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Los científicos no creen que fuera posible: una nueva especie de erizo marino aparece a casi 2.000 metros de profundidad

  • Janire Manzanas
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En una expedición en el Atlántico Sur, investigadores del CONICET y del Museo Argentino de Ciencias Naturales han identificado una nueva especie de erizo marino. Bautizada como «Bathycidaris argentina», esta especie habita a profundidades que oscilan entre los 1.100 a los 1.950 metros, en el cañón submarino de Mar del Plata. Este cañón, situado a unos 250 kilómetros de la costa bonaerense, presenta una geografía compleja que funciona como un auténtico «corredor biológico».

Bathycidaris argentina es de color violeta y mide alrededor de dos centímetros de ancho y un centímetro de alto, sin contar sus espinas. Uno de los aspectos que más llaman la atención de ésta nueva especie de erizo marino es su reproducción: las hembras protegen los embriones cerca de la boca, resguardándolos entre sus espinas. Además, las espinas también sirven como soporte para otros organismos, como gusanos poliquetos y colonias de hidrozoos. La investigación, publicada en The Zoological Journal of the Linnean Society, se basó en campañas oceanográficas realizadas en 2012 y 2013 a bordo del buque Puerto Deseado, combinando análisis morfológicos y genéticos para confirmar que se trata de una especie nueva.

Nueva especie de erizo marino en el Atlántico Sur

El Cañón de Mar del Plata es una estructura submarina ubicada a unos 250 kilómetros de la costa de la provincia de Buenos Aires. Se origina en el talud continental y desciende hasta profundidades cercanas a los 3.900 metros, generando relieves abruptos y zonas donde se concentran comunidades biológicas muy diversas. Su compleja topografía, además, interactúa con distintas corrientes y masas de agua provenientes de regiones lejanas, razón por la cual los científicos lo consideran un verdadero «corredor biológico», ya que permite el encuentro de especies de distintos orígenes.

En el fondo marino, las espinas de ésta nueva especie de erizo marino funcionan como verdaderos puntos de anclaje para otros organismos, como gusanos poliquetos, colonias de hidrozoos e incluso algunos equinodermos como los pepinos de mar. Estas interacciones son fundamentales para el equilibrio del ecosistema del fondo oceánico y ayudan a entender por qué la desaparición de una sola especie puede desencadenar efectos en cadena que no siempre son visibles desde la superficie.

Una investigación única

El viaje tuvo lugar entre los años 2012 y 2013, durante las campañas oceanográficas Talud Continental I, II y III a bordo del Buque Oceanográfico Puerto Deseado del CONICET. «Fue una experiencia increíble», recuerda Jonathan Flores, becario postdoctoral del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET). Y añade que «las muestras se recolectaban con diferentes artes de pesca, lanzadas a más de mil metros de profundidad. No sabíamos lo que podía aparecer hasta que, luego de varias horas, el arte de pesca regresara a cubierta. A veces llegaba lleno, otras, vacío. Una de las partes más fascinantes de descubrir nuevas especies es que podemos ponerles el nombre con el que serán conocidas para siempre», según recoge El Diario.

El nombre Bathycidaris proviene de bathys, que en griego significa «profundo», en referencia a su ambiente batial, y cidaris, un término de origen latino utilizado históricamente para este grupo de erizos. Por su parte, el epíteto específico argentina funciona como el «nombre propio» de la especie, elegido en homenaje al país donde se recolectaron los ejemplares.

Más allá de su clasificación, el estudio también revela aspectos interesantes de su biología. A diferencia de otros erizos, éste muestra un comportamiento de cuidado parental: las hembras mantienen a sus embriones alrededor de la boca y los protegen con sus espinas hasta que alcanzan la etapa juvenil y pueden sobrevivir de manera independiente. Esta estrategia, conocida como incubación, requiere un gasto energético elevado, pero incrementa significativamente la probabilidad de supervivencia en un ambiente extremo.

Asimismo, se observó que sus espinas principales actúan como puntos de fijación para otros organismos, como pepinos de mar, gusanos poliquetos y colonias de hidrozoos. De esta manera, cumple una función ecológica muy importante al ofrecer sustrato en el fonde oceánico, donde apenas hay superficies duras. «A diferencia de muchos erizos, B. argentina presenta cuidado parental: las hembras retienen a sus embriones alrededor de la boca, protegiéndolos con sus espinas hasta que se desarrollan como juveniles libres».

Cañón Mar del Plata

El cañón submarino de Cañón de Mar del Plata se extiende aproximadamente 250 kilómetros mar adentro y alcanza profundidades cercanas a los 4.000 metros bajo la superficie. Su relieve accidentado, sumado a la interacción constante de corrientes oceánicas, lo convierte en un auténtico corredor biológico. En palabras de los investigadores, se trata de «una zona de alta biodiversidad».

Los análisis genéticos realizados sobre Bathycidaris argentina mostraron que su familia, los Ctenocidaridae, es mucho más diversa y compleja de lo que se creía. Según los especialistas, varias especies no se agrupan de la forma esperada.El equipo insiste en la importancia de proteger estos ecosistemas frente a la presión humana y el cambio climático. En las profundidades del Atlántico Sur, cada nueva especie ayuda a completar el rompecabezas de uno de los ambientes más desconocidos y valiosos del planeta.