CRÍTICA

Una mirada a la época dorada de la Escuela Rusa de Ballet Clásico

El Auditórium de Palma acogió el 13 de junio la Stars Gala de Ballet Clásico, una producción de International Ballet Company

Una mirada a la época dorada de la Escuela Rusa de Ballet Clásico
Stars Gala de Ballet Clásico en el Auditórium de Palma.

International Ballet Company es un proyecto de poco más de cuatro años y, además, nacido como consecuencia directa de la Guerra de Ucrania, pues no en vano venía a sustituir al Ballet de Moscú que desde 1989, coincidiendo con la desaparición del telón de acero, venía procurando crear salida laboral a esa importante generación de bailarines de la Europa del Este, que se fue al paro desaparecidas las ayudas de la Unión Soviética al ballet clásico.

Conviene recordar que la edad de oro de la Escuela Rusa de Ballet Clásico tuvo lugar entre 1880 y 1900, siendo una de las artes de danza más técnicas y elegantes. Etapa de extrema brillantez, que coincide con la Rusia zarista y asumida por los bolcheviques tras la revolución de octubre de 1917; de tal  manera que se salvaguardaba una tradición propia de su identidad nacional. Es importante tenerlo presente cuando asistimos a galas de esta naturaleza.

Con la caída del telón de acero se necesitaba reconducir el flujo del ballet clásico, tras la desaparición de numerosas compañías al quedar sin ayudas. De hecho, desaparecida la Unión Soviética, quedaron en pie dos compañías, en sí mismas referentes centenarios: las titulares del Teatro Mariinski de San Petersburgo y del Teatro Bolshoi de Moscú.

Todo esto viene a cuento porque es importante tenerlo muy presente cada vez que asistimos a toda gala de estas características. Timur Fayziev en 1989 entendió lo importante que era apreciar y defender el legado y, tras la invasión de Ucrania por los rusos, se produjo el inevitable relevo, esta vez de la mano de los moldavos Cristina y Alexei Terentiev. No olvidemos que la Escuela de Ballet Ruso lo es, desde siempre, de lo que se ha dado en llamar «todas las Rusias».

Así llegamos a la cita del 13 de junio en el Auditórium de Palma: Ballet Stars Gala. Es importante subrayar que de las ocho coreografías, en siete de ellas está la mano mágica del coreógrafo Marius Petipa, compañero de Tchaikovsky en la trilogía por excelencia de la Edad de Oro, y dos de ellas presentes en el programa de mano: el paso de dos de Bella Durmiente y el adagio del acto II de El Lago de los Cisnes.

Interesante incluir las dos piezas de la escuela francesa, tan próxima del ballet contemporáneo de la edad de oro de la escuela rusa: el Pas d’Esclave de El corsario de Adolph Adam y el paso de dos de La Sílfide, de Herman Severin Lovenskiold, ambas obras estrenadas en la Ópera de París, respectivamente en 1832 y 1856, esto es, en plena lucha por la hegemonía de París o Moscú en el ballet clásico a mediados del siglo XIX. Un momento histórico en el dominio del ballet clásico que se disputaban Francia y Rusia, y sin otros competidores.

En las últimas cuatro décadas, las compañías internacionales de relevancia han incluido en sus repertorios piezas que son referentes de la escuela rusa y, en líneas generales, resueltas con excelencia por sus cuerpos de baile, en extremo competitivos. Sin embargo, ver bailar el ballet clásico por gentes que proceden directamente de la tradición rusa es el equivalente al baile flamenco practicado por japoneses, sin ir más lejos: sin temperamento. Lo mismo ocurre con la edad de oro de la escuela rusa de ballet clásico: esos pasos, y su grave inspiración, los llevan profundamente interiorizados.

Cosa distinta es lo ocurrido desde 1989, con la desaparición de la URSS, porque entonces la técnica de bailarines de compañías internacionales de Occidente ha ido adquiriendo unos niveles incontestables de excelencia y se nota especialmente en sus movimientos aéreos, acabando en pisadas suaves sobre el escenario, que es lo que diferencia a una estrella del resto. Pero lo que no cambia, en absoluto, es el alma serena de la madre Rusia, presente única y exclusivamente en los movimientos de sus bailarines nativos. Esta es la razón que hace recomendable acudir a una gala de estrellas llegadas de los contornos de una cultura que merece ser rescatada del olvido.

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