Bebés
Psicología

La psicología afirma que los niños que no juegan con otros niños de pequeños desarrollan peores habilidades sociales en la adolescencia

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

El juego compartido durante la infancia no solo sirve para entretener. También ofrece un espacio en el que los niños aprenden a relacionarse, negociar, respetar normas y gestionar sus emociones.

La reducción de estas experiencias puede dejar menos oportunidades para practicar unas habilidades sociales que resultan muy importantes al llegar a la adolescencia.

Los niños que juegan menos con otros niños tienen menos oportunidades de aprender a relacionarse

Jugar con otros niños obliga a afrontar situaciones que difícilmente aparecen durante el juego individual. Decidir a qué jugar, esperar un turno, aceptar una derrota o resolver una discusión son pequeñas experiencias cotidianas que permiten desarrollar recursos para la convivencia.

Durante la infancia, las relaciones con los niños adquieren progresivamente mayor importancia. Entre los 3 y los 5 años aparecen formas de juego cooperativo, mientras que posteriormente las amistades incorporan confianza, reciprocidad y experiencias compartidas.

El juego libre también está relacionado con el aprendizaje de estrategias sociales. Los espacios de juego ofrecen oportunidades para establecer amistades y practicar comportamientos vinculados con la cooperación y la adaptación social.

¿Qué habilidades sociales desarrolla un niño cuando juega con otros?

El juego entre niños funciona como una especie de entrenamiento cotidiano. Los menores aprenden a interpretar gestos y reacciones, expresar lo que quieren, ceder, defender sus intereses y modificar su comportamiento cuando una situación no funciona.

También practican la resolución de conflictos. La entrada en los grupos y la capacidad para mantener el juego son elementos fundamentales de las relaciones entre niños.

El juego no garantiza por sí solo que un adolescente tenga buenas habilidades sociales. La personalidad, el entorno familiar, el colegio y las experiencias posteriores, por supuesto, también influyen.

Por eso, resulta más preciso hablar de oportunidades de aprendizaje que de una relación automática entre jugar poco y desarrollar problemas sociales.

El descenso del juego infantil preocupa a los expertos

En España, un informe difundido por Lúdilo a partir de un estudio elaborado por Psyma para la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) señala que los niños españoles juegan alrededor de una hora y media diaria y que, además, abandonan el juego a edades cada vez más tempranas. Esta evolución está relacionada con una mayor presencia de pantallas y otras actividades estructuradas.

La cuestión también ha sido estudiada fuera de España. El psicólogo Peter Gray analizó en American Journal of Play el descenso del juego libre con otros niños durante las últimas décadas y su coincidencia con un aumento de indicadores de ansiedad, depresión y otros problemas psicológicos entre jóvenes.

El autor plantea una posible relación entre ambos fenómenos, aunque se trata de un análisis histórico y no de una prueba definitiva de causalidad.

¿Por qué es importante recuperar el juego libre?

La evidencia disponible apunta a que los menores necesitan tiempo para jugar, tanto solos como con otros niños. Una revisión sistemática publicada en 2020 en Nurs Health Science encontró efectos positivos del juego no estructurado sobre la participación social y el bienestar emocional infantil.

Por ello, tener espacios de juego compartido puede complementar las actividades académicas y extraescolares. No se trata de eliminar las pantallas ni de obligar a todos los niños a jugar de la misma manera, sino de garantizar que tengan oportunidades reales para relacionarse con otros niños.

Esas experiencias tempranas pueden proporcionar una base importante para afrontar las relaciones sociales durante la adolescencia.