EEUU reescribe las leyes energéticas: fabrica una batería de zinc impresa en 3D con un material 100 veces más abundante que el litio
Un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha desarrollado en Estados Unidos una batería de zinc fabricada con impresión 3D que multiplica por siete la carga de otros dispositivos híbridos parecidos. El avance apunta a un almacenamiento de energía más barato y más sostenible.
El hallazgo se publicó en la revista científica Small en junio de 2026. Se trata de una batería de ion de zinc de tipo híbrido, un diseño que une el funcionamiento de una batería convencional con el de un supercondensador.
¿Cómo funciona la batería de zinc impresa en 3D de la UCLA?
La batería tiene dos partes con funciones distintas. Uno de los terminales actúa como una batería tradicional, mientras que el otro emplea un electrodo de carbono parecido al de los supercondensadores, cargado con óxido de vanadio. Esa combinación permite guardar mucha energía y liberarla con rapidez.
Ese enfoque híbrido reúne lo mejor de dos mundos. Una batería convencional almacena mucha energía, pero se carga despacio, mientras que un supercondensador se carga muy rápido y guarda poca carga. El nuevo diseño busca acercarse a ambas cosas a la vez.
La clave está en el método de fabricación. El equipo parte de una resina líquida que se solidifica al instante cuando recibe la luz de un láser ultravioleta. Después, la estructura pasa por procesos de calor y tratamiento químico hasta quedar convertida en un carbono conductor lleno de cavidades internas.
Ese carbono poroso es lo que dispara la capacidad del dispositivo. La impresión 3D permite crear una arquitectura interna imposible de lograr con los métodos habituales, con una superficie enorme donde se almacena la carga.
Siete veces más almacenamiento y 1.500 ciclos de duración
El resultado más llamativo es la capacidad de carga, puesto que esta batería de zinc almacena más de siete veces la carga de otros dispositivos híbridos de su misma categoría, la cifra que distingue al prototipo frente a las alternativas actuales del sector.
El prototipo también conserva el 82 % de su capacidad después de 1.500 ciclos de carga y descarga, un buen indicador de durabilidad para este tipo de tecnología. La superficie interna del material resulta difícil de imaginar. Según Interesting Engineering, un solo gramo equivale a unos diez campos de tenis si se extiende por completo.
¿Por qué el zinc puede sustituir al litio en Estados Unidos?
La apuesta por el zinc responde a un problema de materiales. El litio es escaso y difícil de extraer, mientras que el zinc es unas cien veces más abundante, más fácil de minar y más sencillo de reciclar. Eso abarata el coste y reduce el impacto ambiental de la producción.
Esa diferencia de disponibilidad es la que vuelve atractiva la propuesta. Un material tan común permite pensar en una fabricación a gran escala sin depender de un recurso tan limitado como el litio, y su reciclaje más simple reduce los residuos al final de la vida útil de la batería.
Los responsables del proyecto defienden un modelo de almacenamiento variado, en lugar de una única solución dominante.
«El futuro del almacenamiento de energía no lo definirá una sola tecnología», afirmó Maher El-Kady, investigador del departamento de química y bioquímica de la Universidad de California en Los Ángeles.
En el trabajo participó Ric Kaner, catedrático distinguido de química, bioquímica y ciencia de materiales en la misma universidad. La primera autora del estudio es Sophia Uemura, que se doctoró en ese mismo centro.