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Los psicólogos infantiles coinciden e instan a usar el ‘método Jessica’ para calmar los berrinches de tus hijos en segundos

Cualquier padre o madre sabe lo que es una rabieta, y como puede darse en casa, por algo sin importancia, o en medio de la calle cuando menos te lo esperas. Y cuando sucede todo se complica ya que implica llanto, enfado, nervios y esa sensación de no saber muy bien cómo reaccionar en ese momento. Por suerte muchos padres parece que han encontrado el truco definitivo para acabar con las rabietas de los niños. El método Jessica que es viral en redes.

Por su nombre puede sorprender, pero el método Jessica es una idea sencilla y que básicamente consiste en que cuando el niño está llorando sin parar, el adulto empieza a llamar a Jessica como si buscara a alguien que no está. Lo curioso es lo que pasa después. En muchos casos, el niño se queda quieto, deja de llorar por un instante y mira alrededor, como intentando entender qué ocurre. Y ahí es donde surge la duda que muchos se hacen: ¿de verdad funciona o es solo algo que impacta en vídeo pero poco más?

Los psicólogos infantiles coinciden e instan a usar el ‘método Jessica’

La técnica de este truco aunque sea eficaz, no tiene misterio ya que en lugar de intentar razonar con el niño o pedirle que se calme, lo que nos permite es introducir un estímulo completamente inesperado. El adulto repite un nombre, normalmente «Jessica», sin que tenga ningún sentido dentro de la situación y claro, ese cambio rompe el momento. El niño deja de llorar unos segundos, mira a su alrededor y trata de entender qué está pasando. La rabieta no desaparece como tal, pero se interrumpe. Y eso, precisamente, es la clave.

Qué pasa en el cerebro del niño

Para entender por qué ocurre esto, hay que mirar al desarrollo infantil. Entre los dos y los cuatro años, los niños aún no tienen la capacidad de gestionar emociones intensas. Cuando se frustran, entran en un bucle del que no saben salir solos. En ese estado, todo su foco está en la emoción. No escuchan razones ni explicaciones. Pero si aparece algo completamente nuevo, su atención cambia de dirección.

La sorpresa actúa como un corte. El cerebro deja de centrarse sólo en el enfado y se activa la curiosidad. Es un cambio brusco, pero efectivo a corto plazo. Por eso el niño se detiene. No porque haya resuelto lo que siente, sino porque su mente se ha desviado hacia otra cosa.

No es el nombre, es el efecto sorpresa

Una de las dudas más comunes es si «Jessica» tiene algo especial. y los expertos lo tienen claro de modo que podría ser cualquier otro nombre, ya que lo que funciona es introducir algo inesperado, algo que no encaja con lo que está pasando. Los niños pequeños reaccionan con mucha intensidad ante lo nuevo, y eso es lo que aprovecha esta técnica. También influye el tono. En muchos casos, los padres lo hacen con una voz calmada, sin tensión. Ese cambio en la forma de hablar también ayuda a rebajar el ambiente.

Por qué no es una solución a largo plazo

Aunque el resultado pueda parecer eficaz, los psicólogos advierten de sus límites. El método Jessica no enseña al niño a gestionar la emoción, solo la interrumpe. Esto es importante porque las rabietas cumplen una función. Son una forma de expresar lo que el niño todavía no sabe explicar con palabras. Y, con el tiempo, son parte del aprendizaje emocional así que si siempre se evita ese proceso con distracciones, el niño no practica cómo calmarse. No aprende que después del enfado puede volver a la calma por sí mismo. Es decir, que dejar de llorar no significa haberse calmado.

Cuándo puede ser útil

Eso no significa que haya que descartarlo por completo. Puede tener sentido en momentos concretos. Por ejemplo, en una situación pública, cuando la rabieta está subiendo mucho o cuando el adulto necesita bajar la intensidad rápidamente. En esos casos, interrumpir el momento puede ayudar a que todo vuelva a un punto más manejable. El problema aparece cuando se convierte en la estrategia habitual. Si se usa siempre, pierde eficacia y, además, evita que el niño desarrolle herramientas propias.

Cada niño reacciona de forma distinta

Otro punto a tener en cuenta es que no todos los niños responden igual. Algunos pueden reaccionar bien a ese cambio de atención, pero otros pueden sentirse más confundidos. Especialmente en niños más sensibles o que necesitan rutinas claras, un estímulo inesperado puede no funcionar como se espera. Por eso los expertos insisten en que no hay fórmulas universales.

Acompañar sigue siendo lo más importante

Más allá de técnicas puntuales, la base sigue siendo la misma: acompañar al niño en ese momento. Esto no significa ignorar la rabieta ni dejar que haga lo que quiera, sino que significa estar presente, poner palabras a lo que siente y ayudarle a atravesarlo. Frases simples como «sé que estás enfadado» o «esto es difícil» pueden parecer pequeñas, pero ayudan a que el niño entienda lo que le pasa.

El éxito del método Jessica tiene mucho que ver con la necesidad de soluciones rápidas. Las rabietas incomodan, generan estrés y, muchas veces, hacen sentir desbordados a los adultos. Por eso cualquier técnica que prometa detenerlas en segundos resulta atractiva. Sin embargo, tal y como advertimos, los especialistas coinciden en algo: puede ser útil como recurso puntual, pero no debería sustituir el acompañamiento emocional.

@nessa31_88_ The Jessica Method works !!! 🤣@Cristina S #momlife #jessica #fyp ♬ original sound – SimplyNessa | Simple Lifestyle