro del cohete. Con este avance, China rompe las reglas del juego, ya que las piezas se manufacturan directamente arriba, lo que permite proyectar sistemas de próxima generación con dimensiones imposibles de transportar desde la Tierra.
Desde el Instituto de Automatización de Shenyang, una entidad que figura en la lista de restricciones comerciales de Estados Unidos desde 2022, aseguran que esta tecnología «resulta vital» para los sistemas espaciales del futuro.
Los beneficios de este método de araña robótica incluyen:
- Aumento masivo en la eficiencia de empaquetado de materia prima.
- Eliminación de mecanismos de despliegue complejos y costosos.
- Capacidad para crear antenas y paneles solares de cientos de metros de longitud.
- Reducción de los costes de ingeniería asociados a la supervivencia del lanzamiento.
SpiderFab: el sueño original de la NASA que copia China
Aunque los avances actuales provienen de Oriente, el concepto de un robot tejedor de estructuras espaciales nació en despachos estadounidenses hace más de una década.
La NASA financió en su momento el proyecto denominado SpiderFab, una iniciativa de la empresa Tethers Unlimited, Inc. dirigida por Robert Hoyt. La idea original de esta araña mecánica buscaba precisamente transformar materia prima compacta en sistemas operativos de alto rendimiento una vez alcanzada la órbita, funcionando como una suerte de crisálida tecnológica.
El programa SpiderFab de la NASA investigó la viabilidad de adaptar técnicas de fabricación aditiva y ensamblaje robótico para escapar de las restricciones de volumen de los carenados de lanzamiento. Aquel proyecto planteaba que la fabricación en órbita cambiaría la ecuación de costes, permitiendo aperturas de antenas de escala kilométrica.
Sin embargo, pese a las fases de análisis y desarrollo inicial, el sistema nunca llegó a operar en el espacio.
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