La limpiadora del Ayuntamiento de la localidad mallorquina de Escorca será la nueva juez de paz
Rosa Femenías fue nominada entre tres candidatos que optaban al cargo remunerado con 100 euros al trimestre
Puede ser la última persona que ostente una plaza condenada a la desaparición en 2023 por la nueva ley judicial
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La mujer de la limpieza del Ayuntamiento de la pequeña localidad mallorquina de Escorca será la jueza de paz de este municipio de Baleares de poco más de 200 habitantes ubicado en el privilegiado entorno de la protegida Serra de Tramuntana.
Rosa Femenías presentó su candidatura junto a otras dos personas que optaban a esta plaza destinada, básicamente en este municipio, a oficiar bodas los días que el alcalde, Toni Solivelles (PP), no puede asistir.
Femenías fue elegida por el pleno, y ratificada por la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Baleares para liderar durante los próximos cuatro años el único cargo de los órganos judiciales que recae en una persona no vinculada a la carrera judicial.
Los jueces de paz son en muchos casos personas con estudios primarios o básicos. No precisan de título académico alguno para ejercer una función, básicamente, de intermediación en caso de conflicto. Un cargo remunerado de forma testimonial, en el caso de Escorca con poco más de 100 euros al trimestre, como apunta Solivellas.
“Si uno asume el puesto es, básicamente, por vocación de servicio al pueblo», apunta el primer edil que reconoce que, habitualmente, los elegidos son “personas que todo el mundo conoce, que tienen un prestigio o un nombre entre los vecinos, y que es de reconocida valía”.
En el caso de Femenías es lógico que así sea, no porque sea vecina de la localidad, sino porque como apunta el alcalde “lleva haciendo ese trabajo en el Ayuntamiento hace años y años”. Para ser juez de paz sólo se precisa tener la nacionalidad española, ser mayor de 18 años, no tener antecedentes penales y estar al corriente de las obligaciones tributarias pertinentes con Hacienda.
Aunque no hay un perfil definido, como indica el durante 25 años juez de paz de la localidad mallorquina de Sóller, Jaume Casasnovas, lo normal en muchos casos es que “sean personas ya jubiladas”.
«Desde agentes del orden retirados, empleados de banca, autónomos, cocineros, médicos, pero hay de todo porque apenas hay requisitos y la elección es muy abierta», apunta el también presidente de los jueces de paz de Baleares. Aunque elegida por cuatro años, Femenías puede ser la última jueza de paz de su municipio cuando en 2023 entre en vigor la Ley de Eficiencia Organizativa de la Justicia.
La denominada Ley de Eficiencia Organizativa del Servicio Público de la Justicia hará desaparecer una institución como la de los Juzgados de Paz con casi 200 años de historia. A partir de ese momento, en los municipios donde no haya juzgados, será un subsecretario judicial el que lleve a cabo los trámites similares a los que realiza el juez de paz.
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