En China ya se han pasado el juego: logran crear energía limpia a partir de las hojas secas que se caen al suelo
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China produce alrededor de 3.500 millones de toneladas anuales de recursos de biomasa agrícola, forestal y doméstica. Buena parte de ese material, durante décadas, acabó quemado al aire libre o directamente en vertederos, sin ningún aprovechamiento. La búsqueda de fuentes de energía limpia ha puesto el foco sobre algo que siempre estuvo ahí, literalmente tirado en el suelo.
Quizás no muchos lo sepan, pero las hojas secas que caen de los árboles en otoño son, en teoría, un recurso abundante, gratuito y renovable. Transformarlas en un combustible aprovechable requiere tecnología específica, y es en ese proceso donde China ha apostado con fuerza en los últimos años para reducir su histórica dependencia del carbón.
¿Cómo hace China para convertir las hojas secas en energía limpia?
El resultado final del proceso que estamos por conocer a continuación son pequeños cilindros de biomasa comprimida conocidos como pellets, que se emplean como combustible en calderas industriales, estufas y sistemas de calefacción doméstica.
La relación entre residuo y producto es lo que hace atractivo el modelo: una tonelada de residuo vegetal puede sustituir a 0,6 toneladas de carbón estándar, y las emisiones de dióxido de azufre caen a la décima parte respecto a la combustión del mineral.
Y claro, esto no es un matiz menor en un país que aún depende del carbón para buena parte de su suministro energético.
Los pellets de hojas comprimidas alcanzan una densidad mínima de 650 kg/m³, frente a los 180 kg/m³ de las hojas sin procesar. Esa diferencia mejora la eficiencia de combustión, facilita el transporte y permite almacenar mucho más material en el mismo espacio.
Para reforzar la cohesión, se mezcla el material con aserrín: las hojas solas no contienen suficiente lignina para mantener la forma bajo presión.
Del suelo a la caldera: ¿Cómo se fabrica este combustible?
El proceso empieza con la trituración del material hasta obtener partículas de menos de cinco milímetros. Después, se ajusta el contenido de humedad hasta situarlo entre el 10 % y el 15 %, rango necesario para que la compresión funcione bien.
El material pasa entonces por la peletizadora, que lo fuerza a través de los orificios de un dado metálico a alta presión; un cuchillo corta los pellets a la longitud deseada.
Los equipos disponibles abarcan desde modelos de 50 kg/h para uso doméstico o agrícola a pequeña escala, hasta peletizadoras industriales de dado anular que producen entre 0,3 y 4,5 toneladas por hora.
Algunas instalaciones chinas han llegado a procesar 100 toneladas diarias de residuo vegetal. La configuración concreta depende del volumen de materia prima disponible, la humedad de partida y el destino del combustible.
La biomasa en China: una industria de energía limpia que lleva décadas creciendo
Según afirma la Administración Nacional de Energía de China, el país cerró 2024 con una capacidad instalada de biomasa de 45,99 millones de kilovatios y una generación total de 208.300 millones de kilovatios-hora. El sector aprovecha paja de trigo, maíz y arroz, residuos madereros y, cada vez más, los desechos vegetales urbanos como las hojas de parques y jardines.
La tecnología de peletización comenzó a desarrollarse en el país en la década de 1990, cuando las primeras plantas apenas alcanzaban 100-200 kg/h de producción.
La ciudad de Xuzhou, en la provincia de Jiangsu, opera diecisiete plantas de biomasa a gran escala con una capacidad combinada de 335,6 megavatios.
Solo ese conjunto genera cerca de 2.000 millones de kWh al año, evita el consumo de 90.000 toneladas de carbón equivalente y reduce en 200.000 toneladas las emisiones de CO₂ anuales.
Los pellets y su mercado con proyección mundial
El mercado global de pellets de biomasa fue valorado en 13.360 millones de dólares en 2024. Las proyecciones lo sitúan por encima de los 33.000 millones en 2033, con la presión regulatoria europea y la demanda asiática como principales factores de crecimiento.
Hoy China es el mayor fabricante mundial de maquinaria para producción de pellets y exporta equipos a instalaciones de decenas de países. Así, la lógica se repite: aprovechar los residuos orgánicos locales (hojas de árbol, cáscaras de arroz, restos de poda) en lugar de importar combustibles fósiles.
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