Este pueblo blanco de Almería tiene más flores que personas: hay visitarlo antes de que se llene de turistas esta primavera
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España está llena de pueblos bonitos, eso es evidente, pero de vez en cuando aparece alguno que no sólo te convence nada más verlo, sino que además se queda en tu memoria por más tiempo. Y no por tener grandes monumentos ni por salir en todas las guías, sino por algo más difícil de explicar, una mezcla de paisaje, silencio y detalles pequeños que lo cambian todo. Es el caso del pueblo blanco de Almería del que ahora te hablamos, famosos por tener más flores que personas.
Andalucía tiene siempre esa capacidad de sorprender cuando menos te lo esperas, sobre todo en lugares donde el turismo todavía no ha terminado de arrasar con lo cotidiano. Y ahí es donde aparece Níjar, en Almería, un pueblo que muchos descubren casi por casualidad y que luego recomiendan, pero a pesar de ello todavía se puede recorrer con calma, sin prisas, y con las ganas de descubrir un paisaje, monumento y como no, flores, que seguro que no olvidas en mucho tiempo. Toma nota, porque este es el pueblo blanco de Almería más bonito que puedes visitar ahora en primavera.
Este pueblo blanco de Almería tiene más flores que personas
Llegar a Níjar ya tiene algo especial ya que antes de ver el pueblo, lo que aparece es un paisaje seco, casi áspero, con tonos ocres y grises que no recuerdan en nada a otros rincones de Andalucía. Y de repente, sin mucho aviso, aparecen las casas blancas. El contraste es bastante llamativo con las fachadas encaladas, muy compactas, que parecen casi colocadas ahí a propósito para romper con el entorno.
El casco histórico de este pueblo blanco no se recorre en línea recta, sino que está formado por calles que suben, que giran, que te obligan a parar sin darte cuenta y a fijarte bien en todo lo que puedes encontrar. Por otro lado, uno de los puntos más conocidos es la Atalaya de Níja desde donde se entiende mejor el pueblo, en su forma, su relación con el paisaje y, mostrando además al fondo, el Cabo de Gata. También merece la pena acercarse a la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación. Tiene ese aire sobrio de las construcciones defensivas del siglo XVI, algo muy típico en esta zona tras la época morisca.
Flores, color y una imagen que no se olvida
Si hay algo que cambia completamente la percepción del pueblo es el color. Bueno, mejor dicho, los colores. Porque el blanco está en todas partes, sí, pero lo que realmente llama la atención son las flores. No es algo puntual. Están por todas partes. En ventanas, en puertas, en fachadas enteras. Macetas azules, rojas, verdes. Geranios, buganvillas, plantas colgando. A veces parece más un decorado que un pueblo real, pero no lo es. Es simplemente así, y eso tiene mucho que ver con la sensación que deja Níjar, ya que no es sólo un pueblo bonito sino cuidado.
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Artesanía que sigue siendo parte del día a día
Otra cosa que sorprende es la artesanía. Paseando por el pueblo es fácil encontrarse con talleres abiertos, con piezas a medio hacer, con telas colgadas o con cerámica secándose, demostrando además que la alfarería tiene bastante peso. Mientras caminas, ves las piezas que son reconocibles por los colores. Y luego están las jarapas, que siguen fabricándose en telares de donde salen mantas, alfombras o incluso bolsos y también como no, la espartería con cestos, sombreros y otros objetos que siguen teniendo uso, no sólo decorativo.
Cabo de Gata, el complemento perfecto
Aunque Níjar no tiene playa directa, su ubicación es una ventaja clara. Está muy cerca del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, uno de los espacios más singulares de la costa mediterránea. Aquí el paisaje cambia otra vez, al contar con playas abiertas, zonas volcánicas, tramos casi desérticos. Lugares como la playa de Mónsul, con esa roca enorme dominando la arena, son bastante conocidos, pero aun así siguen sorprendiendo cuando se ven en persona. También hay salinas, humedales con aves y zonas interiores donde el paisaje es completamente distinto a lo que mucha gente espera encontrar en la costa andaluza.
Un pueblo que todavía se puede disfrutar sin prisas
Lo curioso de Níjar es que, pese a todo lo que tiene, sigue siendo un lugar tranquilo. No está vacío, pero tampoco saturado. A diferencia de otros puntos cercanos más volcados en el turismo de playa, aquí el ritmo es otro. Se puede pasear sin agobios, entrar en una tienda sin prisas, sentarse en una terraza sin tener que esperar. Por eso mucha gente insiste en lo mismo y es, mejor ir antes de que cambie demasiado, dado que con las recomendaciones, y las redes, puede que en nada se llene de turistas. Pero de momento, Níjar sigue siendo ese lugar donde perderse un rato tiene sentido. Y donde, sin darte cuenta, acabas quedándote más tiempo del que habías pensado.