El polaco drogado que murió de un disparo policial de táser en Palma era un pastor evangélico y de la ONU
La autopsia preliminar apunta que el fallecido iba bajo los efectos de sustancias estupefacientes

La investigación sobre la impactante muerte ocurrida en Palma la madrugada del pasado 19 de febrero ha dado un vuelco inesperado con nuevos detalles que no han dejado indiferente a nadie. El hombre fallecido, un ciudadano polaco de 47 años, no era una persona cualquiera. Ejercía como pastor evangélico y portaba una acreditación vinculada a Naciones Unidas. Este dato ha generado enorme sorpresa y sitúa el caso en un contexto mucho más complejo de lo que se pensaba en un primer momento.
Pero lo más relevante ha llegado con los primeros resultados preliminares de la autopsia. Fuentes cercanas a la investigación a la que ha tenido acceso OKBALEARES, señalan que el fallecido se encontraba bajo los efectos de sustancias estupefacientes en el momento de los hechos, un factor determinante que explicaría el estado de extrema agitación, violencia y pérdida de control que presentaba durante la intervención.
El informe preliminar del Instituto de Medicina Legal de Palma apunta, además, a que la causa de la muerte está directamente relacionada con una parada cardiorrespiratoria tras la descarga del dispositivo táser, en un contexto de alteración física y mental severa. Es decir, la combinación del consumo de drogas, su estado de nerviosismo extremo y su complexión física habrían sido factores clave en el desenlace.
A la espera del informe definitivo, estos datos refuerzan la línea de investigación que sostiene que la situación era de altísimo riesgo. Según las pesquisas, el hombre se encontraba completamente fuera de sí, generando un escenario de peligro real tanto para él mismo como para quienes le rodeaban.
En este contexto, la actuación de la Policía Nacional cobra especial relevancia. Tras analizar las grabaciones del dispositivo táser —que incorpora sistema de audio y vídeo— y tomar declaración a todos los agentes intervinientes, la investigación interna concluye que la intervención fue conforme a protocolo, proporcional y necesaria ante una amenaza evidente.
Los agentes se enfrentaron a un individuo de gran corpulencia, extremadamente agresivo y sin atender a indicaciones, en una situación que exigía una respuesta inmediata para evitar consecuencias aún más graves. El uso del táser, en este sentido, se presenta como una herramienta disuasoria y de contención, empleada precisamente para reducir riesgos mayores.
Este caso, marcado por el contraste entre el perfil personal del fallecido —pastor evangélico con acreditación internacional— y las circunstancias extremas en las que se produjeron los hechos, continúa bajo investigación. Sin embargo, los primeros resultados apuntan a un escenario en el que los factores médicos y el estado del individuo jugaron un papel determinante.
La tragedia sigue generando interrogantes, pero también deja claro un punto: la intervención policial se produjo en un contexto límite y, según todos los indicios actuales, se llevó a cabo con profesionalidad y dentro de los márgenes legales establecidos.