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La mafia búlgara que se esconde tras los castillos de arena de la Playa de Palma

Se calcula que cada castillo de arena puede generar entre 100 y 200 euros diarios para la organización

los trabajadores que construyen los castillos son la última pieza de una estructura cuyo verdadero beneficio quedaría en manos de sus jefes

Cada madrugada, entre las cinco y las seis de la mañana, una pala del servicio de concesión de playas, escoltada por la Policía Local de Palma, recorre la arena de la Playa de Palma para destruir los castillos levantados durante la noche. Los agentes retiran además los utensilios empleados para construirlos y tramitan sanciones por ocupación del espacio público. Pero detrás de estos gigantes de arena se esconde, según las sospechas existentes, un negocio mucho más lucrativo de lo que aparenta.

Los castillos de arena de la Playa de Palma se han convertido en la fachada visible de una actividad que lleva años generando ingresos entre determinados grupos. Según fuentes conocedoras de la situación, una organización de ciudadanos búlgaros controlaría parte de esta actividad, utilizando las construcciones como reclamo para pedir limosnas a los turistas.

El mecanismo es aparentemente sencillo. Durante la noche se levantan grandes estructuras de arena y, durante el día, quienes permanecen junto a ellas solicitan dinero a los visitantes. Se calcula que cada castillo puede generar entre 100 y 200 euros diarios, una cantidad que convierte estas construcciones ilegales en un negocio considerable.

Pero las personas que aparecen junto a los castillos podrían ser solamente la cara visible de la actividad. Las sospechas apuntan a que quienes construyen y vigilan los castillos serían el último eslabón de una estructura organizada, mientras que el dinero recaudado acabaría posteriormente en manos de otras personas.

La situación adquiere una dimensión todavía más delicada por las sospechas sobre una posible conexión entre los responsables de los castillos y carteristas que actúan en la Playa de Palma. Según estas sospechas, cuando se producen hurtos a turistas, quienes vigilan determinadas construcciones podrían utilizar los alrededores de los castillos para ocultar temporalmente el dinero u otros objetos sustraídos y posteriormente repartir el supuesto botín.

Esta posible relación entre los castillos de arena y los carteristas es una de las acusaciones más graves y tendría que ser acreditada mediante una investigación policial o judicial. No obstante, forma parte de las sospechas que desde hace tiempo rodean a esta actividad.

El asedio policial a los castillos de arena ha provocado además un cambio radical en la escena. Hace años podían llegar a levantarse seis o siete construcciones ilegales en una misma zona de la playa. Ahora, según fuentes conocedoras de la problemática, la presión de los agentes habría reducido la actividad a uno o dos castillos.

La operación se repite prácticamente cada día. Durante la madrugada se construyen los castillos y, pocas horas después, la Policía Local de Palma acompaña a la maquinaria encargada de hacerlos desaparecer. Se retiran palas, cubos y otros utensilios y se tramitan las correspondientes sanciones por ocupación del espacio público.

Mientras tanto, durante el día, miles de turistas de la Playa de Palma contemplan las enormes estructuras sin conocer necesariamente qué hay detrás de ellas. La imagen puede parecer incluso la de una actividad artesanal o una forma de ganarse la vida mediante el arte callejero. Algunos visitantes entregan dinero pensando que están realizando una ayuda directa a personas necesitadas.

Pero las sospechas describen otro escenario: los trabajadores que construyen los castillos podrían ser únicamente la última pieza de una estructura cuyo verdadero beneficio quedaría en manos de sus responsables. Arena, palas y cubos sirven así como escaparate de un negocio que, según estas acusaciones, mueve cientos de euros cada día.

La pala municipal vuelve a pasar cada madrugada por la Playa de Palma y los castillos desaparecen. Lo que todavía queda por determinar es quién está realmente detrás de estas construcciones, quién controla el dinero y si existe alguna conexión con los hurtos y carteristas que actúan contra los turistas.