La baliza V16 desata una oleada de robos en Baleares: coches reventados por un dispositivo de 40 euros
El perfil de los delincuentes: grupos de jóvenes que llegan a sumar más de 40 antecedentes por hechos similares
La obligación de llevar en el coche la nueva baliza luminosa V16, vigente desde el pasado 1 de enero, ha generado un efecto inesperado en las calles Baleares: un repunte significativo de robos en el interior de vehículos. Lo que debía reforzar la seguridad en carretera ha terminado por convertirse en un incentivo más para los delincuentes.
En las primeras semanas del año, la Policía Nacional, Guardia Civil y las diferentes policías locales han tramitado centenares de denuncias relacionadas con asaltos a vehículos y sustracciones en su interior. Aunque las estadísticas no detallan cuántos casos corresponden exclusivamente a balizas V16, los investigadores reconocen que el aumento coincide con la entrada en vigor de la normativa que obliga a todos los conductores a disponer de este dispositivo homologado.
La escena se repite en los diferentes pueblos y ciudades del archipiélago: ventanillas destrozadas, salpicaderos revueltos y una pequeña luz de emergencia que desaparece. La V16, que sustituye a los tradicionales triángulos, tiene un precio en tiendas que oscila entre 40 y 60 euros. En la reventa ilegal, sin embargo, puede adquirirse por apenas cinco o diez. Una diferencia que explica por qué se ha convertido en un producto atractivo para quienes buscan dinero rápido.
En Palma, la preocupación es creciente. Fuentes cercanas a los cuerpos policiales describen un patrón reiterado: grupos de jóvenes con un largo historial delictivo que actúan de forma sistemática, en su gran mayoría marroquíes y argelinos (ex menas). Según estas fuentes, muchos de ellos acumulan múltiples detenciones semanales.
Aun así, tras su puesta a disposición judicial, regresan a la calle y el ciclo vuelve a comenzar. Hasta ahora, los objetos habituales en estos robos eran bolsos, mochilas, dispositivos electrónicos o cualquier pertenencia visible. Pero el foco ha cambiado. La obligatoriedad del dispositivo ha garantizado que prácticamente todos los vehículos lo lleven, asegurando así un botín casi seguro en cada asalto.
El fenómeno ha obligado a las autoridades locales a reforzar los mensajes preventivos. Se insiste en que la baliza no debe dejarse a la vista y que lo más recomendable es guardarla en compartimentos cerrados, como la guantera o el maletero. Sin embargo, el simple hecho de saber que está dentro del coche basta para que algunos delincuentes decidan forzar el acceso.
Mientras la DGT defendía la medida como un avance en materia de seguridad vial —al permitir señalizar averías sin salir del vehículo—, en la calle se multiplican los conductores que, además de adquirir el dispositivo obligatorio, deben asumir el coste añadido de reparar cristales rotos y cerraduras dañadas.
La paradoja es evidente dado que un elemento pensado para proteger vidas en carretera se ha transformado en el nuevo reclamo del pequeño delito urbano. Y con cada luna fracturada, la baliza V16 deja de ser solo una herramienta de prevención para convertirse en símbolo de una problemática que crece a golpe de martillo. Zonas como Son Gotleu, La Soledad, Santa Catalina, las periféricas de la capital y, muy especialmente, los aledaños de la antigua cárcel de Palma, se están convirtiendo en puntos calientes de la ciudad.
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