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Parece el futuro pero esto ha pasado en Cádiz: drones y guerra electrónica de la Armada española

Durante varios días de marzo, la actividad en la bahía de Cádiz y en la Sierra del Retín no ha sido la habitual. En esa zona se desarrollaron unas maniobras militares que han reflejado bastante bien cómo están cambiando los ejercicios de la Armada española centrándose mucho en la coordinación, la tecnología y los sistemas que no siempre se perciben a simple vista.

Se trata de MARFIBEX 26, una serie de maniobras que la Armada repite cada año dentro de su calendario de preparación, pero que en esta edición ha vuelto a poner el acento en escenarios de alta intensidad. Es decir, situaciones complejas, con distintos frentes abiertos al mismo tiempo y en las que intervienen unidades muy diferentes. Las maniobras se desarrollaron entre el 2 y el 6 de marzo y estuvieron dirigidas por el Grupo Anfibio y de Proyección de la Flota. No es un dato menor, porque este mando es el encargado de coordinar precisamente ese tipo de operaciones en las que mar, aire y tierra tienen que funcionar como un sólo bloque.

Drones y guerra electrónica en las maniobras de la Armada española

Por parte de la Armada han participado buques como el Galicia o la fragata Reina Sofía, además del Juan Carlos I, que suele ser una de las piezas clave en este tipo de ejercicios por su capacidad de proyección. Junto a ellos han estado presentes el Grupo Naval de Playa y unidades de la Brigada de Infantería de Marina, que son las encargadas de ejecutar las operaciones en tierra una vez se produce el desembarco.

A ese núcleo se le han añadido medios del Ejército de Tierra, algo que cada vez es más habitual en este tipo de entrenamientos. En concreto, han participado unidades del RACTA-IV y equipos especializados en guerra electrónica como los sistemas REW-31 y REW-32. Este tipo de integración no es casual. La idea es que todas estas capacidades trabajen juntas desde el primer momento, no como piezas independientes.

Además, el ejercicio ha contado con aeronaves de la Flotilla de Aeronaves y con sistemas no tripulados. Entre ellos, el SEAD23, utilizado para tareas de reconocimiento y apoyo, algo que ya forma parte habitual de este tipo de operaciones.

El desembarco en la Sierra del Retín, momento central del ejercicio

Si hay una maniobra que sigue marcando este tipo de ejercicios de la Armada española es el desembarco anfibio. En este caso, se llevó a cabo en la playa del Campo de Adiestramiento de la Sierra del Retín, un entorno que se utiliza con frecuencia para este tipo de pruebas.

La operación consistió en asegurar una zona en tierra tras la llegada de las unidades desde el mar, lo que se conoce como establecer una cabeza de playa. Es una fase clave porque condiciona todo lo que viene después. Si falla, el resto de la operación pierde sentido.

Una vez consolidada esa posición, las unidades completaron el ejercicio con el repliegue, es decir, el reembarque de tropas y material. Puede parecer una parte secundaria, pero en realidad tiene bastante complejidad porque exige el mismo nivel de coordinación que el desembarco inicial.

Durante todo el proceso se apoyaron en sistemas de vigilancia y reconocimiento que permitían tener una visión constante del terreno y ajustar las decisiones sobre la marcha. Aquí es donde el uso de drones empieza a ser determinante.

Reconocimiento previo y control del entorno

Antes de que comenzaran las operaciones más visibles, ya se habían realizado trabajos técnicos sobre el terreno. La Unidad de Buceadores de Cádiz se encargó de analizar las condiciones del fondo marino en la zona prevista para el desembarco, algo imprescindible para evitar riesgos.

Por su parte, el Instituto Hidrográfico de la Marina había estudiado previamente las playas mediante medios aéreos no tripulados. Este tipo de análisis permite anticipar posibles problemas y ajustar la planificación con bastante precisión. No es la parte más llamativa del ejercicio, pero sí una de las más importantes. Sin ese trabajo previo, el margen de error en una operación anfibia aumenta de forma considerable.

La guerra electrónica, cada vez más presente

Uno de los elementos que más ha evolucionado en este tipo de maniobras es el papel de la guerra electrónica. No se ve, no genera imágenes espectaculares, pero tiene un peso creciente en cualquier escenario moderno. Durante MARFIBEX 26 se han utilizado sistemas capaces de detectar señales, interferir comunicaciones o proteger las propias redes. Es un tipo de capacidad que condiciona directamente el desarrollo de una operación, especialmente cuando se simulan entornos de alta intensidad.

Preparación continua y siguiente paso en mayo

Estas maniobras de la Armada española no funcionan como un evento aislado dentro del calendario militar, sino que forman parte de una secuencia más amplia de ejercicios que la Armada desarrolla a lo largo del año. En este caso, MARFIBEX llega después de una certificación realizada en enero y sirve como preparación para el ejercicio FLOTEX, previsto para mayo. Ese será el siguiente nivel, con un grado mayor de exigencia y con una evaluación más completa de todas las capacidades.