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La zoología mundial celebra un hito sin precedentes: reintroducen en la naturaleza un caracol tras 30 años extinto

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Hawái cuenta con una de las mayores concentraciones de especies únicas del planeta, pero también acumula algunas de las pérdidas más rápidas y silenciosas. Mientras se describen nuevos organismos, otros desaparecen, arrastrados por cambios en el ecosistema que no pudieron absorberse a tiempo.

Ese fue el destino de un pequeño caracol arbóreo que pasó 30 años extinto en libertad tras la llegada de una especie invasora, el caracol carnívoro lobo rosado (Euglandina rosea), junto a la presión constante de ratas y camaleones. Si bien todo parecía irreversible, este año la ciencia logró devolverlo a su hábitat natural.

Logran que el caracol arbóreo hawaiano vuelva a la naturaleza tras 30 años extinto

La especie protagonista de este regreso es el Achatinella fuscobasis, uno de los caracoles arbóreos más raros de O’ahu. Según indica el U.S. Fish and Wildlife Service, su recuperación es el resultado de décadas de trabajo constante, iniciado en los años 70 cuando los científicos comenzaron a detectar un desplome de sus poblaciones.

La situación se volvió crítica por varios motivos. El caracol lobo rosado devoraba a los ejemplares nativos con rapidez, mientras las ratas trituraban sus conchas y los camaleones añadían presión desde los árboles.

A esto se sumaba una desventaja biológica enorme, y es que estos caracoles tardan entre cinco y siete años en alcanzar la madurez y sólo tienen unas pocas crías al año. No podían competir con depredadores que se reproducen con facilidad.

En 1991, el biólogo Michael Hadfield, profesor emérito de la University of Hawaiʻi at Mānoa, recogió los últimos 11 ejemplares conocidos en libertad. Aquella decisión marcó el inicio de un programa de cría en cautividad que se prolongó durante más de tres décadas. Los caracoles sobrevivieron en laboratorio gracias a un control extremo de temperatura, humedad y alimentación, basada en hongos cultivados específicamente para ellos.

El siguiente paso fue aún más complejo. Los equipos sabían que devolverlos al bosque sin protección equivalía a perderlos de nuevo, y así nacieron los kāhuli kīpuka, recintos de alta seguridad con muros lisos y barreras eléctricas de bajo voltaje que repelen a los depredadores sin matarlos. Antes de cada liberación, voluntarios y técnicos pasaron cientos de horas eliminando ratas, caracoles depredadores y camaleones dentro del perímetro.

La reintroducción comenzó en diciembre de 2024 en la Reserva Forestal de la Cuenca Hidrográfica de Honolulu, en las montañas Ko’olau, y continuó durante 2025 y comienzos de 2026. Desde entonces, los científicos realizan un seguimiento nocturno de los caracoles, marcados con pintura visible bajo luz ultravioleta para localizarlos entre la vegetación.

Cómo es el caracol hawaiano que ha logrado sobrevivir

El caracol arbóreo hawaiano, conocido localmente como kāhuli vive sobre hojas y troncos, no se alimenta de las plantas y se dedica a raspar hongos y algas microscópicas, lo que contribuye al equilibrio microbiológico del bosque y al ciclo de nutrientes del suelo.

Su concha, pequeña y cónica, presenta bandas de colores que van del blanco al marrón, con tonos amarillos, verdes o rojizos. Cada individuo suele pasar toda su vida en el mismo árbol y sólo se activa por la noche. Durante el día permanece sellado a la corteza para conservar la humedad.

Más allá de su valor ecológico, ocupa un lugar destacado en la cultura hawaiana. Aparece en cantos, danzas y leyendas, donde se le atribuye la capacidad simbólica de cantar.

Según el U.S. Fish and Wildlife Service, la recuperación completa llevará generaciones. Aun así, este regreso rompe una tendencia que parecía definitiva.