Ni los propios mallorquines lo saben: el histórico pueblo balear de 17.000 habitantes que tiene más de 60 Bienes de Interés Cultural declarados
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Mallorca acumula un catálogo turístico tan extenso que algunos de sus pueblos más ricos en historia quedan en la sombra de los grandes destinos de la isla. Por ejemplo, el norte, más allá de los circuitos masificados, guarda celosamente un pueblo balear cuya densidad patrimonial rivaliza con la de ciudades europeas consideradas en su totalidad monumentos históricos.
El municipio en cuestión, con algo más de 17.000 habitantes censados según el Instituto Nacional de Estadística, lleva siglos acumulando yacimientos arqueológicos, torres de defensa, puentes de origen romano y cruceros de piedra medievales. Su territorio ha sido habitado de forma ininterrumpida desde tiempos prehistóricos, y cada etapa histórica dejó rastros físicos.
¿Cuál es el pueblo balear con decenas de Bienes de Interés Cultural en su término municipal?
El municipio en cuestión es Pollensa (Pollença en catalán), una localidad de algo más de 17.000 habitantes situada en el extremo norte de Mallorca, a los pies de la sierra de Tramuntana.
Este pueblo balear suma alrededor de 85 elementos catalogados como Bienes de Interés Cultural, una cifra que lo sitúa entre los municipios con mayor densidad patrimonial protegida de las Islas Baleares.
La distribución de ese catálogo refleja la profundidad histórica del territorio: 88 yacimientos arqueológicos, nueve bienes de arquitectura defensiva, tres de arquitectura militar y siete cruceros o cruces de piedra medievales.
En esta misma línea, cuevas prehistóricas, restos de aldeas talayóticas, atalayas costeras y un puente de probable origen romano perfilan un inventario con más capas históricas de las que cualquier visita turística convencional a Mallorca suele abarcar.
Más de 3.000 años de historia: de la Pollentia romana al simulacro de moros y cristianos
La historia de Pollensa se extiende más de 3.000 años. Los romanos la conocieron como Pollentia, y el municipio funcionó durante siglos como uno de los núcleos principales de la isla. La llegada de la influencia cristiana y catalana en el siglo XIII marcó el trazado urbano y las construcciones religiosas del casco histórico, varias de las cuales siguen en pie.
En el siglo XVIII, los jesuitas levantaron la iglesia de Monti-Sion, otro tramo más en ese inventario de siglos.
El episodio más recordado ocurrió el 2 de agosto de 1550, cuando una partida de piratas berberiscos desembarcó en la costa cercana. La tradición local atribuye la victoria a Joan Mas, un vecino que lideró un grupo armado con herramientas de labranza y repelió el asalto.
Desde entonces, cada 2 de agosto, Pollensa escenifica el Simulacre de Moros i Cristians (Simulacro de Moros y Cristianos): una batalla en la que el pueblo entero toma partido y convoca a miles de espectadores de toda la isla.
El Calvari, el Pont Romà y los hitos del casco histórico
El elemento más reconocible de Pollensa es el Calvari, una escalinata de 365 peldaños construida a principios del siglo XIX que asciende hasta una ermita del siglo XVIII en lo alto de una colina. La subida, flanqueada por cipreses, ofrece al final vistas panorámicas sobre el caserío y las montañas de la Tramuntana.
En la parte baja, la Plaza Mayor concentra la vida cotidiana: terrazas, mercado dominical y la fachada de la iglesia parroquial del siglo XVII. A pocos metros, el Pont Romà cruza el torrente de Sant Jordi con sus dos arcos desiguales y tajamares triangulares (los historiadores debaten si su origen es romano o medieval, pero su antigüedad está fuera de duda).
El Museo Municipal añade colecciones que abarcan desde piezas arqueológicas hasta obras de pintores que eligieron Pollensa como residencia permanente, atraídos por la luz y el ambiente tranquilo del pueblo.
La sierra de Tramuntana y el destino que los propios mallorquines infravaloran
Pollensa se asienta en los márgenes de la sierra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 2011. Esa condición convierte al municipio en uno de los pocos de España con patrimonio protegido a escala insular, autonómica, nacional y mundial al mismo tiempo.
A eso se suman las rutas de senderismo entre los picos y las calas accesibles desde el término, como Cala Sant Vicent o las aguas del cabo de Formentor, que han atraído desde hace décadas a artistas, escritores y viajeros con intereses distintos al turismo masivo.
El Puerto de Pollensa, a pocos kilómetros del casco urbano, ejerce de complemento costero con restaurantes, paseo marítimo y acceso a algunas de las aguas más limpias del archipiélago.
Así, con decenas de Bienes de Interés Cultural repartidos por su término y la sierra de Tramuntana como telón de fondo, este pueblo balear sigue siendo (para una parte considerable de los mallorquines) un destino que conocen de nombre pero rara vez de fondo.
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