Medicane, el gran ciclón del Mediterráneo
Metales con memoria de forma inteligente que prometen revolucionar la robótica blanda y la biomedicina avanzada
Parece ciencia ficción pero no lo es: científicos descubren que la lluvia activa las señales eléctricas entre setas
Registran a 710 metros de profundidad en el Océano Atlántico un pez de cabeza transparente y ojos tubulares
Llegado el otoño y siempre hacia finales del verano solemos entrar en época de ciclones y tifones. La mayor parte de ellos pasan desapercibidos en cuanto a sus consecuencias en tierras europeas. Sin embargo, no estamos tan a salvo como pensamos, ya que también el Mediterráneo sufre las consecuencias de estos fenómenos meteorológicos. El más conocido se llama Medicane.
Es cierto que estos terribles fenómenos que desatan grandes tormentas suelen tener lugar en el Océano Pacífico y otros, y que suelen acercarse a la parte de los trópicos terrestres. Pero realmente nadie está a salvo del poder de estas tormentas.
Si miramos el mapa del tiempo de este fin de semana, podemos ver cómo Medicane ha azotado costas de Italia, pero principalmente Grecia, Turquía y Libia, y es que nadie está a salvo del poder del mar y los cielos.
No obstante, este ciclón mediterráneo se ha transformado en uno de los fenómenos más curiosos del mundo, puesto que es de baja frecuencia, pero bastante destructivo pese a que rara vez alcanza categoría de huracán.
Cómo es el ciclón Medicane
Este ciclón se suele producir una vez por año nada más. Lo normal es que tenga lugar entre septiembre y octubre, siempre que las temperaturas marítimas sean relativamente cálidas para esta época del año.
Este pasado fin de semana se registró el fenómeno a través de una tormenta que ha sido identificada como Jenofonte. Entre sus características principales está el hecho de que crea una cubierta de nubes simétricas y totalmente continua en torno al ojo del ciclón que se puede observar perfectamente desde la Tierra.
Este fenómeno se forma de la misma manera que un ciclón, por medio del calor latente. Así pues, su ojo central produce fuertes vientos y precipitaciones intensas.
Sin embargo, los diámetros de los ciclones mediterráneos son claramente inferiores a los tropicales en más de 80 kilómetros, por lo que no suelen ser tan destructivos. Aun así, alcanzan velocidades de unos 100 kilómetros por hora respecto a sus vientos y son capaces de provocar lluvias torrenciales que terminan en inundaciones peligrosas.
Se considera que este fenómeno alcanza su mayor grado de parecido a un ciclón tropical solamente sobre el mar. No obstante, siempre que se anuncia su formación y llegada, es importante estar perfectamente prevenidos para evitar grandes desgracias.
De momento, este año, no hay sido muy peligroso, aunque todos los elementos de prevención estaban alerta por su peligrosidad.
Temas:
- Ciclón
Lo último en Ciencia
-
Metales con memoria de forma inteligente que prometen revolucionar la robótica blanda y la biomedicina avanzada
-
Parece ciencia ficción pero no lo es: científicos descubren que la lluvia activa las señales eléctricas entre setas
-
Registran a 710 metros de profundidad en el Océano Atlántico un pez de cabeza transparente y ojos tubulares
-
Los biocientíficos asimilan el impacto: un investigador chileno encuentra en el desierto de Atacama una enzima que puede degradar el plástico
-
El día en que la atmósfera terrestre se derrumbó: la verdadera historia detrás de la mayor extinción masiva jamás registrada
Últimas noticias
-
El etarra Otegi saca pecho con el homenaje a la ikurriña en el derbi vasco: «Superando las prohibiciones del franquismo»
-
La lección vital de Tom Hanks sobre la felicidad: «El invierno debe ser muy frío para aquellos que no tienen cálidos recuerdos»
-
La frase de Ana Botín (65 años), sobre el liderazgo: «De pequeña me grabaron a fuego que el apellido no era un regalo sino una responsabilidad»
-
La importante reflexión de Stephen Hawking, físico: «El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento»
-
La psicología dice que los adultos que bajan la mirada al hablar con otros no lo hacen por timidez; más bien están concentrados pensando la respuesta adecuada