Ciencia
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En 1988 un agricultor decidió dejar de cultivar sus 152 hectáreas de tierra: 38 años después se ha convertido en un refugio de animales

  • Xabier Vergara
  • Xabier Vergara (Pamplona, 2004). Especialista en periodismo SEO y en actualidad polideportiva. Con experiencia en medios nacionales de referencia como El País (Grupo Prisa), MARCA y ahora en OkDiario. Perfil mixto entre redacción de noticias y análisis de métricas en tendencia.

Hace 38 años, Hugh White, agricultor inglés, tomó la decisión de cesar la actividad de cultivo de trigo en su granja de 152 hectáreas. Una decisión que cambió radicalmente el futuro del terreno, ya que con el paso de los años, este se ha convertido en un denso bosque joven, dando paso a lugares verdes y praderas rebosantes que se han convertido en un refugio animal.

Al dejar a un lado todo el cultivo y el arado del terreno, este fue capaz de ir recuperando poco a poco la fauna y la flora que hacía años había perdido con la actividad agrícola. Con el paso del tiempo, tras abandonar el terreno, empezaron a aparecer árboles y matorrales que han convertido la zona en un refugio para varias especies.

Cómo cambia la naturaleza sin actividad humana

Al igual que lo que vivimos durante la cuarentena, el terreno natural recupera su densidad y su vida cuando el ser humano cesa su actividad en ellos. Esto mismo sucedió en estos campos, que se transformaron en un espacio muy valioso para distintas especies de pájaros. Según los análisis llevados a cabo sobre el terreno, cerca de la mitad de los ruiseñores que se reproducen en la zona habitan en estas hectáreas.

Además, según los registros, en este terreno habitan otras especies de aves que residen en masa ahí. Asimismo, fueron identificadas 11 especies distintas de murciélagos y múltiples flores salvajes. Tras el fallecimiento de White, su familia tomó la decisión de mantener el terreno en su estado natural, para evitar que volviera a ser utilizado para la agricultura intensiva.

Una recaudación millonaria para proteger el terreno

Ante esta situación, varias instituciones dedicadas al cuidado y la protección de los terrenos naturales de la zona comenzaron a encargarse de esta situación, lanzando una campaña para conseguir el dinero necesario para comprar el terreno y proteger aquellos sectores de la zona que todavía no estaban asegurados.

La compra se formalizó a cambio de 1,5 millones de libras, que se consiguieron gracias a las donaciones de más de 3.800 personas, que aportaron un tercio de todo ese dinero, mientras que el resto llegó a través de fondos, organizaciones y una donación privada que fue crucial.