Investigadores chilenos descubren 3 microorganismos que sobreviven en el desierto de Atacama, y quieren usarlos en agricultura
A veces aparecen grandes restos arqueológicos en el desierto, pero en lugares como Atacama es más difícil pensar que se desarrolle vida. Y es que lo que se suele destacar es la falta de agua y otras condiciones amables con la biodiversidad.
Sin embargo, la Universidad de Atacama ha identificado tres microorganismos propios del desierto que han conseguido adaptarse al entorno. La investigación se está llevando a cabo tanto en el terreno como en el laboratorio.
Lo más importante de estos microorganismos es que sobreviven a la alta radiación UV, la salinidad extrema y la escasez hídrica. Por ello puede tener aplicaciones en la agricultura, en la recuperación medioambiental y en la minería.
Los tres microorganismos que logran sobrevivir en el desierto de Atacama
El proyecto está liderado por Rómulo Oses, académico e investigador de la Universidad de Atacama. Su equipo ha catalogado microorganismos propios de una de las regiones más exigentes del planeta desde el punto de vista ambiental.
Entre los tres microorganismos identificados destacan dos bacterias: Arthrobacter endophyticus y Cellulomonas atacamensis. Ambas han mostrado una alta capacidad de adaptación a condiciones extremas.
Pero lo mejor de todo es que no sólo resisten, sino que, según la Universidad de Atacama, estos microorganismos también pueden ser beneficiosos para la agricultura, ya que facilitan la adaptación de las plantas de cultivo en suelos degradados.
Es decir, no hablamos únicamente de microorganismos capaces de sobrevivir en el desierto, sino de una biodiversidad microscópica que puede usarse como herramienta en territorios marcos por el estrés hídrico, los suelos difíciles y el cambio climático.
Cómo han creado el catálogo microbiano del desierto de Atacama
Los científicos trabajaron sobre gradientes ambientales de la Región de Atacama, desde la costa hasta la alta montaña, pasando por los valles y los salares con el objetivo de tener una visión más amplia.
De hecho, los investigadores utilizaron tecnología avanzada como sensores remotos, imágenes satelitales, drones y escáneres de suelo. Ese enfoque permitió observar el territorio por capas, no sólo como un paisaje árido visto desde la superficie.
La idea central es que la formación del suelo no depende únicamente de procesos geológicos. La biota microbiana también participa en esa dinámica y puede actuar como motor de resiliencia dentro del ecosistema.
Por eso el desierto de Atacama funciona como un laboratorio natural muy particular. La escasez de agua, la salinidad y la radiación no impiden la vida, sino que empujan a ciertos microorganismos a desarrollar adaptaciones que pueden resultar valiosas fuera del propio desierto.
Para qué sirve tener un banco de microorganismos del desierto
Con estos tres microorganismos y el resto de descubrimientos, el siguiente paso de la Universidad de Atacama será crear un banco de germoplasma microbiano.
Este repositorio permitirá conservar y gestionar recursos genéticos propios de la macrozona norte de Chile. Aunque hay que cogerlo con cautela, el potencial es elevado.
Por ejemplo, estos microorganismos pueden servir para procesos de biorremediación de suelos contaminados, para técnicas vinculadas a una minería más sostenible y para soluciones agrícolas en zonas áridas.
Además, la universidad también desarrolla pruebas de resistencia en ambientes simulados de borde, lo que ayudará a saber cómo se comporta la vida en condiciones extremas.