Investigadores andaluces analizan ADN de microorganismos en cuevas volcánicas de Lanzarote, y creen poder replicarlo en Marte
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Cuando se trata de exploración espacial, hay descubrimientos que cambian todo lo que se pensaba y este es uno de esos casos. Un equipo científico internacional liderado desde Sevilla ha logrado analizar el ADN de microorganismos en tiempo real dentro de una cueva volcánica, sin sacar las muestras del lugar donde se recogen.
El escenario elegido fue el tubo volcánico de La Corona, en Lanzarote, una cavidad subterránea formada hace 25.000 años cuyas condiciones de oscuridad, escasez de nutrientes y temperatura estable replican lo que los científicos esperan encontrar bajo la superficie de Marte. Eso es precisamente lo relevante: si el método funciona aquí, puede funcionar en el planeta rojo.
Así es el método que el IRNAS-CSIC quiere replicar en los tubos de lava de Marte
El trabajo liderado por el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC), con la colaboración de la Agencia Espacial Europea y la NASA, ha desarrollado un protocolo completo de búsqueda, extracción y análisis genético autónomo que podría funcionar en otro planeta sin depender de ningún laboratorio terrestre.
La investigadora Ana Zélia Miller explica el proceso: los científicos raspan la roca, extraen el ADN de la muestra y lo conectan a un secuenciador portátil del tamaño de un teléfono móvil. En minutos, el dispositivo identifica qué microorganismos están presentes.
Todo ocurre dentro de la cueva, en el mismo punto donde se recoge la muestra. Hasta ahora, las muestras viajaban de vuelta a la Tierra para ser analizadas, un proceso que cuesta años y millones de euros. Con este método, el análisis ocurre en el acto.
El astronauta de la ESA Matthias Maurer participó en la misión dentro del programa PANGAEA-X, diseñado para entrenar astronautas en entornos que simulan otros planetas.
Maurer realizó experimentos científicos dentro del tubo volcánico tras formarse con el equipo del IRNAS-CSIC, lo que demostró que un astronauta puede tomar decisiones científicas autónomas sobre el terreno. En Marte, donde las señales de radio tardan entre 4 y 24 minutos en llegar, esa autonomía no es un lujo sino una necesidad.
Cómo son los microorganismos que los investigadores encontraron en las cuevas volcánicas de Lanzarote
El análisis reveló un ecosistema microbiano organizado según la disponibilidad de recursos. Cerca de la entrada, donde llega materia orgánica del exterior, predominan bacterias que descomponen esos compuestos.
En las zonas más profundas, con minerales como el yeso y escasos nutrientes, viven microorganismos que extraen energía directamente de la roca, procesando hierro, azufre y dióxido de carbono sin necesidad de luz solar ni materia orgánica. Algunas especies presentan además una tolerancia extrema a la sal, con concentraciones hasta cinco veces superiores a las del océano.
Los investigadores identificaron cerca de 9.000 muestras de ADN pertenecientes a más de 10 especies de bacterias. Entre ellas destacan bacterias filamentosas del grupo Actinomycetota, que forman redes de hilos microscópicos anclados a la roca volcánica, y la especie Sporosarcina newyorkensis, capaz de transformarse en endosporas con una corteza tan resistente que le permite sobrevivir en estado latente durante siglos si el entorno se seca por completo.
Por qué es importante el hallazgo del IRNAS-CSIC para la búsqueda de vida en Marte
La superficie de Marte está esterilizada por la radiación cósmica y solar. Si existe vida en el planeta rojo, o existió alguna vez, los tubos de lava son el único entorno donde podría haberse conservado, pues ofrecen protección frente a la radiación, temperatura más estable y posibilidad de agua congelada en el subsuelo.
El equipo del IRNAS-CSIC no sólo encontró microorganismos vivos, sino también biosignaturas: huellas físicas y químicas de actividad biológica conservadas en la roca durante miles de años. Pequeñas perforaciones en minerales, alteraciones en la composición química de los sulfatos y restos de metabolismo microbiano fosilizado.
«Estas cuevas funcionan como un archivo natural que conserva evidencias de la actividad biológica pasada y presente», señala Ana Zélia Miller. En Marte, donde la vida celular activa es poco probable, buscar esas huellas puede ser más útil que buscar organismos vivos.
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