‘Todos pájaros’ de Wajdi Mouawad: una historia de amor expulsada de la zona de confort
'Tous les oiseaux' no deja de ser una llamada firme y serena al encuentro por complicado que éste sea en un conflicto secular como el que enfrenta a israelitas y palestinos
El dramaturgo francófono de origen libanés, Wajdi Mouawad, a quien por cierto se refieren rumores insistentes sobre su candidatura al Premio Nobel de Literatura, en el año 2017 volvía a sorprender al espectador teatral con el estreno en París de Tous les oiseaux, que en España tuvo lugar a finales del año pasado, respetando literalmente el título original: Todos pájaros. La producción fue de Los Teatros del Canal, con dirección de Mario Gas.
Es conveniente recordar que Mouawad procedía de una familia cristiana y debido a los permanentes conflictos en Oriente Medio, decidió dejar Líbano para instalase en la región canadiense de Quebec. Esta es la razón de que se le conozca como canadiense de origen libanés. De hecho, fue en Montreal donde dio sus primeros pasos como autor teatral, hoy instalado en París.
Una de las constantes de su obra es la búsqueda de identidad personal y lo más probable desde la perspectiva que le da su procedencia oriental, con significativos indicios de una desarrollada capacidad crítica, como cristiano que era y es en tierra de maximalismos. En cierto modo, Tous les oiseaux le conecta con su propia tetralogía, La sangre de las promesas. Lo que no ha gustado al público de izquierdas demasiado perdido en el laberinto woke es el esqueleto de la sinopsis. Vamos a ver. Estudiante judío-alemán acude a la Universidad de Columbia en Nueva York para su tesis doctoral sobre la genética de los cromosomas y allí conecta con Wahida, estadounidense de origen árabe que estudia Historia, y también, preparando su tesis doctoral.
Se enamoran. Hasta el encuentro familiar que desaprueba que todo un judío pueda entablar relaciones con una árabe. Oriente Medio, ya saben. Hasta el viaje a Jerusalén, que acabará precipitando los acontecimientos, porque lo que desencadenan es expulsar de su zona de control esta historia de amor que absolutamente nada entendía entonces de desavenencias.
La obra es extremadamente dilatada –tres horas dura la representación-, si bien el tiempo corre con suprema rapidez y entonces la presión del tiempo se desvanece y lo que aflora es un drama equiparable, nos dicen, a Romeo y Julieta, lo cual no es del todo cierto aunque sí lo parece. Y no lo es por el profundo significado del punto de partida, que no es otro que inspirarse, Wajdi Mouawad, en Simurg, el pájaro anfibio de la mitología persa.
El pájaro anfibio, criatura voladora de carácter mítico y benevolente, tiene la virtud de actuar como mediador y mensajero entre el cielo y la tierra, y entonces simboliza el poder de guiar a los héroes en sus travesías; símbolo transparente de la búsqueda del conocimiento y la iluminación.
La elección no es casual, sino de profunda convicción y por tanto recorre el relato teatral, con inusitada clarividencia, algo que no le ha gustado a tanto público woke que anda demasiado suelto por ahí. Tous les oiseaux no deja de ser una llamada firme y serena al encuentro por complicado que éste sea en un conflicto secular como el que enfrenta a israelitas y palestinos.
Mouawad lo desarrolla con clarividente honestidad, a contracorriente de los acontecimientos conocidos, él que tiene alma árabe en correspondencia con unos hechos que niegan posibles encuentros. De eso va Tous les oiseaux.
Maravillosa, y sobrecogedora la implicación de los intérpretes, empezando por Vicky Peña –la clave del relato en el papel de Leah- y siguiendo con la pareja de amantes, en admirable encarnación tanto de Aleix Peña (Eitan) y Candela Serrat (Wahida, la hija menor de Joan Manuel Serrat, aunque no venga al caso). El núcleo central lo completan Manuel de Blas (Etgar), Pere Ponce (David) y Anabel Moreno (Noah). Esa excelente escenografía de Sebastià Brosa se encarga de encuadrar esta historia en lo que importa de verdad: reconocerse con solo mirarse a los ojos.
La escena final, el entierro de David, es una solemne metáfora, que no se corresponde con los hechos, si bien es el deseado grito de esperanza presente a lo largo del relato. Pese al público woke, antisemita guiado solamente por sus enormes prejuicios.
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